25- Haj 1


cenefaSi al franquear una montaña en la dirección de una estrella, el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada, se arriesga a olvidar cual es la estrella que lo guía.

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Hisham estaba cumpliendo el precepto mas importante que en vida podía realizar un musulmán, viajar a la ciudad de Meca. No sabía como interpretar lo que le había pasado. Nació en Kandahat al sur de Afganistán en 1979 ¿o fue en el 1980? No tenía la certeza ni nadie a quien consultar. Nunca conoció a sus padres ni supo que fue de ellos; creciendo al amparo de distintos clanes. Cuando cumplió los diez años fue testigo de cómo el ejército soviético se retiraba de su país, Hisham lo considero una señal, también el debía partir. Durante los siguientes 10 años se educo como pudo ayudado por una aventajada inteligencia y su interés por el conocimiento años después estudiaría por su cuenta electrónica industrial, y cualquier disciplina que a su modo de ver le permitiese mejorar como persona. Vivió en Pakistán, Irán, Siria, y por fin llego a España en un barco que transportaba soja. El día que desembarco en el puerto de Barcelona decidió que sus días de marinero habían acabado y simplemente ya no volvió al barco. Los dos primeros años no fueron precisamente amables, un día le aseguraron que había un lugar donde ofrecían trabajo preferentemente a musulmanes. No fue difícil, consiguió el trabajo en una fábrica de muebles de Valencia. Siempre le fascino la madera, posiblemente por que en su infancia fueron escasos los árboles que llego a ver. Su aprendizaje fue rápido y eficiente convirtiéndose en oficial y obteniendo una plaza fija en la empresa. La actitud de Hisham era la que impulsaba a su patrón a contratar inmigrantes musulmanes con los que obtenía unos resultados aceptables de producción respetando un horario que permitiese a los trabajadores interrumpir su trabajo para cumplir con sus oraciones diarias.
Ramón Alcoceber director de la fábrica de muebles castellanos sabía como obtener lo mejor de las personas y que la motivación en el trabajo era fundamental. La producción se conseguía con mano de obra pero la calidad en los acabados, el prestigio de una empresa requería personal adicional en el control de calidad, y formación suplementaria de los trabajadores; que por supuesto no eran especializados personal que no sentía su trabajo como una forma de realización personal tan solo una forma de conseguir dinero para cubrir sus necesidades, y que de la noche a la mañana abandonaban la fabrica sin dar explicaciones para aplicar los conocimientos adquiridos en otro lugar.

La idea de sortear entre sus trabajadores musulmanes un viaje de peregrinación a la Meca con los gastos pagados resulto ser excelente En dos años no había perdido ni uno solo de sus trabajadores y la calidad de sus productos había incluso mejorado. Si el Islam conseguía que millones de musulmanes compartieran unos conceptos básicos comunes entre todos ellos independientemente de la individualidad de cada uno de ellos; ¿Por que no iba el a aprovechar la religión como vinculo de unión entre sus trabajadores para obtener sus objetivo de mantener su empresa a flote? Y todo a un coste muy inferior a la alternativa de contratar a personal que controlase el trabajo de unas personas que veían en la figura del supervisor no a alguien a quien recurrir en caso de duda, sino a un vigilante cuyo trabajo consistiría en subyugarlos provocando el efecto contrario ya que la motivación de los trabajadores no seria el trabajo bien hecho. Sino el sabotaje sutil de la producción. Si las piezas no encajaban o quedaban demasiado holgadas si algunas partes de los muebles ni siquiera eran encoladas y antes de salir de fábrica ya presentaban golpes y rayas, la empresa de Ramón Alcoceber se arruinaría como otras tantas; en las que los trabajadores al considerar que su trabajo era mal remunerado, por resentimiento, carcomían cada uno a su manera su única fuente de ingresos.

Por el ojo de buey de la aeronave se divisaba un tranquilo mar de nubes a nueve mil metros de la superficie del océano. Entre los blancos algodones se clareaba a veces un azul distante allí abajo. Aquel debía ser el Mar Rojo, el que, huyendo de las huestes del Faraón, cruzara hace algunos milenios el profeta Musa (Moisés), que la paz sea con él.

Sentado en su sillón de primera clase, el peregrino Hisham se preguntaba sobre la distancia que separa la forma de vivir de los antiguos y la de sus contemporáneos. Se decía a sí mismo que tal vez el dromedario o el sirvan a los mismos propósitos. En cualquier caso, la inmensidad del desierto era aún más apabullante sentida así de golpe, entre las nubes, desde esas alturas que permiten a la imaginación suplir con sólo un vistazo las impresiones de las largas jornadas de otros tiempos. Hisham no era creyente practicaba los ritos como otros muchos y como todos ellos no estaba dispuesto a admitir que confiaba mas en él mismo que en el dios único. Sin embargo por tradición o por folclore tal vez por nostalgia de su niñez quería cumplir con uno de los pilares de su religión, el viaje imaginado y soñado de todo musulmán, aquel que había modelado su memoria. Cuantas tardes había pasado de niño escuchando los relatos que narraban la vida del Profeta, todas las bendiciones sean con él, y se había acostumbrado ya a quererlo y a sentirlo en aquellas tierras que fueron su morada, en esas santas ciudades que albergaron a tantos hombres justos. Sin embargo, la memoria imaginativa tiene a veces lagunas insuperables, vacíos que no pueden llenarse con imágenes sino con sentimiento. Comprendió entonces que la Historia le traicionaba, que el abismo entre aquella comunidad que conoció al Profeta, la Paz sea con él, y esta otra que viajaba por los aires era demasiado profundo. Abajo se distinguían ya claramente los suburbios de, enormes extensiones edificadas a lo largo de la costa occidental de Arabia Saudí

MECA

Un enorme surtidor de agua se levantaba junto a la playa, surgiendo del mar. Un compañero de viaje le contaba que Jeddah, en árabe, quiere decir abuela, y que, según cuenta la tradición, en esa ciudad está enterrada Eva, la primera mujer creada, antecesora de todo el género humano.

La anécdota se deshizo en el aeropuerto, en la visión de una arquitectura elegante y vanguardista que reflejaba sin embargo el espíritu de la cultura tradicional del desierto. Abiertas estructuras que producen la sombra necesaria y dejan que el aire circule por debajo, allí donde se reúnen los miles de peregrinos que acuden desde todos los rincones del mundo para cumplir con uno de los pilares de su fe.

Mientras esperaba la resolución de trámites inevitables, Hisham se dio cuenta de que su imaginación no había tenido en cuenta un hecho que ahora se revelaba como central: una comunidad que no estaba determinada por la pertenencia a una raza, tribu o lengua materna sino una comunidad de creyentes que se reunían con la voluntad de cumplir un antiguo mandato. Hombres y mujeres de todas las edades y culturas deambulando en un espacio abierto y caluroso, esperando pacientemente su protocolaria tramitación hacia el interior.

Durante el viaje, las conversaciones habían girado inevitablemente sobre la manera correcta de cumplir con todos los ritos, descritos y fijados de manera definitiva por el Mensajero de Allah, que Allah derrame sobre él y sobre su familia las más generosas bendiciones. Lo primero era claramente una cuestión de intención, la conciencia que ha de tener el peregrino de una voluntad firme para materializar en sí mismo aquello prescrito, encomendándose a su Señor.

Sigue…..

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