Las Plazas.


El espacio central  o plazas son el centro por excelencia de la vida en Al-Kaabilia. En ellas se desarrollan gran cantidad de actividades sociales, culturales políticas y religiosas.   Al ser lugares de encuentro, albergan actividades lúdicas y festivas: juegos, espectáculos, mercadillos o cualquier acto público imaginable. Pero, su función principal (en los espacios exteriores) es la de crear  vínculos de relación y comunicación con el fin de crear una conciencia de pertenencia al grupo  más allá del entorno de la propia  tribu y un código de símbolos y palabras comunes entre la gran mayoría de clanes.

toldadoIdealización de una plaza interior en Al-Kaabilia. En verano se alternan espacios de sol y sombra. En los periodos invernales se acoplarían  paravientos  y  braseros. que harían el espacio mas confortable.

En Al-Kaabilia tanto la población como los peregrinos están sometidos a una clara segregación en lo que se refiere a la transmisión de conocimientos. El conocimiento persigue un fin. Aquel que no vive involucrado en cumplir la misión trascendente que se le ha encomendado al hombre, no está obligado a renunciar a su naturaleza animal ni requiere ser expuesto a conocimientos peligrosos.


¿Qué sentido tiene resolver complejos matemáticos? ¿De qué sirve construir motores edificios y civilizaciones si desconocemos cual es el objeto que trasciende de nuestras acciones en la tierra? 
En los últimos cientos de años hemos alcanzado un alto grado de conocimiento (Los ingenieros un poco más) Sabemos mucho sobre el “como” parece que pocos son los que alcanzan a preguntarse sobre el “porque”. Si renunciamos a la búsqueda de respuestas nuestros logros tecnológicos más sobresalientes, no nos separan en mucho de una hormiga común. “Hacemos lo que hacemos porque sabemos” sin cuestionar el sentido de nuestras acciones. La ciencia resuelve problemas complejos, pero la humanidad prefiere no hacerse preguntas complejas.


 

Dentro de los muros de la ciudad Existen dos grupos generales. El primero lo componen los notables que desde niños son educados en el conocimiento y dedican su vida a acumularlo y a reflexionar en cómo utilizarlo, y transmitirlo de un modo más eficaz. El segundo grupo se constituye de ancianos procedentes de clanes vecinos o lejanos. Que son acogidos cuando se muestran incapaces de seguir  el régimen nomádico del clan.

Es tradición que los ancianos acaben sus días en la ciudad  donde todas sus necesidades están cubiertas. Los motivos por los que la tribu renuncia a sus hombres más sabios es que estos ya acumulan serios problemas para desplazarse al ritmo que del resto del grupo y los cuidados que requieren no siempre pueden ser atendidos. En consecuencia una vez se manifiestan los primeros signos de haber llegado a una edad avanzada, lo más común es que en dos o cuatro años el anciano fallezca.  Mientras que En Al-Kaabilia su esperanza de vida se prolonga incluso 10 años. A ojos de los clanes traspasar los muros de Al-Kaabilia es sinónimo de alcanzar un grado superior de existencia del que asumen no se puede descender. Un estado más propio de espíritus que de personas. Otro aspecto Más lúdico que metafísico era que en la ciudad existen otros muchos “colegas” con los que conversar sobre temas de los que en su clan solo podía aspirar a hacerlo con su discípulo.

 

Ha de quedar claro que en Al-Kabilia no se pretendía conducir a la humanidad a ningún lugar Ni aspiraba a trasmitir sus conocimientos a nadie que no perteneciera al colectivo Kaabolo.

La  trasmisión cultural no se realizaba de “uno a uno” (maestro > discípulo) sino de “uno a muchos”.  En un tipo de relación, el anciano de un clan procuraba transmitir todo su conocimiento al discípulo. Eso incluía tanto su ciencia, como sus dogmas y creencias erróneas. Mientras que en las plazas de Al-Kaabilia, existía debate continúo entre los maestros. Los discípulos bebían no de una única fuente de conocimiento sino de muchas y contrastadas. El conocimiento erróneo y el dogma eran identificados y suprimidos de las ideas que se compartían en el interior de la ciudad. Al- Kaabilia, no tenía ningún interés en nada que no estuviese adentro de su mundo. Se aprovechaba del entorno abasteciéndose tanto de los recursos como de las personas del exterior. Favorecía las condiciones de vida de sus vecinos pero no interfería en la cultura particular de los clanes con los que contactaba.

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