Mensaje de luz del gurú Maalak.

Este es el mensaje que ayer 20 de septiembre día de la luna, nuestro gran colaborador Maalak el gurú dedico a los presentes en la ceremonia de su elevación al estado vitrubinico y posterior expulsión e ignominacion al estado de “haruc-annak d’innaht” (aquel que habla por orificios sin lengua).

 

No hay Buda, ni disciplina que cultivar ni fruto que recoger

Hay ciertos cráneos afeitados ciegos que después de hartarse de arroz, se sientan y dedican el día a entregarse a prácticas contemplativas buscando la quietud porque les desagrada el ruido.

Cuando les digo que no hay ninguna Ley que buscar fuera, ellos no me comprenden y deducen que hay que buscarla dentro de sí mismos. Entonces se quedan allí, sin moverse, delante de su pared, con la lengua pegada al paladar, sumidos en la meditación. Y esto lo toman por el método de los patriarcas y la Ley del Buddha.

Qué gran error…

Si es la inmovilidad lo que reconocéis como autentico, entonces los vegetales deberían poseer “la Vía”. El hombre verdadero, por su parte, no depende de nada, se sirve tanto de la movilidad como de la inmovilidad”.

Guardaos tan solo de dejaros extraviar por los demás.

Todo lo que encontréis tanto fuera como dentro de vosotros, matadlo.

Si encontráis al Buddha, ¡matad al Buddha!

Si encontráis un patriarca, ¡matad al patriarca!

Si encontráis un Arhat, ¡matad al Arhat!

Si encontráis a vuestro padre y vuestra madre, matad a vuestro padre y vuestra madre…

Este es el medio de liberaros, de escapar a la esclavitud; esta es la evasión, esta es la independencia. (Ruego a los no iniciados que no tomen mis palabras literalmente).

Entre todos los adeptos que vienen a mí, para que les enseñe la Vía, no hay ninguno que no sea dependiente.

Yo, desde el principio, les pego.

Si se expresan con las manos, les pego en las manos.

Si se expresan con la boca, les pego en la boca.

Si se expresan con los ojos, les pego en los ojos.

Pues no hay ni uno solo que haya dado mues­tras de independencia, todos han caído en la trampa ilusoria tendida por los antiguos. Yo, Maalak, no tengo ninguna Ley que dar a los hombres; no hago más que desatar los lazos… Hace años que no encuentro a un solo hombre santo verdadero. Todos son semejantes a duendes de los bambúes y los árboles que se aferran al follaje como parásitos, bestias hediondas, larvas malignas que van a hartarse en todos lo montones de excrementos, bandas de ciegos que consumís indebidamente los dones hechos por los devotos mientras proclamáis: “¡Somos monjes salidos de la familia!”. Estas son las opiniones que tienen.

Os lo digo: no hay Buddha, no hay ley, no hay disciplina que cultivar, no hay fruto que esperar. ¿Que buscáis, pues, en los demás? ¡Ciegos, que os ponéis una cabeza sobre la cabeza! ¿Que es lo que os falta, pues? ¡Tú,  que estás aquí mancillando tu mente aceptando mi palabra, despreciando la tuya. Vosotros mismos no sois diferentes en nada del Buddha y de los patriarcas. Pero no tenéis confianza, y vais a buscar en el exterior.

No hay por que buscarse tantas complicaciones. Basta con ser ordinario, ponerse la ropa, comer el arroz y pasar el tiempo sin ocupaciones…

En cuanto a mi manera de actuar, la que empleo hoy, es, en verdad, a la vez creativa y destructiva. Me represento en las metamorfosis espirituales, al tiempo que permanezco sin ocupaciones en toda circunstancia. Nadie puede hacerme desviar. Cuando alguien se presenta, salgo de mí para mirarle. No me reconoce. Entonces me pongo toda clase de vesti­dos que provocan interpretaciones en el individuo y, de golpe, se deja atrapar en mis palabras y mis frases, ¡oh amargura! Esos rapados cegados se apoderan de los vestidos que me he puesto para verme azul, amarillo, rojo o blanco. Y si me los quito para abordar terrenos más puros, helos aquí que enseguida aspiran a la pureza. Y si me quito todavía este vestido de pureza, se quedan perdidos y llenos de estupor. Se ponen a correr como locos, contando en todas partes que estoy desnudo. Les digo entonces:

“¿Lo reconocéis, por fin, al hombre que se ha puesto estos vestidos?

