¿Cómo fue la historia que no nos cuenta la historia?

DSCF3828La Protohistoria engloba los periodos de sociedades humanas sin escritura que dieron paso a las culturas históricas. En mi concepción etimológica de la palabra “protohistoria” este concepto lejos de representar una zona de nadie, que delimite un estrato entre historia y prehistoria, La protohistoria se dilata sin límite en el pasado más allá incluso de la existencia del hombre moderno. Desafortunadamente la memoria de la humanidad es muy corta. Si no podemos certificar que la última versión de un hecho es el relato fiel de aquel primero. Es muy probable que a nuestros oídos solo haya perdurado la versión más florida. Una visión mas o menos borrosa de la realidad.

Quién sabe si en un futuro, todos los testimonios originales se pierdan y mi versión pase a ser la versión original.

Todas las sociedades complejas acaban por colapsar. La constante evolución de los factores hace que esta se desestabilice.  Se pueden corregir y adaptar cientos de millones de esos factores y basta que solo uno no sea resuelto para que se convierta en la fractura que colapse todo el sistema.

Prescindiendo de situarme en una fecha ni tan siquiera aproximada, iniciare el relato de una gran sociedad que perduro decenas de miles de años y acabo diluyéndose hasta ser absorbida  por otra más próxima al orden actual.

Nos encontramos en un periodo de la evolución del hombre donde  distintas especies compiten por el privilegio de obtener la catalogación de “ser humano”. La habilidad manual  la inteligencia, la fisiología de los cuerpos… Todo puntúa.

En el sector sur oeste del continente africano  Una especie en particular destaca del resto. El clima se muestra amable, la tierra produce un buen número de recursos y el agua fluye en abundancia. En ese tiempo de existir el jardín  del Edén,  sin duda estaría ubicado en la zona.

La vida animal es  abundante y variada. La caza no es un problema, si lo son, los grandes depredadores. La construcción de cercados protegen las aldeas, creando una percepción de grupo que delimita el mundo interior del clan y “lo exterior”.  Los miembros del clan no se conciben como individuos, sino como átomos que componen un organismo,  otros clanes vecinos de la misma especie funcionan como otro organismo autónomo  y todos interactúan entre ellos formando un ser vivo  de cuerpo difuso con conciencia  única.

Quizás te estés cuestionando las probabilidades de que un colectivo de estas características pueda haber existido.  Realmente importa poco lo que podamos creer hoy en día, sobre unos hechos que la historia aún no ha llegado a plantearse.  Muy al contrario, para los habitantes de esas tierras la presencia de ese ser fue una realidad palpable que todos reconocían como “Él Creador”.

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El origen de las religiones.

Mucho antes de que la humanidad desarrollara un lenguaje escrito, los humanos miraron con asombro cada mañana al renacer del sol. El hombre comenzó a dar una interpretación sobrenatural a fenómenos naturales, como espectáculo cotidiano del sol moribundo y renacido. El poderoso disco solar fue sin duda una  de las primeras formas de adoración

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Él era el poder innato de los cuerpos, el fuego de la Naturaleza. Autor de la vida, el calor y la ignición, la causa eficiente de toda generación, ya que sin Él no había movimiento, ni existencia, ni forma. Él era inmenso, indivisible, imperecedero y presente en todas partes. Era la necesidad de luz y  energía, lo que sentían todos los hombres; y nada podía imaginarse más temible para ellos que su ausencia. Sus evidentes influencias benéficas causaron su identificación con el Principio del Bien.
Desde este antiguo punto de vista cosmológico, el dios habitó y gobernó los cielos

Todo paganismo (creencia no monoteísta) es, en el fondo, una adoración de la naturaleza, de una forma u otra, y en todas las religiones paganas, el atributo más profundo e inspirador de la naturaleza era su poder de reproducción. El misterio de la vida y la muerte fue el misterio más profundo de la naturaleza; estaba en la raíz de todo el paganismo reflexivo, y apareció en varias formas, algunas de la manera más inocente, otras de un tipo claramente interesado. Para los pensadores paganos antiguos, la clave del secreto oculto del origen y la preservación del universo yace en el misterio del sexo. Dos energías o agentes, uno activo y generativo, otro femenino, pasivo o madurativo, que condiciona hacia un pensamiento dual positivo negativo,  bueno malo. El cielo y la tierra, el sol y la luna, día y noche, cooperaban para la producción del ser. Sobre esta base descansaba en esencia toda la adoración politeísta que condujo a la actual civilización; la separación de la divinidad en dioses masculinos y femeninos; la deificación de los distintos poderes de la naturaleza y la idealización de las propias facultades, deseos y vicios del hombre; donde cada poder de su entendimiento fue encarnado como un objeto de adoración, y cada impulso de su voluntad en una encarnación de la deidad.

