UNA FLOR ROJA CON EL TALLO VERDE.


 

escultura-flor-roja

Maria era una niña con mucha ilusión que iba a la escuela.
Una mañana la maestra dijo:
– Hoy haremos un dibujo.
– ¡Qué bien! – pensó ella, pues le gustaba bastante dibujar.
Con mucho entusiasmo cogió su caja de colores y empezó a dibujar.
Pero la maestra dijo:
– ¡Esperaos!, no empezáis hasta que os diga qué tenéis que hacer. Bien, ahora dibujaremos las flores de un jardín.
Maria empezó a hacer flores de color rosa, lila y azul. En aquel momento se oyó que la maestra decía:
– Esperaos, yo os enseñaré cómo tenéis que hacer las flores. Así, dibujad una flor roja con el tallo verde.
Después añadió:
– Ahora sí que ya podéis empezar.
La niña miró la flor de la maestra, miró la suya, le gustó más la suya pero, sin decir nada, guardó su papel
y intentó copiar la flor de la pizarra: era roja con el tallo verde.
Otro día la maestra dijo:
-Hoy haremos una redacción.
¡-Qué bien – pensó Maria– Así podré escribiré en las estrellas!
Pero de golpe oyó que la maestra decía:
– ¡Esperaos, yo os diré de qué tenéis que escribir! El tema será: las vacaciones.
Maria se preguntó:
– ¿Porque siempre tenemos que escribir sobre el mismo tema? Pero vano, pondré que en verano las estrellas salen más tarde.
Su pensamiento fue interrumpido por la voz de la maestra que decía:
-Esperaos, yo os diré qué tenéis que poner. Apuntad: lugar|sitio de veraneo (montaña o playa), con quien|quién (padres o amigos), qué medio
de transporte utilizasteis (aéreo, marítimo o terrestre), qué hicisteis, como os lo pasasteis, cuántos días fueron, cuando vais
¿marcharse y cuando|cuándo volvisteis|devolvisteis… Lo habéis entendido? Pues ya podéis empezar.
Maria se puso triste porque con esta pauta no había lugar|sitio por|para sus estrellas y no podía manifestar como|cómo las
admiraba. Pero renunciada|resignada, cogió el lápiz y empezó a responder, uno para|por uno y de forma ordenada, todos los aspectos
que la maestra había estipulado.
Así, la niña comprendió que era más importante hacer lo que la maestra decía que lo que ella quería.
Pero pasado un tiempo, la familia de Maria cambió de población, y por lo tanto, también de escuela.
Uno de los primeros días de clase, la nueva maestra dijo:
– Hoy haremos un dibujo.
Maria se quedó muy tranquila esperando que la maestra dijera cómo tenían que hacerlo.
Cuando la maestra se dio cuenta que Maria no hacía nada, se le acercó y le dijo:
-Porque no trabajas? ¿Qué no te gusta dibujar?
-Sí- respondió- pero estoy esperando que Usted me diga cómo lo tengo que hacer.
-Como tú quieras -le respondió la maestra
¿-y con qué colores?
-Con los que más te gusten.
-No lo entiendo -pensó Maria– y empezó a hacer una flor roja con el tallo verde.

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