LA HISTORIA DE LA BIBLIA A GRANDES TRAZOS.

Por: Luis Fernando Mahecha Madrid.

tofetLa Biblia (del latín biblĭa, y este del griego βιβλία biblía, ‘libros’)​ es el conjunto de libros canónicos del judaísmo y el cristianismo, escritos entre los años 900 A.C. y 100 D.C. por lo que la canonicidad de cada libro varía dependiendo de la tradición adoptada. Según las religiones judía y cristiana, transmite la palabra de Dios, aunque, en realidad, la biblia es una recopilación de libros que incluyen mitología sumeria, griega y relatos épicos del pueblo hebreo, los cuales han sido tergiversados y transformados por los pueblos de acuerdo con los intereses socio-culturales de cada época y cada región, pero aceptadas por los llamados seguidores de la fe cristiana o judía. Es por esto que la biblia es aceptada como el libro sagrado de las religiones judeo-cristianas.

La Biblia es una recopilación de textos que, en un principio, eran documentos separados (llamados «libros»), escritos primero en hebreo, arameo, árabe durante un período muy dilatado y traducidos posteriormente al griego y al latín, fueron reunidos para formar el Tanaj de los judíos (Antiguo Testamento para los cristianos) y luego el Nuevo Testamento. Ambos testamentos forman la Biblia cristiana. En sí, los textos que componen la Biblia fueron escritos a lo largo de aproximadamente 1000 años (entre el 900 a. C. y el 100 d. C.). Los textos más antiguos se encuentran en el Libro de los Jueces («Canto de Débora») y en las denominadas fuentes E Tradición Elohísta, (adoradores de Elohim) y J, Tradición Yahvista, (adoradores de Yahvé), de la Torá (llamada Pentateuco por los cristianos), que son datadas en la época de los dos reinos (siglos X a VIII a. C.). El libro completo más antiguo, el de Oseas, es también de la misma época. El pueblo judío identifica a la Biblia con el Tanaj, para el que carece de sentido y no es aceptada la denominación como Antiguo Testamento al no aceptar la validez del Nuevo Testamento.
El canon de la Biblia que conocemos hoy fue creado por la Iglesia católica, bajo el pontificado de San Dámaso I, en el Sínodo de Roma del año 382, posterior a la aceptación del cristianismo como religión oficial del Imperio Romano, y esta versión es la que Jerónimo de Estridón tradujo al latín. Dicho canon consta de 73 libros: 46 constitutivos del llamado Antiguo Testamento, incluyendo 7 libros llamados actualmente Deuterocanónicos (Tobit, Judit, Primer libro de los Macabeos, Segundo libro de los Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico (Sirácida), y Baruc) —que han sido impugnados por judíos y protestantes— y 27 del Nuevo Testamento. Fue confirmado en el Concilio de Hipona en el año 393, y ratificado en el Concilio III de Cartago (en el año 397), y el IV Concilio de Cartago, en el año 419.
El canon del Antiguo Testamento cristiano entró en uso en la Septuaginta griega, traducciones y libros originales, y sus diferentes listas de los textos. Además de la Septuaginta, el cristianismo posteriormente añadió diversos escritos que se convertirían en el Nuevo Testamento.
Durante la Reforma protestante, algunos reformadores canónicos propusieron diferentes listas de las que se encuentra actualmente en uso en la Iglesia de San Pedro de Roma. Aunque no sin debate la lista de los libros del Nuevo Testamento vendría a seguir siendo la misma, sin embargo, en el Antiguo Testamento algunos textos presentes en la Septuaginta fueron eliminados de la mayoría de los cánones protestantes. Por lo tanto, en un contexto católico estos textos se denominan libros deuterocanónicos, mientras que en un contexto protestante que se hace referencia como libros apócrifos, la etiqueta se aplica a todos los textos excluidos del canon bíblico que estaban en la Septuaginta. Cabe señalar también, que tanto católicos como protestantes describen algunos otros libros, como el Libro de los hechos de Pedro, como apócrifos.
Historia de la Biblia: La ortodoxia cristiana
Bart Ehrman denomina a este grupo de cristianos como los “proto-ortodoxos” pues su particular interpretación del mensaje de Jesús prevaleció y con los años se convertirían en la “ortodoxia” cristiana. Entender a este grupo de cristianos es entender cómo se formó el Nuevo Testamento.
La palabra “ortodoxia” proviene de dos palabras griegas orthos (correcto) y doxos (doctrina), es decir los proto-ortodoxos eran aquellos que luego establecerán la “opinión correcta” sobre el mensaje de Jesús.
La Iglesia católica apostólica ortodoxa es una confesión cristiana, cuya antigüedad, tradicionalmente, se remonta a Jesús y a los doce apóstoles, a través de una sucesión apostólica nunca interrumpida. La Iglesia ortodoxa se considera la heredera de todas las comunidades cristianas de la mitad oriental del Mediterráneo.5​ Su doctrina teológica se estableció en una serie de concilios, de los cuales los más importantes son los primeros Siete Concilios, llamados “ecuménicos” que tuvieron lugar entre los siglos IV y VIII. Tras varios desencuentros y conflictos, la Iglesia ortodoxa y la Iglesia católica se separaron en el llamado “Cisma de Oriente y Occidente”, el 16 de Julio de 1054, debido a los cambios propuestos por la iglesia católica apostólica romana, los cuales no fueron aceptados por los ortodoxos católicos. El cristianismo ortodoxo se difundió por Europa Oriental gracias al prestigio del Imperio bizantino y a la labor de numerosos grupos misioneros.
Esta iglesia basada en la biblia ortodoxa, ha sido la misma desde sus comienzos, a diferencia de la católica apostólica romana, la cual ha sufrido transformaciones a través del tiempo de acuerdo con las necesidades socio – económicas de cada país y cada época. La biblia, además, es una recopilación de libros que incluyen mitología sumeria, griega y recuentos de las luchas del pueblo hebreo, lo que demuestra que está lejos de ser un libro sagrado, siendo más bien una recopilación de historias tergiversadas y transformadas por los pueblos de acuerdo con los intereses socio-culturales de cada época y cada región, pero aceptadas por los llamados seguidores de la fe cristiana o judía. Es por esto que la biblia es aceptada como el libro sagrado de las religiones judeo-cristianas.
Esta es, a grandes trazos la historia del libro más vendido en el mundo.

