UNA FLOR ROJA CON EL TALLO VERDE.

 

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Maria era una niña con mucha ilusión que iba a la escuela.
Una mañana la maestra dijo:
– Hoy haremos un dibujo.
– ¡Qué bien! – pensó ella, pues le gustaba bastante dibujar.
Con mucho entusiasmo cogió su caja de colores y empezó a dibujar.
Pero la maestra dijo:
– ¡Esperaos!, no empezáis hasta que os diga qué tenéis que hacer. Bien, ahora dibujaremos las flores de un jardín.
Maria empezó a hacer flores de color rosa, lila y azul. En aquel momento se oyó que la maestra decía:
– Esperaos, yo os enseñaré cómo tenéis que hacer las flores. Así, dibujad una flor roja con el tallo verde.
Después añadió:
– Ahora sí que ya podéis empezar.
La niña miró la flor de la maestra, miró la suya, le gustó más la suya pero, sin decir nada, guardó su papel
y intentó copiar la flor de la pizarra: era roja con el tallo verde.
Otro día la maestra dijo:
-Hoy haremos una redacción.
¡-Qué bien – pensó Maria– Así podré escribiré en las estrellas!
Pero de golpe oyó que la maestra decía:
– ¡Esperaos, yo os diré de qué tenéis que escribir! El tema será: las vacaciones.
Maria se preguntó:
– ¿Porque siempre tenemos que escribir sobre el mismo tema? Pero vano, pondré que en verano las estrellas salen más tarde.
Su pensamiento fue interrumpido por la voz de la maestra que decía:
-Esperaos, yo os diré qué tenéis que poner. Apuntad: lugar|sitio de veraneo (montaña o playa), con quien|quién (padres o amigos), qué medio
de transporte utilizasteis (aéreo, marítimo o terrestre), qué hicisteis, como os lo pasasteis, cuántos días fueron, cuando vais
¿marcharse y cuando|cuándo volvisteis|devolvisteis… Lo habéis entendido? Pues ya podéis empezar.
Maria se puso triste porque con esta pauta no había lugar|sitio por|para sus estrellas y no podía manifestar como|cómo las
admiraba. Pero renunciada|resignada, cogió el lápiz y empezó a responder, uno para|por uno y de forma ordenada, todos los aspectos
que la maestra había estipulado.
Así, la niña comprendió que era más importante hacer lo que la maestra decía que lo que ella quería.
Pero pasado un tiempo, la familia de Maria cambió de población, y por lo tanto, también de escuela.
Uno de los primeros días de clase, la nueva maestra dijo:
– Hoy haremos un dibujo.
Maria se quedó muy tranquila esperando que la maestra dijera cómo tenían que hacerlo.
Cuando la maestra se dio cuenta que Maria no hacía nada, se le acercó y le dijo:
-Porque no trabajas? ¿Qué no te gusta dibujar?
-Sí- respondió- pero estoy esperando que Usted me diga cómo lo tengo que hacer.
-Como tú quieras -le respondió la maestra
¿-y con qué colores?
-Con los que más te gusten.
-No lo entiendo -pensó Maria– y empezó a hacer una flor roja con el tallo verde.

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Cultura.

rubon12La cultura no es solamente un ideal, un proceso y un estado, sino también un juego social. El objetivo de este juego es sencillo: mostrarse ante los demás como una persona culta; pero el juego tiene sus reglas y quien no lo haya practicado desde la infancia, después tiene serias dificultades para aprenderlas. ¿Por qué? Porque para poder poner en práctica estas reglas, primero hay que conocerlas. Sólo se nos admitirá en el club de la cultura si dominamos sus reglas de juego; pero sólo en este club podemos aprender a jugar.

Esto es injusto. Pero ¿por qué es así?
Porque el juego de la cultura es un juego de suposiciones. Cuando tratamos con los demás, suponemos que son personas cultas, y a su vez ellos suponen que nosotros los tenemos por tales.
Estas suposiciones son una especie de formas de crédito.
En el ámbito de la moral, el fenómeno es muy corriente; solemos suponer que normalmente la gente es honesta.
Asimismo, la cultura está sometida a un tabú: es inapropiado poner a prueba la cultura del otro como si se tratase de un concurso. Por eso no es aconsejable actuar de este modo:

¿Quién construyó la catedral de Florencia?

¿Qué me dice?

¿No lo sabe?