De pronto, vuelven la cabeza, y he aquí que me conocen.

Adeptos, no os aferréis a todo lo que os digo. ¿Y por qué? Mis palabras no se apoyan en nada, no puedo proporcionaros ninguna prueba. Todo esto no son más que figuras trazadas por el dedo en el espacio, imágenes pintadas de vivos colores, ilustraciones didácticas».

guru-jose-Transparente¡No os equivoquéis, venerables! No me interesa en absoluto que expliquéis los textos (sútra) y los tratados (shastra), ni que os convirtáis en grandes hombres en el Estado, ni que discutáis interminablemente como cascadas, ni siquiera que deis pruebas de inteligencia y de sabiduría. Todo lo que quiero es que tengáis la opinión justa.

Adeptos, es mejor ser un modesto maestro sin ocupaciones que saber interpretar cien volúmenes de textos o de tratados, lo que solo puede conducir a despreciar a los demás…

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UNA FLOR ROJA CON EL TALLO VERDE.

 

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Maria era una niña con mucha ilusión que iba a la escuela.
Una mañana la maestra dijo:
– Hoy haremos un dibujo.
– ¡Qué bien! – pensó ella, pues le gustaba bastante dibujar.
Con mucho entusiasmo cogió su caja de colores y empezó a dibujar.
Pero la maestra dijo:
– ¡Esperaos!, no empezáis hasta que os diga qué tenéis que hacer. Bien, ahora dibujaremos las flores de un jardín.
Maria empezó a hacer flores de color rosa, lila y azul. En aquel momento se oyó que la maestra decía:
– Esperaos, yo os enseñaré cómo tenéis que hacer las flores. Así, dibujad una flor roja con el tallo verde.
Después añadió:
– Ahora sí que ya podéis empezar.
La niña miró la flor de la maestra, miró la suya, le gustó más la suya pero, sin decir nada, guardó su papel
y intentó copiar la flor de la pizarra: era roja con el tallo verde.
Otro día la maestra dijo:
-Hoy haremos una redacción.
¡-Qué bien – pensó Maria– Así podré escribiré en las estrellas!
Pero de golpe oyó que la maestra decía:
– ¡Esperaos, yo os diré de qué tenéis que escribir! El tema será: las vacaciones.
Maria se preguntó:
– ¿Porque siempre tenemos que escribir sobre el mismo tema? Pero vano, pondré que en verano las estrellas salen más tarde.
Su pensamiento fue interrumpido por la voz de la maestra que decía:
-Esperaos, yo os diré qué tenéis que poner. Apuntad: lugar|sitio de veraneo (montaña o playa), con quien|quién (padres o amigos), qué medio
de transporte utilizasteis (aéreo, marítimo o terrestre), qué hicisteis, como os lo pasasteis, cuántos días fueron, cuando vais
¿marcharse y cuando|cuándo volvisteis|devolvisteis… Lo habéis entendido? Pues ya podéis empezar.
Maria se puso triste porque con esta pauta no había lugar|sitio por|para sus estrellas y no podía manifestar como|cómo las
admiraba. Pero renunciada|resignada, cogió el lápiz y empezó a responder, uno para|por uno y de forma ordenada, todos los aspectos
que la maestra había estipulado.
Así, la niña comprendió que era más importante hacer lo que la maestra decía que lo que ella quería.
Pero pasado un tiempo, la familia de Maria cambió de población, y por lo tanto, también de escuela.
Uno de los primeros días de clase, la nueva maestra dijo:
– Hoy haremos un dibujo.
Maria se quedó muy tranquila esperando que la maestra dijera cómo tenían que hacerlo.
Cuando la maestra se dio cuenta que Maria no hacía nada, se le acercó y le dijo:
-Porque no trabajas? ¿Qué no te gusta dibujar?
-Sí- respondió- pero estoy esperando que Usted me diga cómo lo tengo que hacer.
-Como tú quieras -le respondió la maestra
¿-y con qué colores?
-Con los que más te gusten.
-No lo entiendo -pensó Maria– y empezó a hacer una flor roja con el tallo verde.