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La concepción del mundo del hombre prehistórico.

 Para que el pensamiento llegue a alcanzar razonamientos abstractos es necesario el lenguaje. Cuando te pones a pensar como serían las estructuras de razonamiento, de un humano de hace 20 o 30 mil años entiendes que no tenían nada que ver con las que utilizamos ahora (moral,  sentido del bien y del mal, amistad). En el supuesto de que hablásemos el mismo idioma los problemas de comunicación serian considerables.

El habla es fundamentalmente, un producto social. El lenguaje precederá al pensamiento e influiría en la naturaleza de éste. la inteligencia se desarrolla gracias a ciertos instrumentos o herramientas psicológicas que el niño/a encuentra en su medio ambiente (entorno), entre los que, el lenguaje se considera la herramienta fundamental. Estas herramientas amplían las habilidades mentales como la atención, memoria, concentración, etc. De esta manera, la actividad práctica en la que se involucra el niño sería interiorizada en actividades mentales cada vez más complejas gracias a las palabras, fuente de la formación conceptual. La carencia de dichas herramientas influye directamente en el nivel de pensamiento abstracto que el niño pueda alcanzar.

En la mente de alguien que vivió hace más de una docena de miles de años, el bosque y todo lo que éste contenía estaba vivo. Todo lo que lo rodeaba lo estaba observando. Espír

itus invisibles susurraban en los movimientos de los árboles. La brisa que le acariciaba la mejilla era el gesto de un espíritu. Cuando en la antigüedad un hombre se aventuraba a entrar en una cueva, tenía la extraña sensación de entrar dentro de su propio cráneo, de aislarse en su propio espacio mental privado. Si subía a lo alto de la montaña, notaba que su conciencia corría hacia el horizonte en todas direcciones, hacia los extremos de cosmos, y se sentía en sintonía con el. Por la noche, creía que el cielo era la mente del cosmos.