¿Y dice usted haber hecho el bachillerato?

Este tabú introduce una considerable confusión acerca de lo que se supone que una persona culta debe saber. Y este terreno movedizo causa una inseguridad generalizada que lleva a nuevas suposiciones y a nuevos tabúes.

Otra definición de cultura:
La cultura es un juego social caracterizado por un conjunto de expectativas y de expectativas de expectativas en relación con la cultura de los participantes en dicho juego, quienes no deben hacer explícitas ni las expectativas ni las expectativas de expectativas. Los participantes en este juego han de tener la habilidad de averiguar y cumplir estas expectativas, y, cuando esto no sea posible, evitar que los demás lo noten.
Así, en la cultura, como en el amor, las expectativas son irreales, pues no pueden comprobarse. Ciertas preguntas son tabú: en caso de duda, hay que suponer que los demás conocen determinado contenido cultural y por eso no hay que preguntar por él.
Ciertamente, en una reunión no habría ningún problema en decir:

«Disculpe, ¿podría usted explicarme el segundo principio de la termodinámica? Nunca he logrado entenderlo».

Ante nuestro ruego, seguramente otros exclamarán:

«Yo tampoco»

Y se producirán algunas risitas. El segundo principio de la termodinámica no está entre las cosas que una persona culta debe saber.

Pero plantee usted esta pregunta:

¿Van Gogh?

¿No es el delantero centro de la selección holandesa de fútbol, el que rompió la nariz al portero alemán en el último campeonato mundial?

Si sus contertulios se dan cuenta de que usted está hablando en serio, se quedarán desconcertados, y en adelante intentarán evitarle.
Esto nos lleva a otra definición de la cultura.
La cultura personal se compone de conocimientos por los que no se puede preguntar.
No malinterprete la perplejidad provocada por su pregunta sobre Van Gogh como una muestra de arrogancia por parte de sus contertulios. Dicha perplejidad es más bien el resultado de su desconcierto ante alguien que ha roto el juego de suposiciones propio de la cultura. Esta ruptura los paraliza: de repente, la conversación fluida choca con el muro de la desorientación. Cualquier respuesta que le diesen sería un insulto para usted, y se le trataría como a un leproso. He aquí algunas de las respuestas imposibles:

-No, amigo mío, el Van Gogh del que estamos hablando era un pintor.

Ésta sería la respuesta más directa y, aunque parezca de sentido común, en realidad es una bomba, pues pone de manifiesto que usted es un zoquete y a partir de ahora se le tratará como a un paria.
Otra respuesta podría ser la siguiente:

-No lo creo, pero naturalmente no sé tanto de fútbol como usted.

Esto bastaría para provocar en los demás algunas sonrisas.
Con esta contestación usted aparecería ante ellos como un hooligan, como alguien que está al tanto de todo lo relacionado con este primitivo juego, pero que no sabe nada del arte occidental.
Una tercera respuesta aún más jocosa podría ser: «Sí, pero no fue la nariz, sino la oreja, y no se la cortó al portero, sino a sí mismo».
Esto provocaría una carcajada general y usted, en su confusión, aparecería ante los demás como un imbécil.
Pero como la cortesía prohíbe este tipo de respuestas, sus contertulios se quedarán paralizados y fuera de juego.
Usted no se ha desacreditado ante los demás por poner de manifiesto una laguna cultural, sino porque ha violado las reglas de juego y ha puesto al descubierto los presupuestos implícitos del juego de la cultura. Ha obligado a los participantes en el juego a descubrir y a explicitar lo que hasta ese momento permanecía latente y oculto. Pero ¿por qué resulta tan penoso explicar las reglas de juego y decir lo que hay que saber? ¿Por qué es tan grave poner al descubierto los presupuestos obvios del juego de la cultura?
Muy sencillo: porque estos presupuestos no se pueden fundamentar.
Ni siquiera las personas cultas serán capaces de decirle por qué Van Gogh es uno de los pintores que hay que conocer, mientras que Fritz von Uhde es un pintor al que sólo tienen la obligación de conocer los expertos en pintura, aunque su cuadro Pelando patatas tenga la misma fuerza expresiva que Comiendo patatas de Van Gogh. Pero la obligación de conocer al uno y no al otro es uno de los presupuestos incuestionables que fundan una comunidad.

