El orden de todas las cosas.


La ciencia de la naturaleza es ciertamente una de las hazañas más dignas de la historia humana. Pero a partir del momento en que se desencadenan fuerzas capaces de destruir la humanidad entera deja de ser lo que era desde el punto de vista moral. No se trata de hacer retroceder a la inteligencia, sino de defenderla. No se trata de restricciones en beneficio de una clase social, sino de la salvaguardia del total de la humanidad. El tabique entre el bien y el mal es cada vez más delgado. Todo descubrimiento al nivel de las estructuras esenciales es a la vez positivo y negativo. Las técnicas al perfeccionarse se simplifican. Cuanto más se avance en la simplificación  tanto más abra que ocultar la ciencia levantando barreras para asegurar la continuidad de la vida.

Esta ocultación  se realiza, de forma simple al pasar el verdadero poder a manos de hombres sabios. Estos tienen el lenguaje y unas formas de pensamiento que les son propias. No es una barrera artificial. El verbo es diferente porque el espíritu se encuentra situado a otro nivel. Los hombres sabios han convencido a los poseedores de que poseerán más, a los gobernantes de que gobernaran más, si acudían a ellos y mantienen una posición por encima de la riqueza y el poder introduciendo en todas las partes una complejidad infinita. De la misma manera que la araña envuelve a su presa los hombres llamados de poder poseedores y gobernantes no son más que intermediarios en una época que es a su vez intermediara.

Estamos dirigidos por aficionados y personas de segundo orden. Los métodos de nuestras administraciones llevarían a la quiebra a cualquier empresa. Los métodos del parlamento avergonzarían a cualquier junta de accionistas. Nuestros dirigentes simulan adquirir el saber por la experiencia, pero están lejos de ponerle precio que pagaría un hombre de negocios, y, cuando lo adquieren, no tienen el valor de aplicarlo. ¿Alguien cree que tiene algún atractivo para un hombre genial, el vender su cerebro a nuestros malos gobernantes?

El saber es la única fuerza ahora y siempre. Un pequeño dispositivo que sea capaz de hundir flotas enteras. Una combinación química  que transforme todas las reglas de la guerra. Lo mismo puede decirse del comercio; bastarían unas cuantas modificaciones ínfimas para poner a cualquier país de Europa al nivel de una república bananera. Y mientras tanto no queremos pensar en que estos altibajos sean posibles. Tomamos a nuestra sociedad como la fortaleza del universo cuando su fragilidad es comparable a la de un castillo de naipes.

Estado-IslamicoLo que la sociedad ve son las creaciones de la gente de segundo orden que tiene prisa en conquistar la riqueza y la gloria. El verdadero saber, el saber temible, sigue manteniéndose en secreto.

Uno vago analfabeto lanza un reto al mundo al cabo de ocho días están en la cárcel. Una docena de intelectuales exaltados conspiran para derribar el régimen y la policía se les echa encima. Todos los gobiernos se dan la mano para defenderse y en un abrir y cerrar de ojos “adiós conspiradores” porque la civilización sabe utilizar las energías de que dispone, mientras que las infinitas posibilidades de los “no oficiales” se convierten en humo la civilización triunfa porque es una liga mundial sus enemigos fracasan porque no son más que una turba.

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