Reenfocando: En la búsqueda de respuestas y orden, el hombre atribuye aquello que escapa de su control, a todo tipo de espíritus. El animismo es el primer paso en la mente del hombre en su necesidad de apaciguar su incertidumbre. Los espíritus conviven con el hombre de la misma forma que este lo hace con los animales. El mundo es lo bastante grande y todos conviven procurando no interferir en el día a día de unos y otros. Conforme avanza en el conocimiento humano de su entorno cotidiano muchos espíritus menores son relegados al olvido. El razonamiento humano provee de respuestas y modifica lentamente la creencia por conocimiento. Los espíritus superiores se resisten a sucumbir a la razón y el hombre en su egocentrismo pasa dotarlos de apariencia y comportamientos humanos. Es el momento en que los dioses son dotados de superioridad no frente a un solo individuo sino a grandes grupos de personas. Aquellos que tienen el don de hablar con los dioses pasan ser aquellos que asumen el papel de hacer que el resto de hombres cumplan la voluntad del dios local.
Es fácil entender que con una filosofía de vida que ponga un límite al poder de los dioses el destino del ser humano cambia radicalmente.

PENSAMIENTO HOMOGÉNEO

Todo se puede enseñar todo se puede aprender. La vida nos enseña a vivir aun cuando muchos de nosotros no estamos dispuestos a aprender.

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Hoy en día el pensamiento occidental está caracterizado por una gran variedad de conductas ritualizadas que convergen en un único propósito que no va más allá  de la búsqueda de respuestas a pequeñas preguntas. Hemos renunciado a alcanzar las grandes respuestas, creyendo ingenuamente que alguien con más preparación “experto” está buscando esas respuestas por nosotros.

 

El egoísmo, insensibilidad, avaricia y egocentrismo generan problemas relacionales con uno mismo y con los demás; esto provoca climas culturas y organizaciones alienadas en las que los conflictos  personales del individuo, son los pilares con los que se cimienta cualquier proyecto de organización colectiva. No es de extrañar que muchas de las soluciones aportadas por “expertos” hoy sean identificadas como las semillas que han germinado con vigor como nuevos limitadores para el desarrollo personal del individuo.

Es un hecho no promocionado que existieron civilizaciones prehistóricas que comprendieron la realidad y el sentido de la existencia humana que durante decenas de miles de años mantuvieron el equilibrio individual, colectivo y con su entorno una filosofía de vida que generación tras generación fue transmitida  El ser humano ha demostrado su excepcionalidad con respecto al resto de seres vivos pero incluso dándose condiciones más favorables a las actuales. Siempre hemos estado muy alejados de la perfección. Si el hombre alcanzo un  método de conocimiento eficaz, diferente al actual. Este  también acabo diluyéndose. Todo ese conocimiento olvidado nos ha llevado a  aceptar colectividad  y gregarismo como sinónimos.

Los más fructíferos descubrimientos tienen lugar en aquellos puntos en los que se encuentran dos líneas de pensamiento distintas. Estas líneas pueden tener sus raíces en sectores muy diferentes de la cultura humana, en diferentes épocas, en diferentes entornos culturales o en diferentes tradiciones religiosas. Por ello, si tal encuentro sucede, es decir, si entre dichas líneas de pensamiento se da, al menos, una relación que posibilite cualquier interacción verdadera, podemos entonces estar seguros que de allí surgirán nuevos e interesantes descubrimientos.

El pensamiento homogéneo no crea, es en el contraste donde siempre se manifiestan las verdaderas alternativas.

El pensamiento homogéneo nos ha aportado el análisis en detrimento de la síntesis, o el conoci­miento racional en detrimento la sabiduría intuitiva. No obstante los dos serian métodos de toma de decisiones validos si no fuese porque el conocimiento que del que disponemos no es real. Si Carecemos de los elementos “clave”, difícilmente podemos llegar a la síntesis de algo que no conocemos.

Da igual que el volumen de información sea inmenso. Nuestra elección nunca estará basada en un razonamiento valido si estamos obligados a sustituir un dato por una suposición, creencia no demostrada o un dogma irrebatible.

El pensamiento homogéneo nos dice que es lo que debemos preguntarnos y nos exime de cualquier tipo de búsqueda, pues cada cuestión es suministrada con su correspondiente respuesta.

El pensamiento homogéneo, no reconoce el cambio, es dual pues no contempla los matices. Reduce al individuo a una masa, para después fragmentarla según convenga, en grupos enfrentados que neutralicen las fuerzas de sus opuestos.