Todo lo que le hablaba. Todo era un castigo, una recompensa, un aviso o una premonición. Al recorrer un camino por el monte, sentía intensamente que estaba siguiendo su destino.

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En la actualidad, cualquiera de nosotros se preguntaría: ¿Como he acabado teniendo esta vida que parece tener nada o muy poco que ver conmigo? Esa forma de pensar sería inconcebible para los antiguos, cualquier individuo era consciente del lugar que ocupaba en el cosmos.

Ver un búho no solo era un símbolo que representaba a un dios, sino que era el propio dios. Parte de él o tal vez un dedo acusador.
Es importante entender la forma concreta en que los seres humanos sentían la afinidad con el mundo físico. Creían de un modo bastante literal, que no hay nada en nuestro interior que no tenga su correspondencia en la naturaleza. Por ejemplo, los gusanos tienen la misma forma que los intestinos, y procesan la materia igual que esos conductos. Los pulmones, que nos permiten movernos libremente por el espacio, tienen forma de pájaro. El mundo visible era la humanidad puesta del revés. El pulmón y el pájaro eran expresiones del mismo espíritu cósmico, pero  manifestado de  forma distinta.

¿Cuál es la naturaleza del poder?

 

f443674b-d01c-4520-9c2f-530c1cbe9f53El poder no es la capacidad de ejercer tu voluntad sobre otra persona. No existe ninguna seguridad interior en esa clase de poder. Éste es únicamente un atributo del tiempo y lo mismo que el tiempo cambia, también él lo hace.

¿Estás en posesión de un cuerpo fuerte que no tiene rival? Esa situación cambiará. ¿Qué harás entonces? Posees una belleza física que puedes utilizar para influir en otras gentes? Esa situación cambiará también. ¿Y que harás entonces? ¿Tienes una inteligencia que te permite dominar a los demás a tu antojo? ¿Qué sucederá cuando te encuentres demasiado cansado para usarla, o cuando pierdas esa oportunidad?

¿Qué es lo que significa ser una persona verdaderamente poderosa?

Buscando la verdad.

Erase una vez un hombre que buscaba la verdad.

Un buen día llegó a un lugar en donde ardía una innumerable cantidad de velas de aceite. Éstas se encontraban cuidadas por un anciano que, ante la curiosidad de este individuo respondió que ése era el lugar de la verdad absoluta.

Aquél le preguntó qué significaban sus palabras, a lo cual respondió que cada vela reflejaba la vida de cada individuo sobre la tierra: a medida que se consume el aceite, menos tiempo de vida le queda. El hombre le preguntó si le podía indicar cuál era la de él. Al descubrir que la llama estaba flaqueando, a punto de extinguirse, aprovechó un instante de distracción del anciano y tomó la vela de al lado para verter un poco de aceite de ésta en la suya.Cuando estuvo a punto de alzar la vela, su mano fue detenida por la del anciano diciendo:

“Creí que buscabas la verdad”

Tfj4dlZHmPhCVl6UCkzLAWbP6tE.jpgA veces en la búsqueda de la verdad, cuando creemos encontrarla nos resulta tan difícil asumirla que la negamos… Sucede en la vida, ante traiciones, engaños, infidelidades. Vamos buscando la verdad para confirmar nuestras sospechas y al descubrirla nos sentimos débiles para asumirla, ya que a veces la verdad es tan dolorosa que nos deja paralizados o nos sentimos morir al enfrentarla…  Optamos por negarla, o tomamos la parte que más nos beneficia y dejamos la que más nos perjudica.

Descubrir la verdad puede ser terrible, pero es mucho más doloroso convivir con la mentira.

UNA FLOR ROJA CON EL TALLO VERDE.