Cultura.

rubon12La cultura no es solamente un ideal, un proceso y un estado, sino también un juego social. El objetivo de este juego es sencillo: mostrarse ante los demás como una persona culta; pero el juego tiene sus reglas y quien no lo haya practicado desde la infancia, después tiene serias dificultades para aprenderlas. ¿Por qué? Porque para poder poner en práctica estas reglas, primero hay que conocerlas. Sólo se nos admitirá en el club de la cultura si dominamos sus reglas de juego; pero sólo en este club podemos aprender a jugar.

Esto es injusto. Pero ¿por qué es así?
Porque el juego de la cultura es un juego de suposiciones. Cuando tratamos con los demás, suponemos que son personas cultas, y a su vez ellos suponen que nosotros los tenemos por tales.
Estas suposiciones son una especie de formas de crédito.
En el ámbito de la moral, el fenómeno es muy corriente; solemos suponer que normalmente la gente es honesta.
Asimismo, la cultura está sometida a un tabú: es inapropiado poner a prueba la cultura del otro como si se tratase de un concurso. Por eso no es aconsejable actuar de este modo:

¿Quién construyó la catedral de Florencia?

¿Qué me dice?

¿No lo sabe?

¿Y dice usted haber hecho el bachillerato?

Este tabú introduce una considerable confusión acerca de lo que se supone que una persona culta debe saber. Y este terreno movedizo causa una inseguridad generalizada que lleva a nuevas suposiciones y a nuevos tabúes.

Otra definición de cultura:
La cultura es un juego social caracterizado por un conjunto de expectativas y de expectativas de expectativas en relación con la cultura de los participantes en dicho juego, quienes no deben hacer explícitas ni las expectativas ni las expectativas de expectativas. Los participantes en este juego han de tener la habilidad de averiguar y cumplir estas expectativas, y, cuando esto no sea posible, evitar que los demás lo noten.
Así, en la cultura, como en el amor, las expectativas son irreales, pues no pueden comprobarse. Ciertas preguntas son tabú: en caso de duda, hay que suponer que los demás conocen determinado contenido cultural y por eso no hay que preguntar por él.
Ciertamente, en una reunión no habría ningún problema en decir:

«Disculpe, ¿podría usted explicarme el segundo principio de la termodinámica? Nunca he logrado entenderlo».

Ante nuestro ruego, seguramente otros exclamarán:

«Yo tampoco»

Y se producirán algunas risitas. El segundo principio de la termodinámica no está entre las cosas que una persona culta debe saber.

Pero plantee usted esta pregunta:

¿Van Gogh?

¿No es el delantero centro de la selección holandesa de fútbol, el que rompió la nariz al portero alemán en el último campeonato mundial?

Si sus contertulios se dan cuenta de que usted está hablando en serio, se quedarán desconcertados, y en adelante intentarán evitarle.
Esto nos lleva a otra definición de la cultura.
La cultura personal se compone de conocimientos por los que no se puede preguntar.
No malinterprete la perplejidad provocada por su pregunta sobre Van Gogh como una muestra de arrogancia por parte de sus contertulios. Dicha perplejidad es más bien el resultado de su desconcierto ante alguien que ha roto el juego de suposiciones propio de la cultura. Esta ruptura los paraliza: de repente, la conversación fluida choca con el muro de la desorientación. Cualquier respuesta que le diesen sería un insulto para usted, y se le trataría como a un leproso. He aquí algunas de las respuestas imposibles:

-No, amigo mío, el Van Gogh del que estamos hablando era un pintor.

Ésta sería la respuesta más directa y, aunque parezca de sentido común, en realidad es una bomba, pues pone de manifiesto que usted es un zoquete y a partir de ahora se le tratará como a un paria.
Otra respuesta podría ser la siguiente:

-No lo creo, pero naturalmente no sé tanto de fútbol como usted.