Caza por persistencia.

Hay un factor que posiblemente favoreció la expansión y el éxito de Homo sapiens y que observamos extrapolando los métodos de caza de algunas sociedades de cazadores y recolectores actuales, como por ejemplo los bosquimanos; podemos suponer que los primeros humanos modernos practicaban lo que se conoce como Caza de Persistencia, que consiste en perseguir a la presa hasta que ésta se agota y cae exhausta, momento que se aprovecha para dar muerte al animal.
Por ejemplo, durante una cacería de persistencia a un kudu o a un antílope, no se le tira lanzas desde larga distancia, un cometido casi imposible dada la agilidad y rapidez de unos animales con grandes cornamentas que pueden dar saltos hasta de 2 metros de altura.
Los bosquimanos salen en busca de su presa en las horas más calurosas del mediodía. Dependiendo de las condiciones especificas, el cazador perseguirá al elegido antílope durante 5 horas o más en un recorrido aproximado de unos 25 kilómetros, hasta que el animal cae agotado,  ya que las presas necesitan jadear para refrescarse, algo que no pueden hacer mientras corren a toda velocidad, por lo tanto necesitan detenerse a refrescarse, lo que permite a los cazadores darles alcance.

En esta estrategia de caza por persistencia la pérdida de vello corporal y sudar con las glándulas de todo el cuerpo, nos permite refrescarnos mucho mejor que la mayor parte de los animales. el eficaz sistema de refrigeración de los humanos implica que podemos cazar durante el día, cuando los grandes depredadores como los leones o los leopardos suelen estar descansando;  cazan de noche precisamente para evitar el sobrecalentamiento.

Con más de un reparo se puede aceptar que un cazador con un suministro de agua  y con altas temperaturas puede alcanzar  a realizar una gesta semejante. Mas difícil se plantea la cacería en un clima más tibio que el del Serengueti. También es cierto que cuatro cazadores bien coordinados pueden conseguir que el animal a abatir realice su huida realizando un amplio circulo de forma que los perseguidores se limiten a realizar una serie de relevos. Las probabilidades de éxito serian proporcionales al numero de cazadores que participasen en la cacería.

 

 

Sobre la medicina Kaabolo en el neolítico y su difusión al resto de pueblos.

Si no estás dispuesto a revelar tus secretos nadie va a confiarte los suyos.

viejoguancheEn mi tiempo La salud de las personas era un aspecto de la vida que entrañaba múltiples incógnitas. Aunque es fácil asimilar que tras sufrir un accidente, un hueso roto puede recolocarse y con el tiempo suficiente repararse; otras muchas dolencias, difícilmente tenían explicación sobre su origen y tratamiento. Encontrar respuestas era parte fundamental de la misión que todos aceptaban como propia.

Los enfermos  eran expuestos en la plaza  y esperaban pacientemente a que alguien se interesase por su dolencia. Brujos, chamanes, curanderos y sanadores pululaban libremente  ofreciendo remedios, consejos y debatiendo entre ellos sobre que tratamiento de los propuestos era mejor. Con este método, dolencias musculares o infecciones leves eran rápidamente diagnosticadas y tratadas.

Las plazas estaban abiertas a los habitantes locales y a los visitantes, siendo inevitable que algún embaucador también probase suerte. Pero; desprovisto de algún tipo de prestigio respecto de sus aptitudes, difícilmente conseguía engañar a nadie. Lo cierto es que incluso de los que su única virtud reconocida era su facilidad de palabra (charlatanes) acababan por aprender los fundamentos más elementales de las técnicas de sanación y solían acabar siendo elementos útiles como intermediarios de ideas y remedios entre sanitarios pues es un hecho que la capacidad de adquirir  conocimiento y la de transmitirlo a los demás no siempre van ligados.

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Vista del proyecto de hospital y observatorio. Los espacios para el diálogo e intercambio de conocimientos se revelan como imprescindibles para  la implantación de una cultura que si bien vivía cerrada en sí misma era en muchos aspectos permeable con el exterior.