 

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Maria era una niña con mucha ilusión que iba a la escuela.
Una mañana la maestra dijo:
– Hoy haremos un dibujo.
– ¡Qué bien! – pensó ella, pues le gustaba bastante dibujar.
Con mucho entusiasmo cogió su caja de colores y empezó a dibujar.
Pero la maestra dijo:
– ¡Esperaos!, no empezáis hasta que os diga qué tenéis que hacer. Bien, ahora dibujaremos las flores de un jardín.
Maria empezó a hacer flores de color rosa, lila y azul. En aquel momento se oyó que la maestra decía:
– Esperaos, yo os enseñaré cómo tenéis que hacer las flores. Así, dibujad una flor roja con el tallo verde.
Después añadió:
– Ahora sí que ya podéis empezar.
La niña miró la flor de la maestra, miró la suya, le gustó más la suya pero, sin decir nada, guardó su papel
y intentó copiar la flor de la pizarra: era roja con el tallo verde.
Otro día la maestra dijo:
-Hoy haremos una redacción.
¡-Qué bien – pensó Maria– Así podré escribiré en las estrellas!
Pero de golpe oyó que la maestra decía:
– ¡Esperaos, yo os diré de qué tenéis que escribir! El tema será: las vacaciones.
Maria se preguntó:
– ¿Porque siempre tenemos que escribir sobre el mismo tema? Pero vano, pondré que en verano las estrellas salen más tarde.
Su pensamiento fue interrumpido por la voz de la maestra que decía:
-Esperaos, yo os diré qué tenéis que poner. Apuntad: lugar|sitio de veraneo (montaña o playa), con quien|quién (padres o amigos), qué medio
de transporte utilizasteis (aéreo, marítimo o terrestre), qué hicisteis, como os lo pasasteis, cuántos días fueron, cuando vais
¿marcharse y cuando|cuándo volvisteis|devolvisteis… Lo habéis entendido? Pues ya podéis empezar.
Maria se puso triste porque con esta pauta no había lugar|sitio por|para sus estrellas y no podía manifestar como|cómo las
admiraba. Pero renunciada|resignada, cogió el lápiz y empezó a responder, uno para|por uno y de forma ordenada, todos los aspectos
que la maestra había estipulado.
Así, la niña comprendió que era más importante hacer lo que la maestra decía que lo que ella quería.
Pero pasado un tiempo, la familia de Maria cambió de población, y por lo tanto, también de escuela.
Uno de los primeros días de clase, la nueva maestra dijo:
– Hoy haremos un dibujo.
Maria se quedó muy tranquila esperando que la maestra dijera cómo tenían que hacerlo.
Cuando la maestra se dio cuenta que Maria no hacía nada, se le acercó y le dijo:
-Porque no trabajas? ¿Qué no te gusta dibujar?
-Sí- respondió- pero estoy esperando que Usted me diga cómo lo tengo que hacer.
-Como tú quieras -le respondió la maestra
¿-y con qué colores?
-Con los que más te gusten.
-No lo entiendo -pensó Maria– y empezó a hacer una flor roja con el tallo verde.

Cultura.

rubon12La cultura no es solamente un ideal, un proceso y un estado, sino también un juego social. El objetivo de este juego es sencillo: mostrarse ante los demás como una persona culta; pero el juego tiene sus reglas y quien no lo haya practicado desde la infancia, después tiene serias dificultades para aprenderlas. ¿Por qué? Porque para poder poner en práctica estas reglas, primero hay que conocerlas. Sólo se nos admitirá en el club de la cultura si dominamos sus reglas de juego; pero sólo en este club podemos aprender a jugar.

Esto es injusto. Pero ¿por qué es así?
Porque el juego de la cultura es un juego de suposiciones. Cuando tratamos con los demás, suponemos que son personas cultas, y a su vez ellos suponen que nosotros los tenemos por tales.
Estas suposiciones son una especie de formas de crédito.
En el ámbito de la moral, el fenómeno es muy corriente; solemos suponer que normalmente la gente es honesta.
Asimismo, la cultura está sometida a un tabú: es inapropiado poner a prueba la cultura del otro como si se tratase de un concurso. Por eso no es aconsejable actuar de este modo:

¿Quién construyó la catedral de Florencia?

¿Qué me dice?

¿No lo sabe?

¿Y dice usted haber hecho el bachillerato?