Esto bastaría para provocar en los demás algunas sonrisas.
Con esta contestación usted aparecería ante ellos como un hooligan, como alguien que está al tanto de todo lo relacionado con este primitivo juego, pero que no sabe nada del arte occidental.
Una tercera respuesta aún más jocosa podría ser: «Sí, pero no fue la nariz, sino la oreja, y no se la cortó al portero, sino a sí mismo».
Esto provocaría una carcajada general y usted, en su confusión, aparecería ante los demás como un imbécil.
Pero como la cortesía prohíbe este tipo de respuestas, sus contertulios se quedarán paralizados y fuera de juego.
Usted no se ha desacreditado ante los demás por poner de manifiesto una laguna cultural, sino porque ha violado las reglas de juego y ha puesto al descubierto los presupuestos implícitos del juego de la cultura. Ha obligado a los participantes en el juego a descubrir y a explicitar lo que hasta ese momento permanecía latente y oculto. Pero ¿por qué resulta tan penoso explicar las reglas de juego y decir lo que hay que saber? ¿Por qué es tan grave poner al descubierto los presupuestos obvios del juego de la cultura?
Muy sencillo: porque estos presupuestos no se pueden fundamentar.
Ni siquiera las personas cultas serán capaces de decirle por qué Van Gogh es uno de los pintores que hay que conocer, mientras que Fritz von Uhde es un pintor al que sólo tienen la obligación de conocer los expertos en pintura, aunque su cuadro Pelando patatas tenga la misma fuerza expresiva que Comiendo patatas de Van Gogh. Pero la obligación de conocer al uno y no al otro es uno de los presupuestos incuestionables que fundan una comunidad.

Otra definición. La cultura es una comunidad de fieles.
Precisamente por ser una comunidad de fieles, la cultura tiene unos textos canónicos. Canon, «vara» en griego, significaba originariamente «regla». Existen unos textos canónicos de esa religión que es la cultura.
Aquellos contenidos culturales que hoy consideramos canónicos no nos los dictan ni los papas ni padres de la Iglesia, sino que son el producto de un largo proceso de selección que sigue prolongándose hasta hoy mismo. Es posible influir en él, pero no dirigirlo.

La cultura es el resultado de un permanente proceso de sedimentación, una especie de morrena terminal, un montón de contenidos depositados por el glaciar de un consenso general. Al igual que los dogmas fundamentales de la religión, este consenso sólo es capaz de instituir una comunidad si no se ve cuestionado.
Ello introduce una división en los hombres entre expertos y legos, integrados y marginados, ya que un grupo sólo puede reconocer su identidad y sus ideales delimitándose claramente de lo que es distinto de él.

Por eso quienes están excluidos de la cultura experimentan el deseo de acceder a ella.

EL PORQUÉ DE LA RELIGIÓN.

La palabra “religión” proviene de “religare”, lo cual significa “atar dos veces”; es decir, doctrina que regla al hombre individualmente y lo liga socialmente. Esta doctrina pude ser teológica, y entonces la religión será teología; también puede ser sociológica, entonces la religión será sociología. Como el uso cotidiano dejó relacionado el concepto de religión con el teológico, lo utilizare de esta manera.

la idea de un ser creador superior al ser humano, tiene un único y general fin: el de brindarle a los pueblos una base moral en que apoyarse con seguridad para hacer que las personas se sientan más seguras, en un sentido tanto mental como físico.

La religión ha cumplido a lo largo de la historia infinidad de papeles, la mayoría fundamentales para el desarrollo de la humanidad, siempre estrechamente vinculada con las bases morales de los pueblos. Todas las decisiones que tomamos las efectuamos sobre la base de nuestros conocimientos, y nuestras creencias, y esto es la materia prima fundamental de la moral. La religión es solamente una herramienta, la cual puede utilizarse de infinidad de formas posibles y está en nosotros aprender a hacer de ella un objeto de bien o de mal. A lo largo de la historia podemos ver los diferentes usos que se le dieron a la religión y sus diferentes resultados. Está pues en nuestras manos nuestro propio destino, los problemas sociales no debemos achacárselos a nadie más, que no sean los seres humanos.