Otra definición. La cultura es una comunidad de fieles.
Precisamente por ser una comunidad de fieles, la cultura tiene unos textos canónicos. Canon, «vara» en griego, significaba originariamente «regla». Existen unos textos canónicos de esa religión que es la cultura.
Aquellos contenidos culturales que hoy consideramos canónicos no nos los dictan ni los papas ni padres de la Iglesia, sino que son el producto de un largo proceso de selección que sigue prolongándose hasta hoy mismo. Es posible influir en él, pero no dirigirlo.

La cultura es el resultado de un permanente proceso de sedimentación, una especie de morrena terminal, un montón de contenidos depositados por el glaciar de un consenso general. Al igual que los dogmas fundamentales de la religión, este consenso sólo es capaz de instituir una comunidad si no se ve cuestionado.
Ello introduce una división en los hombres entre expertos y legos, integrados y marginados, ya que un grupo sólo puede reconocer su identidad y sus ideales delimitándose claramente de lo que es distinto de él.

Por eso quienes están excluidos de la cultura experimentan el deseo de acceder a ella.

AGRADECIMIENTOS.

Mí querido lector: Gracias por tu esfuerzo espero haberte divertido con mis aventuras oníricas. Sé que escribir una novela sin tener en cuenta las normas más elementales de narración es demasiado ambicioso pero yo soy así. Kaaba es mi homenaje freak a los escritores de libros sagrados. No he sido capaz de crear un argumento suficientemente incoherente y ambiguo pero… quien sabe, quizás, dentro de unos años, mi voz será escuchada. Entonces mi cuerpo será exhumado y venerado en la basílica de la Sagrada Familia, la primera catedral dedicada al culto de ¡la nueva doctrina!

 Ahora desde la distancia tengo la certeza que he leído publicaciones mucho peores y pienso en la cantidad de historias anónimas que nunca llegare a leer.

Escribir ha sido una de las experiencias más gratificantes que he conocido. Escribir para uno mismo sin tener que coartarme con aquello que es o no correcto, sin tener que cumplir plazos sin ninguna necesidad de ser comercial.

Muchos han tenido la oportunidad de leer mi trabajo establecer una conexión de uno a uno vislumbrar el mensaje en su conjunto.

Todos tenemos nuestro propio discurso que no dudamos en proclamar en cuanto se nos presenta la ocasión. Pocos son capaces de escuchar con la atención que se requiere las ideas ajenas.

boca-orejaDemostrar esa cualidad tan poco común dice mucho a favor de esas personas.

¿Qué sentido tiene el saber? ¿Por qué hay algo en vez de nada? ¿Cómo se sabe lo que hay que saber? ¿Cómo se explica la naturaleza humana? ¿Cuáles son las grandes preguntas de la vida?

No des nada de lo que te cuenten por cierto, ni subestimes el valor tener tus propios pensamientos, grandes o pequeños, lo importante no es su tamaño, es el hecho de tenerlos.

EL PORQUÉ DE LA RELIGIÓN.

La palabra “religión” proviene de “religare”, lo cual significa “atar dos veces”; es decir, doctrina que regla al hombre individualmente y lo liga socialmente. Esta doctrina pude ser teológica, y entonces la religión será teología; también puede ser sociológica, entonces la religión será sociología. Como el uso cotidiano dejó relacionado el concepto de religión con el teológico, lo utilizare de esta manera.

la idea de un ser creador superior al ser humano, tiene un único y general fin: el de brindarle a los pueblos una base moral en que apoyarse con seguridad para hacer que las personas se sientan más seguras, en un sentido tanto mental como físico.

La religión ha cumplido a lo largo de la historia infinidad de papeles, la mayoría fundamentales para el desarrollo de la humanidad, siempre estrechamente vinculada con las bases morales de los pueblos. Todas las decisiones que tomamos las efectuamos sobre la base de nuestros conocimientos, y nuestras creencias, y esto es la materia prima fundamental de la moral. La religión es solamente una herramienta, la cual puede utilizarse de infinidad de formas posibles y está en nosotros aprender a hacer de ella un objeto de bien o de mal. A lo largo de la historia podemos ver los diferentes usos que se le dieron a la religión y sus diferentes resultados. Está pues en nuestras manos nuestro propio destino, los problemas sociales no debemos achacárselos a nadie más, que no sean los seres humanos.