Este tabú introduce una considerable confusión acerca de lo que se supone que una persona culta debe saber. Y este terreno movedizo causa una inseguridad generalizada que lleva a nuevas suposiciones y a nuevos tabúes.

Otra definición de cultura:
La cultura es un juego social caracterizado por un conjunto de expectativas y de expectativas de expectativas en relación con la cultura de los participantes en dicho juego, quienes no deben hacer explícitas ni las expectativas ni las expectativas de expectativas. Los participantes en este juego han de tener la habilidad de averiguar y cumplir estas expectativas, y, cuando esto no sea posible, evitar que los demás lo noten.
Así, en la cultura, como en el amor, las expectativas son irreales, pues no pueden comprobarse. Ciertas preguntas son tabú: en caso de duda, hay que suponer que los demás conocen determinado contenido cultural y por eso no hay que preguntar por él.
Ciertamente, en una reunión no habría ningún problema en decir:

«Disculpe, ¿podría usted explicarme el segundo principio de la termodinámica? Nunca he logrado entenderlo».

Ante nuestro ruego, seguramente otros exclamarán:

«Yo tampoco»

Y se producirán algunas risitas. El segundo principio de la termodinámica no está entre las cosas que una persona culta debe saber.

Pero plantee usted esta pregunta:

¿Van Gogh?

¿No es el delantero centro de la selección holandesa de fútbol, el que rompió la nariz al portero alemán en el último campeonato mundial?

Si sus contertulios se dan cuenta de que usted está hablando en serio, se quedarán desconcertados, y en adelante intentarán evitarle.
Esto nos lleva a otra definición de la cultura.
La cultura personal se compone de conocimientos por los que no se puede preguntar.
No malinterprete la perplejidad provocada por su pregunta sobre Van Gogh como una muestra de arrogancia por parte de sus contertulios. Dicha perplejidad es más bien el resultado de su desconcierto ante alguien que ha roto el juego de suposiciones propio de la cultura. Esta ruptura los paraliza: de repente, la conversación fluida choca con el muro de la desorientación. Cualquier respuesta que le diesen sería un insulto para usted, y se le trataría como a un leproso. He aquí algunas de las respuestas imposibles:

-No, amigo mío, el Van Gogh del que estamos hablando era un pintor.

Ésta sería la respuesta más directa y, aunque parezca de sentido común, en realidad es una bomba, pues pone de manifiesto que usted es un zoquete y a partir de ahora se le tratará como a un paria.
Otra respuesta podría ser la siguiente:

-No lo creo, pero naturalmente no sé tanto de fútbol como usted.

Esto bastaría para provocar en los demás algunas sonrisas.
Con esta contestación usted aparecería ante ellos como un hooligan, como alguien que está al tanto de todo lo relacionado con este primitivo juego, pero que no sabe nada del arte occidental.
Una tercera respuesta aún más jocosa podría ser: «Sí, pero no fue la nariz, sino la oreja, y no se la cortó al portero, sino a sí mismo».
Esto provocaría una carcajada general y usted, en su confusión, aparecería ante los demás como un imbécil.
Pero como la cortesía prohíbe este tipo de respuestas, sus contertulios se quedarán paralizados y fuera de juego.
Usted no se ha desacreditado ante los demás por poner de manifiesto una laguna cultural, sino porque ha violado las reglas de juego y ha puesto al descubierto los presupuestos implícitos del juego de la cultura. Ha obligado a los participantes en el juego a descubrir y a explicitar lo que hasta ese momento permanecía latente y oculto. Pero ¿por qué resulta tan penoso explicar las reglas de juego y decir lo que hay que saber? ¿Por qué es tan grave poner al descubierto los presupuestos obvios del juego de la cultura?
Muy sencillo: porque estos presupuestos no se pueden fundamentar.
Ni siquiera las personas cultas serán capaces de decirle por qué Van Gogh es uno de los pintores que hay que conocer, mientras que Fritz von Uhde es un pintor al que sólo tienen la obligación de conocer los expertos en pintura, aunque su cuadro Pelando patatas tenga la misma fuerza expresiva que Comiendo patatas de Van Gogh. Pero la obligación de conocer al uno y no al otro es uno de los presupuestos incuestionables que fundan una comunidad.

