Bienvenido al camino.


Un anciano acompañado de dos jóvenes adolescentes presentan sus respetos a Ibin.
-Traigo la paz.
-Se bienvenido. ¿Qué podemos ofrecerte?
-Mi nombre es Geres y soy iniciado de Al-Kabilia. He realizado un largo viaje visitando las tierras que vosotros llamáis del mar oeste. Me acompañan mis discípulos Katar y su hermano Seok de la Tribu Áram. Hemos descansado unos días en la aldea Van y deseamos seguir camino de regreso a mi hogar del que partí hace tres años.
-Podéis uniros al camino. El anciano aceptó la invitación agachando ligeramente la cabeza, lo que daba a entender que aceptaba en su nombre y en el de sus acompañantes, someterse a las normas de la caravana y a obedecer la autoridad de Ibid

-La fuerza de dos muchachos siempre es bienvenida y aunque no dudo de tu vigor no veo la necesidad de ponerlo a prueba. Seguro que conoces relatos con los que amenizar los fuegos cuando estemos acampados.
-Estaré muy honrado de contar crónicas inéditas sobre los tiempos del origen.
-Mi sobrino Hillad se presentara ante ti para proveerte de todo aquello que a partir de hoy pueda hacer más cómodo tu regreso a la gran colina.- Ibin se alegro de contar con la compañía de un notable de la gran colina. De hecho proporcionar protección a un notable iniciado llevaba implícito un aumento de prestigio.

Llegada la tarde una vez llegado al punto del camino previsto se detenía la caravana. Los animales eran atendidos se les liberaba de las cargas y se les daba de comer y beber. Todo se revisaba y si había algún desperfecto era el momento idóneo para arreglarlo. Si había leña por los alrededores los niños se apresuraban en recogerla y distribuirla entre sus mayores. A cambio siempre obtenían alguna compensación. En el caso de que la leña fuese escasa los propios niños se dedicaban a lo largo de la jornada a ir acumulándola en un transporte. Las jornadas de marcha no eran extenuantes la caravana avanzaba a distintos ritmos por lo que no era extraño que la cabeza según las circunstancias estuviese a uno o dos días de camino de la cola. Por lo general cuando el sol llegaba a su ocaso todos estaban ociosos era el momento de encender las hogueras comer cantar bailar y contar todo tipo de relatos Todo llevaba un orden concreto y las actividades se realizaban según establecía un tradición que dejaba poco margen a la innovación. Fue al final de la velada cuando los niños y aquellos que les esperaba una dura jornada de trabajo cuando saliese el sol se retiraron a descansar, 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s