La religión es un conjunto de ideas, las cuales son aceptadas por un conjunto de personas con un mismo fin. Estas ideas han ido desarrollándose a lo largo de los siglos, adaptándose a las necesidades del hombre. Como producto del pensamiento, la religión es algo que está en un cambio continuo, ya que ha medida que pasa el tiempo, el hombre se desplaza tanto temporal como espacialmente, y es quizás esto segundo lo que hace que cambie más el concepto de religión, ya que se va mezclando con las diferentes culturas. La religión tiene una especie de instinto de supervivencia, pues a pesar de que la idea central de la religión continúa constante, (por ejemplo, el cristianismo tiene la Biblia, libro sagrado al cual respetan y aceptan ciegamente, y en el cual están plasmadas las bases de su idealismo) ella debe amoldarse a sus receptores para poder sobrevivir, y hoy en día esto debe de acentuarse más que nunca, pues ha ido perdiendo adeptos, y ya no es más como en la Edad Media en que se imponía la religión de una forma brutal, en donde las personas debían aceptarla a cambio de poder seguir viviendo. Los seres humanos eran sometidos a una solo creencia. Hoy, la religión puede (al menos en culturas como la nuestra) ganarse adeptos de una sola forma: por medio del convencimiento.

Volviendo al principio: El hombre, desde que tiene conciencia de su propia existencia, ha tratado de explicar y explicarse a sí mismo, los hechos que no puede entender  ¿cómo explicar algo que no entendemos? La forma más fácil es la de inventar seres sobrenaturales, que sobrepasen nuestras capacidades, que tengan total poder sobre el universo; he aquí el concepto de Dios. El principio de “espontaneidad”, es el primer punto, en el comienzo de la historia de la religión. Al principio, se creó un Dios para cada suceso natural (fenómenos climatológicos como los rayos, lluvia, vientos, etc.) o cualquier otro fenómeno no explicable, al cual se le rendía culto, obteniendo de esta manera esperanza, necesidad básica del hombre. Aquí se crean los mitos, los cuales son historias fantásticas, que tratan de explicar esto sucesos sobrenaturales. Luego, se decidió pasar del politeísmo, al monoteísmo, concentrando todas las propiedades de todos los dioses en uno solo. He aquí el surgimiento de la religión, el “reflejo fantástico”, la imagen trastornada reflejada en el espejo del entendimiento humano, pues el hombre ve las cosas a su modo, como él cree y a veces (por no decir siempre) no como realmente son. Inventa mundos ficticios, historias fantásticas, de lo que sucede a su entorno y no comprende.

La religión le da sentido a la vida, le brinda a los seres humanos una razón para vivir y una razón para vivir correctamente -como el Dios lo indica- y con felicidad, dándole además una “guía práctica” de normas morales, las que le ayudaran a vivir con esta corrección y felicidad. Esta es la idea de religión para los creyentes, es decir, para aquellos que la apoyan, pero la religión, vista desde un punto de vista “totalmente objetivo”, no es más que una cadena que rodea el cuello del hombre, sometiéndolo a la más profunda esclavitud, ya que limita la acción humana en infinitos ámbitos, y esto, no es más que privar al hombre de la libertad, pues, a pesar de que el hombre puede hacer lo que desee, está siendo amenazado por otro lado, ya que se le dice que si hace esto o aquello, le pasará esto o aquello también, y siempre, todas las acciones que no sean correctas para la Biblia (el las religiones hebraicas), nos mandaran directamente al infierno y allí cumpliremos nuestro castigo por nuestro error terrenal; nos limitan en el momento que nos mienten para que hagamos lo que ellos desean, concepto sagrado en todas las sociedades, ya que todo ser humano lucha por este ideal con mayor fiereza que por cualquier otra cosa.

El tratar de “controlar” a los individuos por medio de la represión mental es la mayor esclavitud, ya que un hombre preso dentro de sí mismo no tiene forma de escapar, pues, ni siquiera es consiente de su encierro, por lo tanto no desea liberarse.

La religión es algo que existió desde tiempos inmemoriales, existe hoy en día y existirá durante mucho tiempo más. La mayor parte de las personas en este planeta creen en alguna religión. Ellos creen, porque necesitan creer, porque el universo o todo lo que pertenece a él supera su entendimiento, porque hay sucesos que no comprenden y quizás se siente inferiores o simplemente ajenos, entonces encuentran la salvación en este ser superior, todopoderoso, en este padre protector, y en su mirada encuentran seguridad. Aquí surge la religión. Aquí surge la historia de la humanidad.

