SÍ, SE PUEDE.

GEmelos-idénticos (1)Va por delante el aviso de que si buscas una exposición coherente mejor lo dejes antes de empezar a leer. No quiero darte a conocer mis certidumbres sino que a través de esta lectura revises las tuyas.
La mayoría de animales surgen del seno materno como los cacharros de alfarería de un horno. Cualquier intento de moldearlos de nuevo los romperá. Los humanos salen del seno materno como el barro húmedo pueden ser retorcidos estirados y moldeados con un sorprendente grado de libertad.  El hombre no nace hombre se debe invertir tiempo y esfuerzo para moldearlo a imagen y semejanza del grupo.

En la utópica comunidad de Al-Kaabilia, una de las medidas que debían observarse en los territorios comunes   era el control  fuego. Es una práctica habitual llegado el otoño, incendiar las inmediaciones del terreno en el que el clan estaba asentado. Una vez el fuego se extingue se procedía a cribar entre los restos calcinados  en busca animales frutos secos y tubérculos quemados. Un fuego controlado puede convertir espesuras intransitables e improductivas en praderas con abundante caza. Pero este no era el caso ya que  la concentración  de plantas comestibles en una sola hectárea de los cultivos de Al-Kaabilia era muy superior a la de cualquier otro espacio cien veces mayor.

La identificación y acogida de grupos  forasteros desconocidos y la adaptación de todos los grupos a unas normas comunes, garantizaba las buenas relaciones y  el bien estar de todas las comunidades. El aprovechamiento de los recursos y una buena alimentación  permitieron el entendimiento y la colaboración de seres humanos que no solo eran distintos en sus rasgos físicos sino también en la esencia posiblemente opuesta de entender su existencia y su interrelación con el mundo. Generación tras generación las diferencias entre propios y extraños dejaron de ser un distintivo discriminatorio negativo, para ser un referente de las habilidades intrínsecas de un individuo o su grupo

La colaboración entre distintas especies fue el inicio de una pequeña o gran civilización.  Puede que en la actualidad desde el punto de vista cultural de nuestra especie no podamos concebir que conceptos y normas regían en una sociedad 200.000 años atrás  Pero  el hombre es un libro en blanco cuando nace y si partimos de esa certeza podemos aceptar la posibilidad de cientos de miles de formas de comportarnos sin renunciar a aquello que nos caracteriza como humanos. Si cometemos el error de pensar que el homo sapiens tenía capacidades cognitivas superiores, tipo; aprendizaje, memoria, comunicación, estamos cerrando las puertas a un modo de pensamiento que quizás no estaba concebido para competir y ganar sino para favorecer el bienestar del grupo empezando por su miembros más débiles. Quizás disponer de miembros del clan a los que seamos incapaces convencer de que si nos dan un plátano  cuando mueran tendrán un número ilimitado de frutas,  nos amplié la perspectiva sobre los parámetros que solemos utilizar para determinar grados de imbecilidad.

Curiosamente esa confianza asentada sobre ninguna base real es la que permitió al hombre actual prosperar. ¿En realidad, quién prospera? Hay una diferencia poco sutil entre el hombre y humanidad, ciudadano y estado, Trabajador y empresa.

Salvo pequeños momentos de lucidez dedicamos inconscientemente nuestra existencia a producir recursos para un dios de barro y este a su vez ejerce la función de administrar y redistribuir.
Indudablemente aquellos que tienen el privilegio de poner la cuchara en la boca y quienes recogen las heces de la divinidad de turno defienden  como ideal el orden establecido, en el que un individuo tiene la importancia y el valor de una simple célula que conforma el órgano o engranaje de un mecanismo. Alguien dirá que “todos” nos beneficiamos con este tipo de relación y que nuestra vida es infinitamente mejor que hace 250 años. Eso requiere que cada uno  se ponga en situación y evalué todo lo que como individuo ha ganado y a cuantas cosas ha tenido que renunciar. Hemos llegado a la luna luchamos contra el cáncer, cada día saltamos y corremos más alto y más rápido.  ¿Pero tú  en particular que has conseguido que te permita defender que eres superior a tus ancestros? No dudo que son mayoría los que se sienten satisfechos de cumplir  el papel asignado mientras de forma periódica les sea suministrada su porción de azúcar. pero  algunos tienen la necesidad reaccionar a sus propios estímulos y no a los genera una  entidad intangible. Quizás aquellos que no aceptan someter su existencia a un propósito mayor que ellos mismos son una especie de cáncer  del que el sistema debe defenderse. Quizás el cáncer sea el propio sistema y aquellos que van por libre sean las  células sanas  que permiten que el  tumor siga creciendo.

Sea como sea no tengo respuestas,  pero sí muchas preguntas.

 

Consciencia.

consciencia.jpg“Consciencia” El diccionario, siempre tan útil para eso de definir, nos dice: Conocimiento inmediato que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones”
“Propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta”.

