Efectos evolutivos de la glaciación


Cuando el Yin llega a su extremo, surge espontáneamente el Yang como un punto de luz dentro del Yin. (Proverbio taoísta).

El universo es el fruto de dos fuerzas extremas: el hielo cósmico y el fuego . (Hans Hörbiger)

Esta cosmogonía está relacionada con mitologías como la: Germánica (hielo/fuego), Maniquea (oscuridad/luz), Gnóstica (materia/espíritu), Taoísta (Yin/Yang)

El universo se concibe como un campo de batalla en el que  fuerzas antagónicas combaten, interactúan, se repelen, se atraen y neutralizan ,  llegando a crear aunque inestable una cierta hegemonía,  que no es más que una representación  de la clave de la vida.

Las tradiciones antiguas asociaban lo celeste con lo masculino y lo terrestre con lo femenino. La balanza de hielo-fuego ha ido cambiando en nuestro planeta a lo largo de su historia geológica. Durante el periodo Criogénico (hace 850-630 millones de años) los glaciares llegaron a los trópicos y probablemente todo el planeta era como una inmensa bola de nieve que brillaba intensamente reflejando la luz del sol breves periodos interglaciares.

periodocriogenicoRespecto el aspecto que debió haber tenido nuestro planeta durante el periodo Criogénico, La capa de hielo medía aproximadamente 1 km de grosor en las costas (mucho más en el interior continental). Las temperaturas en todo el planeta no superaban los -40º, no existía agua en forma líquida o gaseosa y las únicas nubes eran de origen volcánico, ya que cualquier posible humedad había sido congelada. Toda la luz solar era reflejada hacia el espacio por el hielo y la nieve. Después de esta aparente victoria del hielo, en la que murieron la mayor parte de seres vivos, las condiciones reverdecieron, el hielo se fundió y tuvo lugar la llamada “explosión cámbrica”, un estallido de biodiversidad durante el cual aparecieron los primeros animales acuáticos (cnidarias, seres gelatinosos como las anémonas, los pólipos y las medusas). Poco después, la tierra firme sería colonizada por los primeros invertebrados terrestres.

Actualmente nos encontramos en el Holoceno, un periodo interglaciar que comenzó hace unos 12.000 años con el fin de la glaciación de Würm. Los glaciares se encuentran en retroceso, pero no hay motivo para pensar que el hielo no volverá a avanzar, ya que ésa ha sido la tónica durante todo el Cuaternario.

Lo que plantea el presente artículo en lo referente a las ofensivas del hielo, es su papel evolutivo sobre el ser humano.

Del mismo modo que el negro Yin siempre alumbra un punto de blanco Yang en lo más profundo, el frío, el hielo y la oscuridad han tendido a forjar razas humanas de luz y de fuego.

¿Mejoró el hielo a la humanidad?

En los climas cálidos, el sustento diario no es difícil de conseguir. Darle una patada a un cocotero, arrancar un tubérculo, recoger unas nueces y cazar animales de tamaño modesto, no supone un estímulo evolutivo demasiado grande. Entre los cazadores-recolectores de las zonas calurosas del planeta, hay mucho tiempo libre la vida es en cierto modo contemplativa. Sin embargo, en las proximidades del frente glacial, en Europa y en Siberia, las condiciones de vida eran muy distintas y no perdonaban la más mínima negligencia. Miles de individuos debieron morir de hipotermia y con los miembros gangrenados por el frío. Las comunidades humanas supervivientes se vieron obligadas a adaptarse renovando su código genético, o perecer

estepa koolNos enfrentamos  a dos modos de concebir la existencia humana claramente irreconciliables. Lejos de provocar un estancamiento de la evolución, la glaciación favoreció la diversidad y las mutaciones en el genoma humano, especialmente en las zonas más expuestas a los efectos del hielo.

En los climas templados, los débiles pueden subsistir, ya que la oferta de productos vegetales es muy abundante y la recolección no es una actividad física y psicológicamente demandante. Pero en los climas fríos, debido a la escasez de alimentos vegetales y la necesidad de cazar y abrigarse, aquel que no sea fuerte e ingenioso, muere.

En un clima frío es imposible sentarse en el suelo con un taparrabos y pasarse horas y horas viendo el aire pasar; impera la acción, la voluntad humana. El comportamiento depredador y el deseo de vivir se ven intensamente estimulados.

Dejando a un lado aquellos que por disfrutar de un clima ideal carecen de otro aliciente que ver salir el Sol cada mañana, nos centraremos en el concepto del Animal/hombre.

En las tundras y estepas de Europa y Asia Central, no había mucha disponibilidad de productos vegetales, lo que había era inmensos mamíferos (mamuts, bisontes, uros, etc.) que constituían una caza excelente para aquel capaz de cazarlos. Por otro lado, el frío tiende a impedir toda fermentación, a su vez necesaria para poder procesar grandes cantidades de alimentos vegetales. El consumo de productos animales cocinados tuvo un papel determinante en la evolución de la raza humana. Los enormes avances evolutivos hechos gracias al aumento del consumo de alimentos animales en la dieta, son un efecto directísimo del frío extremo que Obliga a cazar. Y cuando digo que “obliga a cazar”, me refiero no sólo a todas las cualidades estratégicas y paramilitares seleccionadas por la caza, sino también a que se adquirió una psicología de ir a arrebatar por la fuerza lo que se necesitaba para vivir: una forma de vida basada en la iniciativa y la depredación. Así como en climas meridionales la tierra era tan abundante que en cierto modo estaba todo hecho, en el Norte el pan de cada día no crecía en los árboles (literalmente), sino que era necesario superar pruebas muy arduas para acceder a el. Esto tiene una contrapartida moderna, según la cual las sociedades tropicales tienden a esperar “vivir de rentas”, que alguien (generalmente el Estado o el azar) les dé gratuitamente lo que necesitan, mientras que las sociedades nórdicas tienen una mentalidad según la cual hay que trabajar y sacrificarse para merecer vivir.

Desde el punto de vista opuesto podría alegarse que Lo que la propia naturaleza pone a disposición del hombre debería ser suficiente para vivir en plenitud y que el error consiste en la acumulación compulsiva de más recursos de lo que  te corresponden, aún a costa de perjudicar gravemente a “otros”.

El frío promueve la formación de comunidades reproductivas aisladas. Una glaciación es una dura prueba para la ramificación y diversificación de la especie, ya que los hielos tienden a aislar comunidades humanas en bolsas geográficas. Estas bolsas, cercadas por glaciares montañosos y por el casquete polar, fueron verdaderos calderos de transformación genética y alquimia evolutiva, puesto que estas ramas genéticas endogámicas eran más proclives al retroceso evolutivo que a su avance. Sin duda miles de núcleos humanos desaparecieron por la falta de una diversidad genética “adecuada”. No cabe duda que aquellos que sí superaron este hándicap salieron muy preparados para defender su modo de entender la existencia.

Los inviernos despiadados obligan a planificar, a pensar en el futuro y a anticiparse a los acontecimientos (por ejemplo en lo que respecta al almacenamiento y administración de víveres), a desarrollar una mayor comprensión del mundo que rodea al hombre, a acumular conocimientos vitales en forma de tradiciones perdurables, a no relajarse ante la bonanza y a buscar el beneficio común a largo plazo (alianzas)  antes que la gratificación individual inmediata. Por todos estos motivos, las cualidades que sin duda resultaron más potenciadas en los territorios más afectados por la glaciación fueron la astucia, la disciplina, la sencillez, el altruismo, la dureza y la fuerza de voluntad.

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