El origen de las religiones.


Mucho antes de que la humanidad desarrollara un lenguaje escrito, los humanos miraron con asombro cada mañana al renacer del sol. El hombre comenzó a dar una interpretación sobrenatural a fenómenos naturales, como espectáculo cotidiano del sol moribundo y renacido. El poderoso disco solar fue sin duda una  de las primeras formas de adoración

sol

Él era el poder innato de los cuerpos, el fuego de la Naturaleza. Autor de la vida, el calor y la ignición, la causa eficiente de toda generación, ya que sin Él no había movimiento, ni existencia, ni forma. Él era inmenso, indivisible, imperecedero y presente en todas partes. Era la necesidad de luz y  energía, lo que sentían todos los hombres; y nada podía imaginarse más temible para ellos que su ausencia. Sus evidentes influencias benéficas causaron su identificación con el Principio del Bien.
Desde este antiguo punto de vista cosmológico, el dios habitó y gobernó los cielos

Todo paganismo (creencia no monoteísta) es, en el fondo, una adoración de la naturaleza, de una forma u otra, y en todas las religiones paganas, el atributo más profundo e inspirador de la naturaleza era su poder de reproducción. El misterio de la vida y la muerte fue el misterio más profundo de la naturaleza; estaba en la raíz de todo el paganismo reflexivo, y apareció en varias formas, algunas de la manera más inocente, otras de un tipo claramente interesado. Para los pensadores paganos antiguos, la clave del secreto oculto del origen y la preservación del universo yace en el misterio del sexo. Dos energías o agentes, uno activo y generativo, otro femenino, pasivo o madurativo, que condiciona hacia un pensamiento dual positivo negativo,  bueno malo. El cielo y la tierra, el sol y la luna, día y noche, cooperaban para la producción del ser. Sobre esta base descansaba en esencia toda la adoración politeísta que condujo a la actual civilización; la separación de la divinidad en dioses masculinos y femeninos; la deificación de los distintos poderes de la naturaleza y la idealización de las propias facultades, deseos y vicios del hombre; donde cada poder de su entendimiento fue encarnado como un objeto de adoración, y cada impulso de su voluntad en una encarnación de la deidad.

Reenfocando: En la búsqueda de respuestas y orden, el hombre atribuye aquello que escapa de su control, a todo tipo de espíritus. El animismo es el primer paso en la mente del hombre en su necesidad de apaciguar su incertidumbre. Los espíritus conviven con el hombre de la misma forma que este lo hace con los animales. El mundo es lo bastante grande y todos conviven procurando no interferir en el día a día de unos y otros. Conforme avanza en el conocimiento humano de su entorno cotidiano muchos espíritus menores son relegados al olvido. El razonamiento humano provee de respuestas y modifica lentamente la creencia por conocimiento. Los espíritus superiores se resisten a sucumbir a la razón y el hombre en su egocentrismo pasa dotarlos de apariencia y comportamientos humanos. Es el momento en que los dioses son dotados de superioridad no frente a un solo individuo sino a grandes grupos de personas. Aquellos que tienen el don de hablar con los dioses pasan ser aquellos que asumen el papel de hacer que el resto de hombres cumplan la voluntad del dios local.
Es fácil entender que con una filosofía de vida que ponga un límite al poder de los dioses el destino del ser humano cambia radicalmente.

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