Otra definición. La cultura es una comunidad de fieles.
Precisamente por ser una comunidad de fieles, la cultura tiene unos textos canónicos. Canon, «vara» en griego, significaba originariamente «regla». Existen unos textos canónicos de esa religión que es la cultura.
Aquellos contenidos culturales que hoy consideramos canónicos no nos los dictan ni los papas ni padres de la Iglesia, sino que son el producto de un largo proceso de selección que sigue prolongándose hasta hoy mismo. Es posible influir en él, pero no dirigirlo.

La cultura es el resultado de un permanente proceso de sedimentación, una especie de morrena terminal, un montón de contenidos depositados por el glaciar de un consenso general. Al igual que los dogmas fundamentales de la religión, este consenso sólo es capaz de instituir una comunidad si no se ve cuestionado.
Ello introduce una división en los hombres entre expertos y legos, integrados y marginados, ya que un grupo sólo puede reconocer su identidad y sus ideales delimitándose claramente de lo que es distinto de él.

Por eso quienes están excluidos de la cultura experimentan el deseo de acceder a ella.

EL PORQUÉ DE LA RELIGIÓN.

La palabra “religión” proviene de “religare”, lo cual significa “atar dos veces”; es decir, doctrina que regla al hombre individualmente y lo liga socialmente. Esta doctrina pude ser teológica, y entonces la religión será teología; también puede ser sociológica, entonces la religión será sociología. Como el uso cotidiano dejó relacionado el concepto de religión con el teológico, lo utilizare de esta manera.

la idea de un ser creador superior al ser humano, tiene un único y general fin: el de brindarle a los pueblos una base moral en que apoyarse con seguridad para hacer que las personas se sientan más seguras, en un sentido tanto mental como físico.

La religión ha cumplido a lo largo de la historia infinidad de papeles, la mayoría fundamentales para el desarrollo de la humanidad, siempre estrechamente vinculada con las bases morales de los pueblos. Todas las decisiones que tomamos las efectuamos sobre la base de nuestros conocimientos, y nuestras creencias, y esto es la materia prima fundamental de la moral. La religión es solamente una herramienta, la cual puede utilizarse de infinidad de formas posibles y está en nosotros aprender a hacer de ella un objeto de bien o de mal. A lo largo de la historia podemos ver los diferentes usos que se le dieron a la religión y sus diferentes resultados. Está pues en nuestras manos nuestro propio destino, los problemas sociales no debemos achacárselos a nadie más, que no sean los seres humanos.

La religión es un conjunto de ideas, las cuales son aceptadas por un conjunto de personas con un mismo fin. Estas ideas han ido desarrollándose a lo largo de los siglos, adaptándose a las necesidades del hombre. Como producto del pensamiento, la religión es algo que está en un cambio continuo, ya que ha medida que pasa el tiempo, el hombre se desplaza tanto temporal como espacialmente, y es quizás esto segundo lo que hace que cambie más el concepto de religión, ya que se va mezclando con las diferentes culturas. La religión tiene una especie de instinto de supervivencia, pues a pesar de que la idea central de la religión continúa constante, (por ejemplo, el cristianismo tiene la Biblia, libro sagrado al cual respetan y aceptan ciegamente, y en el cual están plasmadas las bases de su idealismo) ella debe amoldarse a sus receptores para poder sobrevivir, y hoy en día esto debe de acentuarse más que nunca, pues ha ido perdiendo adeptos, y ya no es más como en la Edad Media en que se imponía la religión de una forma brutal, en donde las personas debían aceptarla a cambio de poder seguir viviendo. Los seres humanos eran sometidos a una solo creencia. Hoy, la religión puede (al menos en culturas como la nuestra) ganarse adeptos de una sola forma: por medio del convencimiento.