¿Para qué creer en la religión? ¿Para ser una buena persona?, ¿para respetar y querer al prójimo? Puedo ser todo ello sin tener que convertirme en parte del rebaño de Dios. La religión no va más allá de una simple característica de la cultura de un pueblo. A diario miramos la televisión y nos asombramos de las culturas asiáticas, como la islámica, en la que las mujeres deben llevar su cabello cubierto por completo, y nos horrorizamos de su “ignorancia” y nos sentimos contentos de vivir en donde vivimos y ser tan inteligentes y damos gracias por estar tan lejos de ellos, cuando en realidad somos víctimas de la misma alucinación, a nuestra manera, claro, pero alucinación al fin. Nos miramos y nos decimos: no, nosotros no somos así, pero cómo nos equivocamos. Estamos acostumbrados al bautismo, ¿alguna vez se pusieron a pensar qué sentido tiene verterle agua a un recién nacido en la frente, más que el de molestar al pobre niño?, ¿o el casarse por Iglesia, el realizar este acto frente a un supuesto Dios que a veces ni siquiera lo creemos existente? Estas son costumbres que la mayoría de las personas tienen sin preguntarse porqué; bueno, he aquí nuestra ignorancia oculta.

No se necesito la religión, pues la felicidad y la seguridad radica en ser yo mismo”. No necesito saber que existe un paraíso después de esta vida para actuar bien; actúo bien por el simple hecho de hacerlo. No necesito creer en Dios para sentirme seguro, me siento seguro por ser yo mismo.

No me siento inferior porque dios no hable conmigo o por no pertenecer al pueblo elegido y puesto que no he sido dotado con la gracia de saber interpretar las señales, en mi simpleza creo, que si las personas creyeran un poco más en sí mismas las cosas andarían mejor. Nuestro destino los forjamos nosotros mismo, con nuestras acciones, y no con nuestras súplicas y lamentos.

Para mi la religión es un simple fenómeno social, producto de la mente humana como necesidad básica, como solución a problemas mucho más complejos, a los que el hombre aún no le ha encontrado respuesta.

Voltaire, decía que la religión era un invento de los curas para explotar a la humanidad. Y tiene algo de cierto, ya que los “curas” Han utilizado desde siempre la religión como objeto de explotación y control de sus fieles, (De hecho dudo que ningún cura este mas cerca de Dios y de sus bendiciones de lo que pueda estar yo).

¿Por qué la religión?, ¿por qué el hombre persiste en creer en esas leyendas de una manera tan ferviente si no ha hecho más que retrasar al hombre cientos de año en la etapa evolutiva de la humanidad?  La Iglesia carece de fuerza evolutiva propia. En el período histórico en que la Iglesia dominaba los pueblos, la humanidad quedó estancada en un pozo extremadamente profundo. ¿Qué sentido tiene seguir persistiendo en ella como «salvación»?, ¿cuáles son las razones racionales para creer en ella?, ¿acaso la promesa del paraíso? ¿Es tan difícil de entender que existe una orden lógico y que antes de la muerte esta la vida? Una persona que necesita saber de una recompensa por sus buenas acciones en esta vida no es necesariamente «buena», ya que el sólo hecho de actuar correctamente por una recompensa, muestra un cierto interés. Veo más valor a una persona que actúa bien por el solo hecho de hacerlo. Una ateo que actúa bien, es decir, de acuerdo a las normas morales de la sociedad, lo hace porque realmente desea hacerlo, y no por cobardía o conveniencia de que luego, en otra vida, obtendrá sus propios beneficios.

la religión no tiene ninguna utilidad en ninguna sociedad ni en ningún tiempo futuro, ya que las necesidades que pretende cubrir pueden ser cubiertas por el hombre mismo, sin necesidad de basarnos en ninguna norma más que en las que nuestra propia razón nos brinda, y las que están de acuerdo con nuestra sociedad. La religión puede que sea concebida por muchos como una ayuda para los hombres para que se comporten correctamente, pero creo que eso se puede realizar sin tener que creer en más nada que en nosotros mismos.

