(ROJO 11) Balik el Pescador.

[provisional]

Balik era grande y fuerte como la mayoría de los hombres del clan del alce.  Algún espíritu quiso que en una cacería se 1920466_732181610195454_7835084101762822174_ndespeñase por un barranco sufriendo el desgarro de varios tendones del tobillo y  la fractura de un hueso del talón (calcáreo) algo muy grave para alguien que su modo de vida le obligaba a correr para capturar sus presas y a caminar largas distancias para encontrarlas. Los hombres del clan del alce tardaron tres días en llegar al campamento del lago. Uza la sanadora, entonces joven, puso en su sitio huesos, músculos  y alivio las  múltiples magulladuras de Balik, pero poco pudo hacer por la fractura del talón.   Condenado a cojear el resto de su vida y sin posibilidades de seguir siendo cazador decidió instalarse con su familia en el clan del lago dedicado a la pesca.

Poco antes del alba Balik el pescador  despertó a sus dos hijas.

-Dunya,  Yiza…  despertad, tenemos mucho que hacer.

– Es muy pronto padre-. dijo Dunya

-¿Acaso quieres estar toda la mañana trabajando? Ayer dijiste que iríamos bañarnos al lago-.exclamo su hermana mayor mientras se calzaba sus botas de piel.

-Hay tiempo de sobras.  Acabaremos rápido las tareas. ¿Verdad padre?- Dijo Dunya en un tono que pretendía ablandar el ya de por si indulgente corazón de su padre.

-Comer algo antes de marchar ¿Cómo va a un hombre a llamaros a su hogar estando tan flacas-? Balik entrego a sus hijas un cuenco lleno de higos maduros.

-¿Qué es esta…?  ¿fruta-? pregunto Yiza.

-Se llaman higos. Nunca habéis probado nada tan dulce. Los conseguí ayer de unos forasteros, a cambio de seis peces de buen tamaño-. Dijo Balik.

La vida en el lago era placida no exigía largas jornadas de trabajo y disponiendo de prendas de abrigo todos los componentes del clan disfrutaban de un estado de salud superior a la de las poblaciones del lejano sur donde el clima era mucho más caluroso.

Una de las tareas matutinas de las dos hermanas consistía en ahumar el pescado que su padre capturaba. El invierno se acababa y  la subida de temperaturas obligaba a utilizar métodos alternativos a la simple congelación de los alimentos. Claro esta que  el ahumado de los alimentos no respondía tanto a la necesidad de conservación de los alimentos como de realizar un proceso que convertía la necesidad  de alimentarse en un placer para los sentidos.

Para ello recurría a trampas, redes, arpones y por supuesto anzuelos.

pavlov31Lo primero que hizo Dunya fue encender una hoguera que alimento con abundantes virutas obtenidas a partir de maderas de haya, roble y arce,

y alguna que otra piedra, mientras tanto Yiza destripaba pescado y lo cubría con sal. Más tarde las dos hermanas se dedicaron a montar en un sistema de estacas horizontales a una distancia suficiente para que el calor del fuego secase sin llegar a cocer el pescado que días atrás habían salado.

El trabajo les ocupo hasta el mediodía el fuego quedó reducido a brasas. El alimento ya ahumado, estaría el resto del día ventilándose antes de ser almacenado.

Yiza y Dunya se dedicaron una mirada cómplice. No necesitaron palabras para decirse que su momento había llegado. Cogieron dos palas que en poco de diferenciaban de enormes cucharones y empezaron a sacar piedras de las brasas y a introducirlas en una poza junto a la orilla del lago. Al margen del espectacular estallido de vapor que se producía cada vez que una piedra entraba en contacto con el agua las dos chicas consiguieron elevar la temperatura de su particular piscina no menos de diez e incluso quince grados. .

A pocos metros dos jóvenes forasteros se introducen directamente en las frías aguas del lago.  Yiza y Dunya se compadecen de los jóvenes y comparten su agua caliente con ellos.
Se establece una amistad entre los cuatro jóvenes que servirá para contrastar las costumbres de los pueblos de las llanuras del sur y los de las montañas del norte.  Balik sale a pescar y no regresa….

Quizás  la búsqueda  de balik sirva para establecer lazos más fuertes  que la amistad entre los jóvenes.