 

En un nivel superior de sanadores se encontraban aquellos que disponían de un gran prestigio reconocido por todos. Mientras que el pago por los servicios prestados en los estratos básicos consistía en un pago en especies. En los superiores no se acostumbraba a exigir pago alguno por parte del paciente. Entre los sanadores se establecía una especie de comercio basado en el trueque  semillas y plantas medicinales de todo tipo.  En el caso de las plantas fuesen desconocidas, el visitante aportaba muestras de los fármacos que eran propios de su tierra  y describía sus propiedades. El visitante/proveedor también podía transportar grandes cantidades de plantas medicinales ya conocidas, de las que una parte eran almacenadas y otras redistribuidas entre los sanadores que las solicitaban. El proveedor recibía nuevos remedios farmacológicos y era instruido en el uso y cultivo de las plantas que le eran confiadas. El sanador (chaman, brujo, curandero) regresaba a su poblado con nuevos conocimientos y medicamentos para atender a su clan.

El hecho de que conocedores y especialistas se concentrasen en una misma plaza permitía que  los chamanes expertos en botánica intercambiaran puntos de vista con los curanderos que aliviaban distensiones musculares o inmovilizaban huesos rotos y estos con los brujos que atacaban calenturas y dolores internos del cuerpo. Por encima de todos ellos estaban los que defino como sacerdotes sanadores que tendrían a su disposición miles de años conocimiento acumulado. Lógicamente disponían de bibliotecas en las que se concentraba todo el saber de sus antepasados.

Ante la cuestión que de inmediato se formulara el lector; aclarar que ese conocimiento nunca era revelado a profanos. Por poner un ejemplo  los habitantes de Al-Kaabilia eran orientados sobre la importancia de la higiene y crecían con normas de comportamiento  que sin necesidad de entender su finalidad asumían como parte de su identidad cultural. Mientras que difícilmente se podía imponer un comportamiento en particular a una población extranjera si este no  iba acompañado de una explicación muy convincente del porqué de cada una de las normas que se pretendiesen transmitir. En consecuencia evitar comer ciertas partes de la caza o alimentos próximos a entrar en descomposición o contaminados requería que la población poseyese una serie de conocimientos que los jerarcas de Al-Kaabilia no consideraban que ceder ese tipo de conocimientos facilitase de algún modo la obtención sus objetivos.

EXODO. El transito de la primera civilización a la actual.

Novela Al-Kaabilia. Desde mi ignorancia tengo la sensación que culturalmente nada de lo que pueda venir del Sur tiene alguna trascendencia si lo enfrentamos a los brillos de de todo lo que procede del Norte.

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El hombre lleva  190.000  años pateando la tierra atado de pies y manos pues según parece los recursos de medio continente (África) no son suficientes para su desarrollo y solo cuando el clima de la mitad norte del globo se suaviza se inicia un ascenso demográfico y cultural meteórico.  

Me cuesta poco llegar a la conclusión de que indudablemente existió un sinfín de civilizaciones que simplemente no perdieron “el Norte”. Me refiero a civilizaciones  quizás compuestas por pequeños núcleos humanos pero  interconectados unos con otros que comprendían el sentido natural de la colectividad, que no eran educados en el pensamiento de que aquel individuo que resulta ser más listo y más fuerte debe ser necesariamente quien decidida el destino del resto del grupo.

Por supuesto que a día de hoy cualquiera que lea estas reflexiones le parecerán  absurdas, ya que se requeriría un método de educación y de organización del pensamiento muy evolucionado al que por cierto a nuestra sociedad todavía le quedan muchas generaciones para llevar a la práctica, lo que a día de hoy tan solo es un rumor redundante en nuestras conciencias.

No me cabe duda que si de algo estuvieron sobradas esas civilizaciones hipotéticas es que en comparación con la occidental, dispusieron de todo el tiempo del universo  para pensar ensayar y corregir cada paso que decidieron dar en una u otra dirección.

Quizás, y solo es una especulación “al vuelo” fueron los disidentes aquellos que no encajaban en una organización basada en objetivos comunitarios y no en el crecimiento individual.  Aquellos que a pesar de tener una inteligencia superior a la media no encontraban apoyo por el hecho probable de que beneficiase  a algún miembro del grupo, pero perjudicaba o simplemente no aportaba nada al resto la sociedad.

Quizás fueron estos los que decidieron probar suerte dirigiéndose al norte llevándose consigo los conocimientos a cumulados durante miles de años. Sin más reglas que las suyas propias.

lobos-wallstreet3-aSomos el fruto de nuestros propios errores. Quizás a nivel individual no seamos responsables de nada. Podemos alegar que conocemos cual es la opción correcta  pero que la toma de decisiones no nos está permitida pues son los listos y los fuertes quien deciden por nosotros. Estoy seguro que existió un tiempo en que todos éramos felices, y alguien nos convenció para seguirlo, convenciéndonos de lo desgraciados que eramos.

Nota: Para los adaptados. Mi reconocimiento de que estos tambien son tiempos felices si aplicamos la suficiente perspectiva frente a los que probablemente están por llegar.