Queda claro por las definiciones  (creo yo) que  eso que llamamos consciencia consiste en darte cuenta de que existes, de que eres una unidad a lo largo del tiempo, de que hay identidad entre quien fuiste ayer, quien eres hoy y quien serás mañana. Ahora bien, ¿qué es eso que decimos que existe?

“Yo”, contestará cada uno.

¿Y qué es “yo”?” preguntaré yo.

La primera respuesta, instintiva, es volver las palmas hacia arriba y hacer un gesto rápido que va de las axilas a las caderas mientras se piensa “yo”. Este gesto significa una mezcla entre “este que está aquí”, “este que te está hablando” y “¿es que no me estás viendo, capullo?” Hace referencia a la integridad y a la obvia presencia física. Es elemental que existo, es de cajón, es física y empíricamente contrastable que existo. Tengo un cuerpo que cualquiera puede ver, tocar e incluso oler. Existe mi cuerpo existo yo.

¿Seguro?

Uno de los descubrimientos más interesantes que haces cuando hablas más de un idioma es hasta que punto el lenguaje configura el pensamiento. Es un error pensar que un idioma (cualquiera) tiene suficiente léxico como para describir la realidad en todos sus matices,
Algo semejante pasa con el yo y el cuerpo. Si os fijáis en las expresiones que usamos, el cuerpo es una propiedad. Es “mi” cuerpo, no es “yo”. Yo “tengo” cuerpo, no “soy” cuerpo. Esta forma de hablar, esta configuración del idioma y razonamiento, sorprendentemente extendida por todo el mundo (o quizá no tan sorprendentemente, como veremos) hace que, de forma completamente subconsciente, estructuremos toda nuestra filosofía y toda nuestra forma de ver el mundo en torno a la figura de alguien (“yo”) que “posee” mi cuerpo; en torno a un dualismo entre el cuerpo (poseído) y yo (poseedor). Este dualismo implica necesariamente la existencia del mundo espiritual  (o de las ideas) ya que, si quien posee mi cuerpo (yo) es algo distinto a ese cuerpo, que es mi “yo físico”, entonces ese “yo” es un “yo no físico”, o sea, espiritual (o ideal, o…)

Parménides (filósofo griego) se preguntaba:  ¿Es esto lo que soy?

Supongamos que me quitan un brazo, ¿seguiría siendo yo?” “Sí”, se respondía. Y a base de quitarse partes del cuerpo o de reemplazarlas por otras, o de imaginarse en el cuerpo de un animal y hacer la misma pregunta y encontrar la misma respuesta, encontramos que desde hace milenios pensamos que “yo” es “algo más” que el cuerpo, lo que implica que el concepto “yo” es distinto al concepto “cuerpo”: una unidad de pensamiento, continua a lo largo del tiempo, que recuerda el pasado, experimenta el presente y predice el futuro se manifiesta en el plano físico a través de este cuerpo, y no de otro.
Un paso más y encontramos que el cuerpo (circunstancia) es enteramente prescindible: al igual que “yo” sigo siendo “yo” en un cuerpo que no es “el mío”, “yo” puedo ser “yo” incluso totalmente sin cuerpo. Acabamos de descubrir la psique como algo distinto del cuerpo, la idea de “yo”, aquello sin lo cual mi cuerpo es simplemente un cuerpo, pero no yo. Podéis darle el nombre que queráis: alma, ego, espíritu, psique, pensamiento puro… pero esta línea de razonamiento, esta configuración del pensamiento y el lenguaje implica de forma inmediata que existe algo que soy yo y que va más allá de mi cuerpo; algo que controla mi cuerpo y toma decisiones sobre él. Puede que sea una realidad inmanente e inmortal o puede que esté asociada indisolublemente a mi cuerpo y que desaparezca con él, puede que tenga un origen divino o que sea creada de forma totalmente natural por mi cuerpo, pero está claro que hay “algo” que, aunque incluso aunque esté creado y mantenido por él y dependa de él, es distinto al cuerpo. Es quien lo controla, quien piensa, quien ve, quien siente. Volviendo a la definición del diccionario de la consciencia, es el “sujeto” que tiene “consciencia de si mismo”, es el “espíritu humano” que tiene esta y aquella cualidades. Es ese ente que está detrás de mis ojos, que puedo sentir detrás de mis ojos, recibiendo y procesando información, pensando y expresándose. Es el sujeto de todos mis verbos.

Lo que llamamos consciencia es la cualidad que tenemos, a diferencia de los animales, de darnos cuenta de ese tipo de existencia ideal, ultracarnal, ligada al pensamiento, de percibir, que existimos como algo abstracto, separado al resto de la realidad y de poder, por tanto, tomar decisiones que afectan a esa realidad desde un plano distinto. Puede luego discutirse si eso es el alma, el espíritu, o un patrón emergente, pero siguiendo esta línea de razonamiento está claro que, sea lo que sea, está ahí y que eso, y no otra cosa, es lo que soy.