Quizás sea una buena ocasión para que dos nuevos miembros se añadan al clan del lago.

Quizás sea el momento de partir junto al nuevo compañero. A perseguir nuevos sueños…

(ROJO 12) Asus.

137Mi padre Asus era de lo más corriente, en el clan era apreciado por su capacidad de improvisar y su gran capacidad para proponer soluciones satisfactorias a los problemas que de vez en cuando enfrentaban a los hombres y mujeres del clan. Llegó al lago doce años atrás donde  conoció a Madre Mi relación con él era mejor que con el resto del clan; supongo que ser mi padre debía hacerle sentir responsable de mi supervivencia. Reconozco que cuando empecé a ser útil su actitud hacia mi mejoro de forma considerable. Con el tiempo llegue a la conclusión que son las madres las que de alguna manera ven el sentido de invertir su tiempo en algo que a corto plazo no aporta ningún beneficio. Padre no era muy hablador y cuando se dirigía a mi utilizaba una lengua que no era la que pertenecía al clan.    A mí me gustaba. Era nuestro código, algo que me hacía sentir más próximo a él.

(ROJO 13) Mis 8 Años.

poblado rojoCuando fui capaz de andar siguiendo al grupo sin quedar rezagado y a obedecer órdenes, Padre empezó a tolerar de vez en cuando mi compañía en sus habituales salidas en solitario del poblado.

Puedo afirmar que el principio de mi vida se produjo cuando con ocho años pude diferenciar entre las voces de mi yo interior y las que percibía del exterior. Pero será más tarde cuando hable de esa voz a la que durante tantos años obedeció mi cuerpo.

(ROJO 14) Los extranjeros.

exoTodos los clanes eran bienvenidos incluso los que en los últimos años procedentes de las tierras bajas del sur atravesaban nuestros territorios.

El intercambio de relatos era nuestra forma de conocer lo que pasaba más allá de nuestras tierras, nos permitía tener recuerdo de los hechos pasados con la que construir una identidad distintiva. Todos del más joven al más anciano contábamos relatos y hacerlo bien otorgaba un prestigio y credibilidad al narrador equiparable al del mejor de los cazadores.

Los relatos de los forasteros aterrorizaban a los niños pero más aún a los adultos. Aseguraban que el mar se estaba comiendo la tierra. Eran habituales historias como la de un pescador que se durmió en la playa dentro de su balsa y cuando la luz de Isik ilumino la orilla apareció tan lejana que la pértiga con la que se impulsaba su balsa no alcazaba el fondo. Aseguraban que muchos asentamientos que parecían estar seguros por estar en terreno elevado habían sido rodeados por la aguas y en pocos días todo acababa sumergido. Cada uno interpretaba a su manera lo que estaba escuchando más aún en el caso de relatos que habían sido narrados en dialectos y con expresiones que no eran de uso común en el clan.  No existían dos historias iguales aunque todas coincidían, en que las olas del mar entraban cada vez más adentro de la costa y ya no retrocedían.

Las tierras del lago eran un terreno común  eso quiere decir que no pertenecían a ningún clan en particular. Una zona común solía ser un cruce de caminos. El final de un desfiladero, un pequeño espacio abierto en medio del bosque o una fuente de agua en una gran extensión árida  siempre  se consideraban zonas a compartir. Tampoco hay que dar por sentado que mi vida transcurría en un mundo idílico donde la bondad y el bien común eran la norma a seguir. Simplemente  que pretender ser dueño de espacios de tanto transito era la peor forma de evitar los conflictos entre vecinos.

Las normas de los clanes de la montaña eran desconocidas por los clanes de las tierras bajas que ascendían atemorizados en grupos numerosos y de manera continua. Los clanes del bosque podían ser rudos en el trato con los extraños pero su naturaleza no era agresiva. Las gentes de las llanuras del sur por el contrario se mostraban arrogantes sabían que media docena de hombres golpeándose el pecho con actitud amenazante eran un peligro muy inferior al que dejaban a sus espaldas. No estaban dispuestos a perder tiempo en respetar nada ni a nadie que les impidiera la huida. Por suerte las peleas se reducían a simples demostraciones de fuerza en las que en el caso de que se produjesen heridos nunca eran de gravedad