La religión es un conjunto de ideas, las cuales son aceptadas por un conjunto de personas con un mismo fin. Estas ideas han ido desarrollándose a lo largo de los siglos, adaptándose a las necesidades del hombre. Como producto del pensamiento, la religión es algo que está en un cambio continuo, ya que ha medida que pasa el tiempo, el hombre se desplaza tanto temporal como espacialmente, y es quizás esto segundo lo que hace que cambie más el concepto de religión, ya que se va mezclando con las diferentes culturas. La religión tiene una especie de instinto de supervivencia, pues a pesar de que la idea central de la religión continúa constante, (por ejemplo, el cristianismo tiene la Biblia, libro sagrado al cual respetan y aceptan ciegamente, y en el cual están plasmadas las bases de su idealismo) ella debe amoldarse a sus receptores para poder sobrevivir, y hoy en día esto debe de acentuarse más que nunca, pues ha ido perdiendo adeptos, y ya no es más como en la Edad Media en que se imponía la religión de una forma brutal, en donde las personas debían aceptarla a cambio de poder seguir viviendo. Los seres humanos eran sometidos a una solo creencia. Hoy, la religión puede (al menos en culturas como la nuestra) ganarse adeptos de una sola forma: por medio del convencimiento.

Volviendo al principio: El hombre, desde que tiene conciencia de su propia existencia, ha tratado de explicar y explicarse a sí mismo, los hechos que no puede entender  ¿cómo explicar algo que no entendemos? La forma más fácil es la de inventar seres sobrenaturales, que sobrepasen nuestras capacidades, que tengan total poder sobre el universo; he aquí el concepto de Dios. El principio de “espontaneidad”, es el primer punto, en el comienzo de la historia de la religión. Al principio, se creó un Dios para cada suceso natural (fenómenos climatológicos como los rayos, lluvia, vientos, etc.) o cualquier otro fenómeno no explicable, al cual se le rendía culto, obteniendo de esta manera esperanza, necesidad básica del hombre. Aquí se crean los mitos, los cuales son historias fantásticas, que tratan de explicar esto sucesos sobrenaturales. Luego, se decidió pasar del politeísmo, al monoteísmo, concentrando todas las propiedades de todos los dioses en uno solo. He aquí el surgimiento de la religión, el “reflejo fantástico”, la imagen trastornada reflejada en el espejo del entendimiento humano, pues el hombre ve las cosas a su modo, como él cree y a veces (por no decir siempre) no como realmente son. Inventa mundos ficticios, historias fantásticas, de lo que sucede a su entorno y no comprende.

La religión le da sentido a la vida, le brinda a los seres humanos una razón para vivir y una razón para vivir correctamente -como el Dios lo indica- y con felicidad, dándole además una “guía práctica” de normas morales, las que le ayudaran a vivir con esta corrección y felicidad. Esta es la idea de religión para los creyentes, es decir, para aquellos que la apoyan, pero la religión, vista desde un punto de vista “totalmente objetivo”, no es más que una cadena que rodea el cuello del hombre, sometiéndolo a la más profunda esclavitud, ya que limita la acción humana en infinitos ámbitos, y esto, no es más que privar al hombre de la libertad, pues, a pesar de que el hombre puede hacer lo que desee, está siendo amenazado por otro lado, ya que se le dice que si hace esto o aquello, le pasará esto o aquello también, y siempre, todas las acciones que no sean correctas para la Biblia (el las religiones hebraicas), nos mandaran directamente al infierno y allí cumpliremos nuestro castigo por nuestro error terrenal; nos limitan en el momento que nos mienten para que hagamos lo que ellos desean, concepto sagrado en todas las sociedades, ya que todo ser humano lucha por este ideal con mayor fiereza que por cualquier otra cosa.

El tratar de “controlar” a los individuos por medio de la represión mental es la mayor esclavitud, ya que un hombre preso dentro de sí mismo no tiene forma de escapar, pues, ni siquiera es consiente de su encierro, por lo tanto no desea liberarse.

La religión es algo que existió desde tiempos inmemoriales, existe hoy en día y existirá durante mucho tiempo más. La mayor parte de las personas en este planeta creen en alguna religión. Ellos creen, porque necesitan creer, porque el universo o todo lo que pertenece a él supera su entendimiento, porque hay sucesos que no comprenden y quizás se siente inferiores o simplemente ajenos, entonces encuentran la salvación en este ser superior, todopoderoso, en este padre protector, y en su mirada encuentran seguridad. Aquí surge la religión. Aquí surge la historia de la humanidad.

