MEGALITISMO


Hace unos trece mil años, tras el breve calentamiento del Bölling-Allerod, el hemisferio Norte volvió a sufrir una nueva glaciación que se denomina Dryas reciente (Younger Dryas). Las temperaturas de invierno en Europa durante el Younger Dryas volvieron a ser muy bajas y de nuevo llegó el hambre y el frío: ni plantas, ni caza, ni leña.

Este breve periodo glacial, del que se desconoce las causas que lo desencadenaron, terminó abruptamente hacia el once mil setecientos antes del presente. Fue cuando comenzaron a aumentar las temperaturas, lo que no ha cesado hasta el día de hoy. Comenzó el periodo interglaciar en el que ahora vivimos: el Holoceno.

En plena glaciación del Dryas reciente nuestros antepasados comenzaron a construir gigantescos monumentos en piedra: los megalitos. ¿Qué provocó que unos cazadores, recolectores y ganaderos dejaran de pintar cuevas y de elaborar figuritas de diosas obesas y se dedicaran a erigir colosales monumentos? ¿Religión, astronomía, magia, punto de encuentro? Es un misterio más. 

En los inicios del neolítico ya existían algunas sociedades con jerarquía, estructura y castas especializadas, con capacidad de reorganizarse como ‘empresas sociales’, que involucrarían las habilidades cooperativas y el trabajo de un gran número de personas bien organizadas.
En todo el mundo antiguo y la prehistoria El uso de grandes piedras se repite una y otra vez; lo que lleva a preguntar: ¿Por qué la preferencia por el uso de piedras de gran volumen y enormes tonelajes, cuando recurrir a piedras más pequeñas que ergonómicamente serían mucho más eficientes?
Técnicamente, las piedras más grandes proporcionan estructuras con mayor estabilidad y durabilidad, pero a niveles de eficiencia el tamaño excesivo de algunas piedras magnífica en exceso la inversión en tiempo, esfuerzo y mano de obra.

Al especular con factores adicionales con el fin de aportar coherencia a lo que parece un derroche innecesario de recursos, se intuye que cuanto mayor era el tamaño de los megalitos, mayor importancia tendría la construcción y mayor prestigio obtendrían todos los implicados en el proceso de creación.

El número de piedras desproporcionadamente grandes que se mueven a través de distancias innecesariamente largas, sugiere que el origen, la ubicación o la piedra misma tenían propiedades especiales.
La elección del megalito probablemente estaba motivada por sus propiedades minerales, su apariencia y porque no, por la dificultad “el reto” implícito de su trasporte.

El propósito de construir estructuras fantásticamente grandes era aparentemente simple: Unir a la gente a través de un propósito común, al mismo tiempo que reforzar el prestigio social del grupo. La obtención de prestigio fomentaría una competición beneficiosa para el grupo y un reto a superar para los pueblos vecinos. El prestigio aportaba admiración hacia aquel le lo obtenía pero también desprecio hacia aquel que para obtenerlo no utilizase “juego limpio”.

Ubicados en los albores de la historia se podría decir que si el tamaño del monumento refleja la grandeza del constructor, entonces el tamaño y el tipo de piedra a su vez, refleja la grandeza de los albañiles. Hay que matizar que la aparición de grandes núcleos de población entre otros muchos factores, provocaron que el orden social a través del prestigio que perduró durante decenas de miles de años acabó siendo relegado mediante la introducción de nuevos valores de linaje, espiritualidad o poder coactivo.

Muchas rocas fueron elegidas de acuerdo con un diseño preconcebido. No hay que olvidar la concepción animista que en la prehistoria se tendría del entorno; por lo que si la intención del prehistoriador es hacer una lectura espiritual, inmediatamente y por extensión, también podrá especular con todo tipo de conexiones astrológicas. Esto hace que al margen del servicio al que estaba destinada su construcción los monumentos también representasen ubicaciones y valores simbólicos asociados con el paisaje y ciertas cosmologías.
Al margen de los propósitos prácticos y simbólicos de la construcción: El origen de la piedra era más importante que el esfuerzo humano adicional necesario para transportarla al emplazamiento elegido para la construcción del monumento.

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