La religión no solamente ha estancado al hombre en materia de ciencia, sino también en cuanto al desarrollo del pensamiento. Ético y espiritual o metafísico. La religión no nos enseña, ni nos abre caminos para que podamos elegir, simplemente nos muestra un único rumbo, y nos obliga a seguirlo ciegamente, sabiendo de antemano cual será su destino. La religión nos hace permanecer en una idea fija y permanecer en ella hasta nuestra muerte.politica_libertad

Creo que la religión es producto de la debilidad del hombre, más que nada. Su propia inseguridad lo lleva a refugiarse en ella.

 Aquello que el hombre necesita y desea, pero que no puede lograr inmediatamente, es lo que proyecta en Dios.

 

La palabra Dios tiene peso, seriedad y sentido inseparable en boca de la necesidad, la miseria y la privación.

 

Los dioses no han sido adorados por los gobernantes o los sacerdotes, que se valen de ellos, sino por los hombres que sufren.

 

Dios es el eco de los gritos de esperanza de los hombres.

 

(Extracto de textos publicados por Sebastián Rajo).

Religión en África. “Una ética en honor al grupo”

SERRA
La diosa africana que simboliza el principio de la creación, cuando el agua se cruza con el fuego para dar origen a la vida. Representa a la “gran madre nutridora” del cielo y de la tierra.

 La religiosidad “legítima” no se basa en abstracciones o visiones individuales, sino en elementos que hermanan a los hombres y mujeres en unidades comunitarias. La familia, el clan, la tribu o el grupo étnico son lo más importante, y la mayoría de detalles religiosos están orientados a preservar esta armonía.

En la mayoría de culturas africanas, los antepasados y algunos dioses que dieron el “soplo” a la vida humana son entendidos como expresiones tangibles (al menos en oráculos, sueños y revelaciones) de las fuerzas cósmicas. Pero su función suele ser más pragmática: ayudar a la comunidad en todas sus actividades. El componente social de estas ideas está muy claro. No responden a las grandes preguntas filosófico-religiosas de rigor (“quiénes somos, de dónde venimos, adónde vamos”), sino que son un referente, una tabla a la que agarrarse en el naufragio de las penalidades de la vida. Todos los componentes de la tribu respetan, veneran, temen y se sienten seguros con estas fuerzas porque garantizan la armonía social. Pero algunos pretenden utilizar el poder cósmico para sus propios fines. Son los llamados brujas y hechiceros.

Empecemos por diferenciar ambos conceptos. La diferente denominación no obedece únicamente al sexo, aunque en África la mayoría de brujas son mujeres y la mayoría de hechiceros, hombres. La diferencia es bastante compleja: en principio, las brujas están imbuidas de un poder maligno que raras veces pueden controlar y que las impulsa a actuar mal y a perjudicar a los demás. Por el contrario, los hechiceros son conscientes de que quieren hacer el mal, y son ellos quienes se ponen en contacto con las fuerzas malignas mediante ritos y conjuros. De todos modos, tan peligrosa puede ser para la comunidad la acción de unos como la de otros. Es conveniente descubrir a los hechiceros, para castigarlos o expulsarlos de la comunidad. Por lo que respecta a las brujas, a veces basta con exorcizarlas, aunque se han dado casos de lapidamiento.

A las brujas se les atribuyen poderes como el del vuelo o la metamorfosis, transformándose en monos o elefantes. Puesto que no son conscientes de su verdadera personalidad, pueden llevar una doble vida sin saberlo: mujer normal durante el día y bruja por la noche. Al amparo de las sombras, estas mujeres chupan la sangre a los incautos, celebran aquelarres, devoran las almas y matan a los niños.

La creencia en la existencia de estos seres maléficos suele deberse a razones sociológicas. Brujas y hechiceros son meras válvulas de escape de las tensiones sociales. Cuando alguien tiene un problema, ya sea de salud, económico, de relación, o afectivo, busca un culpable, porque se niega a admitir su parte de responsabilidad o que se deba a la mala suerte. En estas situaciones es cuando es más fácil atribuir a alguien conocido malas intenciones, por envidia, manía u otras razones. De ahí a demonizar al rival, sólo hay un paso. El hecho de que los africanos crean en este tipo de personajes asociales y malignos se nos antoja primitivo, pero esto no es más que paternalismo y sentimiento de superioridad: en las sociedades industrializadas otros focos de demonización social tienen consecuencias tan trágicas como los destierros o muertes de brujas y hechiceros. Y si hablamos de fanatismo o superstición primitivos, no olvidemos que en nuestras ciudades, los “hinchas” de muchos equipos de fútbol insultan, atacan e incluso llegan a matar a personas cuyo único delito es pertenecer a otro equipo y, por tanto, a otro clan. Otro tipo de exclusión social o de justificación de la violencia.