¿Para qué creer en la religión? ¿Para ser una buena persona?, ¿para respetar y querer al prójimo? Puedo ser todo ello sin tener que convertirme en parte del rebaño de Dios. La religión no va más allá de una simple característica de la cultura de un pueblo. A diario miramos la televisión y nos asombramos de las culturas asiáticas, como la islámica, en la que las mujeres deben llevar su cabello cubierto por completo, y nos horrorizamos de su “ignorancia” y nos sentimos contentos de vivir en donde vivimos y ser tan inteligentes y damos gracias por estar tan lejos de ellos, cuando en realidad somos víctimas de la misma alucinación, a nuestra manera, claro, pero alucinación al fin. Nos miramos y nos decimos: no, nosotros no somos así, pero cómo nos equivocamos. Estamos acostumbrados al bautismo, ¿alguna vez se pusieron a pensar qué sentido tiene verterle agua a un recién nacido en la frente, más que el de molestar al pobre niño?, ¿o el casarse por Iglesia, el realizar este acto frente a un supuesto Dios que a veces ni siquiera lo creemos existente? Estas son costumbres que la mayoría de las personas tienen sin preguntarse porqué; bueno, he aquí nuestra ignorancia oculta.

No se necesito la religión, pues la felicidad y la seguridad radica en ser yo mismo”. No necesito saber que existe un paraíso después de esta vida para actuar bien; actúo bien por el simple hecho de hacerlo. No necesito creer en Dios para sentirme seguro, me siento seguro por ser yo mismo.

No me siento inferior porque dios no hable conmigo o por no pertenecer al pueblo elegido y puesto que no he sido dotado con la gracia de saber interpretar las señales, en mi simpleza creo, que si las personas creyeran un poco más en sí mismas las cosas andarían mejor. Nuestro destino los forjamos nosotros mismo, con nuestras acciones, y no con nuestras súplicas y lamentos.

Para mi la religión es un simple fenómeno social, producto de la mente humana como necesidad básica, como solución a problemas mucho más complejos, a los que el hombre aún no le ha encontrado respuesta.

Voltaire, decía que la religión era un invento de los curas para explotar a la humanidad. Y tiene algo de cierto, ya que los “curas” Han utilizado desde siempre la religión como objeto de explotación y control de sus fieles, (De hecho dudo que ningún cura este mas cerca de Dios y de sus bendiciones de lo que pueda estar yo).

¿Por qué la religión?, ¿por qué el hombre persiste en creer en esas leyendas de una manera tan ferviente si no ha hecho más que retrasar al hombre cientos de año en la etapa evolutiva de la humanidad?  La Iglesia carece de fuerza evolutiva propia. En el período histórico en que la Iglesia dominaba los pueblos, la humanidad quedó estancada en un pozo extremadamente profundo. ¿Qué sentido tiene seguir persistiendo en ella como «salvación»?, ¿cuáles son las razones racionales para creer en ella?, ¿acaso la promesa del paraíso? ¿Es tan difícil de entender que existe una orden lógico y que antes de la muerte esta la vida? Una persona que necesita saber de una recompensa por sus buenas acciones en esta vida no es necesariamente «buena», ya que el sólo hecho de actuar correctamente por una recompensa, muestra un cierto interés. Veo más valor a una persona que actúa bien por el solo hecho de hacerlo. Una ateo que actúa bien, es decir, de acuerdo a las normas morales de la sociedad, lo hace porque realmente desea hacerlo, y no por cobardía o conveniencia de que luego, en otra vida, obtendrá sus propios beneficios.

la religión no tiene ninguna utilidad en ninguna sociedad ni en ningún tiempo futuro, ya que las necesidades que pretende cubrir pueden ser cubiertas por el hombre mismo, sin necesidad de basarnos en ninguna norma más que en las que nuestra propia razón nos brinda, y las que están de acuerdo con nuestra sociedad. La religión puede que sea concebida por muchos como una ayuda para los hombres para que se comporten correctamente, pero creo que eso se puede realizar sin tener que creer en más nada que en nosotros mismos.

La religión no solamente ha estancado al hombre en materia de ciencia, sino también en cuanto al desarrollo del pensamiento. Ético y espiritual o metafísico. La religión no nos enseña, ni nos abre caminos para que podamos elegir, simplemente nos muestra un único rumbo, y nos obliga a seguirlo ciegamente, sabiendo de antemano cual será su destino. La religión nos hace permanecer en una idea fija y permanecer en ella hasta nuestra muerte.politica_libertad

Creo que la religión es producto de la debilidad del hombre, más que nada. Su propia inseguridad lo lleva a refugiarse en ella.