Volviendo al principio: El hombre, desde que tiene conciencia de su propia existencia, ha tratado de explicar y explicarse a sí mismo, los hechos que no puede entender  ¿cómo explicar algo que no entendemos? La forma más fácil es la de inventar seres sobrenaturales, que sobrepasen nuestras capacidades, que tengan total poder sobre el universo; he aquí el concepto de Dios. El principio de “espontaneidad”, es el primer punto, en el comienzo de la historia de la religión. Al principio, se creó un Dios para cada suceso natural (fenómenos climatológicos como los rayos, lluvia, vientos, etc.) o cualquier otro fenómeno no explicable, al cual se le rendía culto, obteniendo de esta manera esperanza, necesidad básica del hombre. Aquí se crean los mitos, los cuales son historias fantásticas, que tratan de explicar esto sucesos sobrenaturales. Luego, se decidió pasar del politeísmo, al monoteísmo, concentrando todas las propiedades de todos los dioses en uno solo. He aquí el surgimiento de la religión, el “reflejo fantástico”, la imagen trastornada reflejada en el espejo del entendimiento humano, pues el hombre ve las cosas a su modo, como él cree y a veces (por no decir siempre) no como realmente son. Inventa mundos ficticios, historias fantásticas, de lo que sucede a su entorno y no comprende.

La religión le da sentido a la vida, le brinda a los seres humanos una razón para vivir y una razón para vivir correctamente -como el Dios lo indica- y con felicidad, dándole además una “guía práctica” de normas morales, las que le ayudaran a vivir con esta corrección y felicidad. Esta es la idea de religión para los creyentes, es decir, para aquellos que la apoyan, pero la religión, vista desde un punto de vista “totalmente objetivo”, no es más que una cadena que rodea el cuello del hombre, sometiéndolo a la más profunda esclavitud, ya que limita la acción humana en infinitos ámbitos, y esto, no es más que privar al hombre de la libertad, pues, a pesar de que el hombre puede hacer lo que desee, está siendo amenazado por otro lado, ya que se le dice que si hace esto o aquello, le pasará esto o aquello también, y siempre, todas las acciones que no sean correctas para la Biblia (el las religiones hebraicas), nos mandaran directamente al infierno y allí cumpliremos nuestro castigo por nuestro error terrenal; nos limitan en el momento que nos mienten para que hagamos lo que ellos desean, concepto sagrado en todas las sociedades, ya que todo ser humano lucha por este ideal con mayor fiereza que por cualquier otra cosa.

El tratar de “controlar” a los individuos por medio de la represión mental es la mayor esclavitud, ya que un hombre preso dentro de sí mismo no tiene forma de escapar, pues, ni siquiera es consiente de su encierro, por lo tanto no desea liberarse.

La religión es algo que existió desde tiempos inmemoriales, existe hoy en día y existirá durante mucho tiempo más. La mayor parte de las personas en este planeta creen en alguna religión. Ellos creen, porque necesitan creer, porque el universo o todo lo que pertenece a él supera su entendimiento, porque hay sucesos que no comprenden y quizás se siente inferiores o simplemente ajenos, entonces encuentran la salvación en este ser superior, todopoderoso, en este padre protector, y en su mirada encuentran seguridad. Aquí surge la religión. Aquí surge la historia de la humanidad.

¿Para qué creer en la religión? ¿Para ser una buena persona?, ¿para respetar y querer al prójimo? Puedo ser todo ello sin tener que convertirme en parte del rebaño de Dios. La religión no va más allá de una simple característica de la cultura de un pueblo. A diario miramos la televisión y nos asombramos de las culturas asiáticas, como la islámica, en la que las mujeres deben llevar su cabello cubierto por completo, y nos horrorizamos de su “ignorancia” y nos sentimos contentos de vivir en donde vivimos y ser tan inteligentes y damos gracias por estar tan lejos de ellos, cuando en realidad somos víctimas de la misma alucinación, a nuestra manera, claro, pero alucinación al fin. Nos miramos y nos decimos: no, nosotros no somos así, pero cómo nos equivocamos. Estamos acostumbrados al bautismo, ¿alguna vez se pusieron a pensar qué sentido tiene verterle agua a un recién nacido en la frente, más que el de molestar al pobre niño?, ¿o el casarse por Iglesia, el realizar este acto frente a un supuesto Dios que a veces ni siquiera lo creemos existente? Estas son costumbres que la mayoría de las personas tienen sin preguntarse porqué; bueno, he aquí nuestra ignorancia oculta.