La revolución neolítica.

Gordon Childe. Australiano afincado en Gran Bretaña, fue uno de los arqueólogos más influyentes del siglo pasado. Gracias a su gran capacidad de síntesis, interrelacionaba los datos inconexos de sus co­legas proponiendo nuevos métodos de interpretación de la prehistoria basados en el materialismo histórico. También propuso nuevos conceptos, el más famoso de ellos, acuñado en la década de 1920, el de «revolución neolítica». Bajo su punto de vista, la revolución neolítica fue un acontecimiento de vital importancia: «el más grande en la historia de la humanidad, después del dominio del fuego».

CHIVATEROS03Su pensamiento del inicio de la historia del hombre podría resumirse más o menos así: Homo sapiens aparece en escena hace alrededor de 200.000 años. Durante los milenios que siguieron hubo, por lo general, muy pocos cambios y la especie siguió organizada en pequeños grupos de forrajeadores nómadas. Entonces tuvo lugar la revolución neolítica, que supuso «un cambio radical, cargado de consecuencias revolucionarias para el conjunto de la especie». En un súbito destello de inspiración, parte de la humanidad dejó atrás el forrajeo y adoptó la agricultura. Este hecho, trajo consigo nuevas transformaciones. Para cuidar los campos, nuestros ancestros tuvieron que dejar de desplazarse y se asentaron en poblados permanentes, donde desarrollaron nuevos utensilios e inventaron la cerámica.

De todos los aspectos de la revolución, la agricultura fue el más importante. Durante miles de años, hombres y mujeres provistos de útiles de piedra habían recorrido los campos en busca de espigas de gramíneas silvestres, que cortaban y se llevaban a casa. Aunque es posible que aquellos grupos cuidaran y protegieran los campos donde crecían esas espigas, las plantas seguían siendo silvestres. El trigo y la cebada silvestres, a diferencia de las variedades domésticas, producen semillas que caen de la planta en cuanto están maduras, lo que hace casi imposible la recolección del grano en su grado óptimo de maduración.

Es razonable pensar que aquella espiga menos eficientes a la hora de esparcir sus semillas conforme iban madurando fue la que el hombre tuvo ocasión de recolectar y llevar al poblado sin desgranarse por el camino, en cantidades suficientes para su posterior cultivo.

No fue el hombre quien con su inteligencia seleccionó los mejores frutos sino que fue el fruto quien utilizó al hombre para perpetuarse de acuerdo al orden natural que rige la biología.

Desde el punto de vista genético, la verdadera agricultura de los cereales comenzó sólo cuando el hombre empezó a plantar extensas áreas nuevas con variedades mutadas ¿seleccionadas?, que no dispersaban las semillas maduras. Así aparecieron campos de trigo y de cebada domésticos que, por decirlo de algún modo, «esperaban» a que los agricultores cosecharan el grano.

En lugar de recorrer el entorno en busca de alimento, nuestros antepasados ya podían producir todo lo que necesitaban donde les hacía falta, lo que les permitió vivir juntos en grupos más grandes. Sólo después de la revolución, pero de forma inmediata, nuestra especie empezó a multiplicarse con verdadera rapidez. En esas sociedades repentinamente más numerosas, era más fácil intercambiar ideas, y las innovaciones tecnológicas y sociales empezaron a sucederse a ritmo acelerado. Florecieron la religión y el arte, signos distintivos de la civilización.

La revolución neolítica se produjo por primera vez en el Creciente Fértil, el arco de territorio que se curva hacia el nordeste, desde Gaza hasta el sur de Turquía, y La hstoria empieza en sumersigue hacia el sudeste, hasta el actual Iraq. Delimitado al sur por el desierto de Siria y al norte por las montañas de Turquía, es una franja de clima templado entre ambientes inhóspitos. Su extremo meridional es la confluencia de los ríos Tigris y Éufrates, en el sur de Iraq, el lugar donde floreció el reino de Sumer, hacia 4000 a.C. En la época de Childe, la mayoría de los investigadores consideraba que Sumer representaba el inicio de la civilización. El arqueólogo Samuel Noah Kramer recogió esa argumentación en la década de 1950 en su obra La historia empieza en Sumer. Pero incluso antes de que acabara el libro, la hipótesis ya estaba siendo cuestionada por nuevos hallazgos en el otro extremo del Creciente Fértil, el occidental. Allí, en el Levante mediterráneo (área que hoy abarca Israel, los territorios palestinos, Líbano, Jordania y el oeste de Siria), los arqueólogos habían descubierto asentamientos que se remontaban al año 13.000 a.C.