 Aquello que el hombre necesita y desea, pero que no puede lograr inmediatamente, es lo que proyecta en Dios.

 

La palabra Dios tiene peso, seriedad y sentido inseparable en boca de la necesidad, la miseria y la privación.

 

Los dioses no han sido adorados por los gobernantes o los sacerdotes, que se valen de ellos, sino por los hombres que sufren.

 

Dios es el eco de los gritos de esperanza de los hombres.

 

(Extracto de textos publicados por Sebastián Rajo).

Y TU ¿PORQUE MIENTES?

Cuando busco documentación para mis argumentos sobre el como y porque de las cosas, encuentro textos que superan mi capacidad para extraer una síntesis de aquello que se expone. He aprendido que mucha información que se presenta esta cimentada en columnas de humo.

Es necesario ser capaz de separar entre aquello que es una verdad absoluta (A pesar de que no se llegue a entender todo el proceso que le da validez) y la mera fantasía que solo puede ser aceptada para satisfacer necesidades de aspecto lúdico.

La verdad siempre es fácil. La mentira  recurre a intrincados laberintos que confunden. Ante una pregunta, la mentira da respuesta a una pregunta no formulada que a  modo de comodín pretende por extensión dar repuesta a la pregunta original (Nunca la mentira se sostiene por medio de una respuesta directa).

Es inútil luchar contra la mentira pues es la base por la que se regula la sociedad. Mentir para someter, para desacreditar, o por el placer de mentir, es despreciable y debería  ser condenable muy por encima de robar, violar, matar, todos son  delitos individuales que están correlacionados con la mentira  pues se recurre a ella para no ser culpado del delito. Al contrario la mentira en su estado puro recurre a los delitos anteriormente citados para  que la verdad quede oculta en una bruma espesa que aunque permite escuchar su rumor le impide ser visible.

Deberíamos ser escépticos con aquellos que sabemos que mienten. Nos mienten nuestros hijos, los amigos, nuestros dirigentes, los médicos. Por supuesto nosotros también mentimos  pero entre mentir por que llegas cinco minutos tarde al trabajo y mentir para implicar a millones de personasen en una guerra o que tu gobierno mienta con el único fin de permitir que los bancos se conviertan en tu amo durante 50 años más existe una diferencia astronómica.

Las nuevas generaciones (No me refiero a las del PP) deberían ser educadas sobre los beneficios de la verdad aprender a ver las trampas y suprimirlas.TRAMPERO
La realidad actual no augura nada bueno. La mentira es como una mina anti persona es fácil minar todo un campo o un país entero. Por el precio de un salario mínimo puedes conseguir que cientos de personas olviden sus problemas éticos .
Quitar las minas por el contrario se presenta como una labor inabarcable aún para alguien que sobresale por encima de las personas comunes. Por esa misma razón, aquel que “sobresale”  y es capaz de identificar las trampas ¡también se hace trampero!

PENSAMIENTO HOMOGÉNEO

Todo se puede enseñar todo se puede aprender. La vida nos enseña a vivir aun cuando muchos de nosotros no estamos dispuestos a aprender.

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Hoy en día el pensamiento occidental está caracterizado por una gran variedad de conductas ritualizadas que convergen en un único propósito que no va más allá  de la búsqueda de respuestas a pequeñas preguntas. Hemos renunciado a alcanzar las grandes respuestas, creyendo ingenuamente que alguien con más preparación “experto” está buscando esas respuestas por nosotros.

 

El egoísmo, insensibilidad, avaricia y egocentrismo generan problemas relacionales con uno mismo y con los demás; esto provoca climas culturas y organizaciones alienadas en las que los conflictos  personales del individuo, son los pilares con los que se cimienta cualquier proyecto de organización colectiva. No es de extrañar que muchas de las soluciones aportadas por “expertos” hoy sean identificadas como las semillas que han germinado con vigor como nuevos limitadores para el desarrollo personal del individuo.