No se necesito la religión, pues la felicidad y la seguridad radica en ser yo mismo”. No necesito saber que existe un paraíso después de esta vida para actuar bien; actúo bien por el simple hecho de hacerlo. No necesito creer en Dios para sentirme seguro, me siento seguro por ser yo mismo.

No me siento inferior porque dios no hable conmigo o por no pertenecer al pueblo elegido y puesto que no he sido dotado con la gracia de saber interpretar las señales, en mi simpleza creo, que si las personas creyeran un poco más en sí mismas las cosas andarían mejor. Nuestro destino los forjamos nosotros mismo, con nuestras acciones, y no con nuestras súplicas y lamentos.

Para mi la religión es un simple fenómeno social, producto de la mente humana como necesidad básica, como solución a problemas mucho más complejos, a los que el hombre aún no le ha encontrado respuesta.

Voltaire, decía que la religión era un invento de los curas para explotar a la humanidad. Y tiene algo de cierto, ya que los “curas” Han utilizado desde siempre la religión como objeto de explotación y control de sus fieles, (De hecho dudo que ningún cura este mas cerca de Dios y de sus bendiciones de lo que pueda estar yo).

¿Por qué la religión?, ¿por qué el hombre persiste en creer en esas leyendas de una manera tan ferviente si no ha hecho más que retrasar al hombre cientos de año en la etapa evolutiva de la humanidad?  La Iglesia carece de fuerza evolutiva propia. En el período histórico en que la Iglesia dominaba los pueblos, la humanidad quedó estancada en un pozo extremadamente profundo. ¿Qué sentido tiene seguir persistiendo en ella como «salvación»?, ¿cuáles son las razones racionales para creer en ella?, ¿acaso la promesa del paraíso? ¿Es tan difícil de entender que existe una orden lógico y que antes de la muerte esta la vida? Una persona que necesita saber de una recompensa por sus buenas acciones en esta vida no es necesariamente «buena», ya que el sólo hecho de actuar correctamente por una recompensa, muestra un cierto interés. Veo más valor a una persona que actúa bien por el solo hecho de hacerlo. Una ateo que actúa bien, es decir, de acuerdo a las normas morales de la sociedad, lo hace porque realmente desea hacerlo, y no por cobardía o conveniencia de que luego, en otra vida, obtendrá sus propios beneficios.

la religión no tiene ninguna utilidad en ninguna sociedad ni en ningún tiempo futuro, ya que las necesidades que pretende cubrir pueden ser cubiertas por el hombre mismo, sin necesidad de basarnos en ninguna norma más que en las que nuestra propia razón nos brinda, y las que están de acuerdo con nuestra sociedad. La religión puede que sea concebida por muchos como una ayuda para los hombres para que se comporten correctamente, pero creo que eso se puede realizar sin tener que creer en más nada que en nosotros mismos.

La religión no solamente ha estancado al hombre en materia de ciencia, sino también en cuanto al desarrollo del pensamiento. Ético y espiritual o metafísico. La religión no nos enseña, ni nos abre caminos para que podamos elegir, simplemente nos muestra un único rumbo, y nos obliga a seguirlo ciegamente, sabiendo de antemano cual será su destino. La religión nos hace permanecer en una idea fija y permanecer en ella hasta nuestra muerte.politica_libertad

Creo que la religión es producto de la debilidad del hombre, más que nada. Su propia inseguridad lo lleva a refugiarse en ella.

 Aquello que el hombre necesita y desea, pero que no puede lograr inmediatamente, es lo que proyecta en Dios.

 

La palabra Dios tiene peso, seriedad y sentido inseparable en boca de la necesidad, la miseria y la privación.

 

Los dioses no han sido adorados por los gobernantes o los sacerdotes, que se valen de ellos, sino por los hombres que sufren.

 

Dios es el eco de los gritos de esperanza de los hombres.

 

(Extracto de textos publicados por Sebastián Rajo).