(ROJO 40) UN DÍA MÁS


Cuidar del rebaño junto a Hiyad me permitía mantenerme cerca de cabra. Mi trabajo consistía en procurar alimento al rebaño para ello, solíamos avanzar separados del canal por donde el pasto fuese fresco.  Curiosamente el rebaño permanecía unido  por lo que bastaba con “empujarlo” para que fuesen en una u otra dirección.    Pensé que las cabras y los hombres compartíamos espíritus comunes puesto que nos sentíamos más cómodos avanzando en grupos. Con nuestra ayuda los animales conseguían agua y alimento por eso sus espíritus aceptaban que fuésemos sus guías. Del mismo modo los hombres aceptábamos ser guiados por los jefes del Canal.

ENOTAPIZEl trabajo podía pasar de ser muy fácil a complicarse en extremo. Eso implicaba que podíamos limitarlos a caminar al ritmo pausado de la caravana  mientras los animales se apacentaban ellos mismos por el camino,  a tener que ser nosotros los que debíamos recolectar y conseguir espacio en un trineo para almacenar  forraje suficiente para varios días. Conseguir un favor implicaba la obligación de devolverlo. Eso me llevo a ofrecer mis servicios a los guías de carro a cambio de que un trineo  llevase una pequeña carga suplementaria de hierba.

Engrasar las ruedas de algún carro y dar de comer a los bueyes, acabo siento otra de las tareas diarias a realizar cuando la caravana se detenía.  Sabía que nunca volvería al clan del lago. El deseo de Padre era que  me uniese al  pueblo de la gran colina. Y para ello  debía aprender sus costumbres.  Mi espíritu no dejaba de repetírmelo a diario seguramente para justificar mi interés por los prodigios del canal y para vencer el recelo que me imponía estar tan cerca de unas bestias que con un simple golpe de su cola podían romperme una costilla.

Puede que mi descripción de cómo funcionaba la caravana te parezca  escueta o tediosa… en esencia: Si al final de la jornada a pesar de los contratiempos todos habían hecho su trabajo cada grupo podía seguir la marcha al día siguiente. La única norma que todos asumían sin escusa, es que en el muy improbable caso de que cualquiera de los grupos fuese atacado debíamos estar dispuestos a defenderlo. Ser acusado de haber negado ayuda a un canal o ser expulsado, aun ocupando la más humilde de las plazas, era una condena al exilio, que por extensión también afectaba al prestigio del clan al que se pertenecía.

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