Es un hecho no promocionado que existieron civilizaciones prehistóricas que comprendieron la realidad y el sentido de la existencia humana que durante decenas de miles de años mantuvieron el equilibrio individual, colectivo y con su entorno una filosofía de vida que generación tras generación fue transmitida  El ser humano ha demostrado su excepcionalidad con respecto al resto de seres vivos pero incluso dándose condiciones más favorables a las actuales. Siempre hemos estado muy alejados de la perfección. Si el hombre alcanzo un  método de conocimiento eficaz, diferente al actual. Este  también acabo diluyéndose. Todo ese conocimiento olvidado nos ha llevado a  aceptar colectividad  y gregarismo como sinónimos.

Los más fructíferos descubrimientos tienen lugar en aquellos puntos en los que se encuentran dos líneas de pensamiento distintas. Estas líneas pueden tener sus raíces en sectores muy diferentes de la cultura humana, en diferentes épocas, en diferentes entornos culturales o en diferentes tradiciones religiosas. Por ello, si tal encuentro sucede, es decir, si entre dichas líneas de pensamiento se da, al menos, una relación que posibilite cualquier interacción verdadera, podemos entonces estar seguros que de allí surgirán nuevos e interesantes descubrimientos.

El pensamiento homogéneo no crea, es en el contraste donde siempre se manifiestan las verdaderas alternativas.

El pensamiento homogéneo nos ha aportado el análisis en detrimento de la síntesis, o el conoci­miento racional en detrimento la sabiduría intuitiva. No obstante los dos serian métodos de toma de decisiones validos si no fuese porque el conocimiento que del que disponemos no es real. Si Carecemos de los elementos “clave”, difícilmente podemos llegar a la síntesis de algo que no conocemos.

Da igual que el volumen de información sea inmenso. Nuestra elección nunca estará basada en un razonamiento valido si estamos obligados a sustituir un dato por una suposición, creencia no demostrada o un dogma irrebatible.

El pensamiento homogéneo nos dice que es lo que debemos preguntarnos y nos exime de cualquier tipo de búsqueda, pues cada cuestión es suministrada con su correspondiente respuesta.

El pensamiento homogéneo, no reconoce el cambio, es dual pues no contempla los matices. Reduce al individuo a una masa, para después fragmentarla según convenga, en grupos enfrentados que neutralicen las fuerzas de sus opuestos.

¿A qué Gobierno de la UE le dan más miedo las urnas que los terroristas?

CUhFZY3WIAAHkgjA lo largo de la historia, la gente considero que problemas como el hambre, la peste y la guerra eran irresolubles, de modo que no tendría sentido intentar ponerles fin. La gente rezada a Dios pidiendo milagros, pero no intentaba seriamente exterminar el hambre, la peste, y la guerra.

Los que aducen que el mundo de 2018 sigue igual de aquejado por el hambre, las enfermedades y la violencia como el de 1916 perpetuán este punto de vista derrotista inmemorial. Dan por sentado que enormes esfuerzos que los humanos han hecho a lo largo del siglo XX  no han conseguido nada, y que la investigación médica, las reformas económicas y las iniciativas de paz  han sido infructuosas. Si así fuera, ¿qué sentido tendría invertir nuestro tiempo y recursos en más investigación médica en reformas económicas pioneras o en nuevas iniciativas de paz.

El sistema del bienestar se planeó en interés de la nación y no de los individuos necesitados. Cuando a finales del siglo XIX se establecieron los sistemas de pensiones y la seguridad social estatales, su objetivo principal era asegurarse la lealtad de los ciudadanos, no aumentar su calidad de vida. Uno luchaba por su país  cuando tenía 18 años y pagaba sus impuestos cuando tenía 40, porque contaba con que el estado se haría cargo de él cuando tuviera setenta. Con el tiempo se ha acabado confundiendo el orden de los factores y hemos acabado creyendo que el estado está para servir al ciudadano.  Es por eso que periódicamente hay que dejar claro quién manda y quienes están obligados a someterse a las normas que redacta el estado en forma de constitución.

Reconocer nuestros logros pasados, supone un mensaje de esperanza y responsabilidad que nos estimula a hacer esfuerzos todavía mayores en el futuro. Está en nuestras manos hacer que las cosas mejoren. Y reducir aún más la incidencia del sufrimiento.