Y TU ¿PORQUE MIENTES?

Cuando busco documentación para mis argumentos sobre el como y porque de las cosas, encuentro textos que superan mi capacidad para extraer una síntesis de aquello que se expone. He aprendido que mucha información que se presenta esta cimentada en columnas de humo.

Es necesario ser capaz de separar entre aquello que es una verdad absoluta (A pesar de que no se llegue a entender todo el proceso que le da validez) y la mera fantasía que solo puede ser aceptada para satisfacer necesidades de aspecto lúdico.

La verdad siempre es fácil. La mentira  recurre a intrincados laberintos que confunden. Ante una pregunta, la mentira da respuesta a una pregunta no formulada que a  modo de comodín pretende por extensión dar repuesta a la pregunta original (Nunca la mentira se sostiene por medio de una respuesta directa).

Es inútil luchar contra la mentira pues es la base por la que se regula la sociedad. Mentir para someter, para desacreditar, o por el placer de mentir, es despreciable y debería  ser condenable muy por encima de robar, violar, matar, todos son  delitos individuales que están correlacionados con la mentira  pues se recurre a ella para no ser culpado del delito. Al contrario la mentira en su estado puro recurre a los delitos anteriormente citados para  que la verdad quede oculta en una bruma espesa que aunque permite escuchar su rumor le impide ser visible.

Deberíamos ser escépticos con aquellos que sabemos que mienten. Nos mienten nuestros hijos, los amigos, nuestros dirigentes, los médicos. Por supuesto nosotros también mentimos  pero entre mentir por que llegas cinco minutos tarde al trabajo y mentir para implicar a millones de personasen en una guerra o que tu gobierno mienta con el único fin de permitir que los bancos se conviertan en tu amo durante 50 años más existe una diferencia astronómica.

Las nuevas generaciones (No me refiero a las del PP) deberían ser educadas sobre los beneficios de la verdad aprender a ver las trampas y suprimirlas.TRAMPERO
La realidad actual no augura nada bueno. La mentira es como una mina anti persona es fácil minar todo un campo o un país entero. Por el precio de un salario mínimo puedes conseguir que cientos de personas olviden sus problemas éticos .
Quitar las minas por el contrario se presenta como una labor inabarcable aún para alguien que sobresale por encima de las personas comunes. Por esa misma razón, aquel que “sobresale”  y es capaz de identificar las trampas ¡también se hace trampero!

LOS VELOS DE LA MENTE.

 La interpretación de nuestra realidad depende de una cultura individual y de una cultura del entorno que conforman los distintos grupos sociales con los que interactúa el individuo.

Cada persona tiene un nivel perceptivo o capacidad sensitiva diferente de la de su vecino.Mientras que el vuelo de una mosca provoca en un individuo, la necesidad irreprimible de acabar con el vuelo impertinente y la vida de la mosca, otro se maravilla del control del espacio que posee. Un ser de unos pocos milímetros con un cerebro miles de veces más pequeño que un microchip.

Es fácil atribuirle a nuestra mente poderes infinitos pero no es necesario recurrir a la ficción científica para aceptar que el acceso al total de las capacidades de nuestro cerebro esta “restringido”. Sin embargo si es posible quitar alguno de los velos que tamizan la luz de nuestro pensamiento. Cada vez que conseguimos apartar uno de esos velos la sensación que sentimos es la misma que cuando un cielo encapotado de nubes se abre y deja pasar con toda su violencia la luz del Sol.

quitate el veloCuando se padece una simple migraña el nivel de percepción del cerebro se encuentra limitado no rinde como es habitual. La ingestión de un analgésico habitualmente

consigue remitir la obstrucción causada por el malestar. La administración de sustancias al cerebro en cantidades ínfimas pueden modificar los patrones de nuestro pensamiento.

Cuando das vueltas a un problema y de repente encuentras la solución.
Cuando estas un rato a oscuras y descubres todo un mundo de sonidos que pasaban desapercibidos por que antes tus ojos acaparaban todos los canales de información de tu cerebro.
Seguro que es posible destapar alguno de los velos sin embargo no se trata de eliminar esos incontables velos definitivamente. Su función es protegernos de esas percepciones que no estamos preparados para experimentar.