PREGUNTAS TRASCENDENTES, RESPUESTAS SIN SENTIDO.


¿Qué sentido tiene el saber?

¿Por qué hay algo en vez de nada?

¿Cómo se sabe lo que hay que saber?

¿Cómo se explica la naturaleza humana?

¿Cuáles son las grandes preguntas de la vida?
¿Cómo determinar lo que está bien y lo que está mal?

¿Por qué el pan de molde es cuadrado, si el choped, salami, mortadela… son redondos?

Puesto que mi formación académica no ha alcanzado el grado superior, disfruto con la experiencia de seguir mis propias líneas de pensamiento, sin las referencias de aquellos que en su día dieron un testimonio, que ahora es doctrina.
Es gratificante en extremo leer las teorías de un señor que hace años o siglos llego a las mismas conclusiones que he llegado yo, sin estar influenciado por sus ideas. (Es algo que ocurre en menos ocasiones de las que me gustaría pero ocurre).

En un mundo carente de una cultura evolucionada, no había que ser un pensador de élite para formular preguntas trascendentales y encontrar las repuestas más elementales.

GBdVEwxJis0A día de hoy, con todo el conocimiento que acaparan nuestros pensadores contemporáneos, no se ha conseguido estar mucho más cerca de responder a las preguntas pendientes.
Si en todo este tiempo no hemos con seguido grandes respuestas, ¿qué sentido tiene esa búsqueda? Es evidente que necesitamos satisfacer nuestra curiosidad. Creo que sería un desastre disponer de las repuestas a todas nuestras preguntas, porque dejaríamos de tener retos a superar.

Como no soy un ejemplo a seguir a la hora de crear pautas para conseguir el éxito social me permitiré exponer mi concepto de aquello que da sentido a mi concepción del mundo.
Según mi punto de vista solo son formativas aquellas experiencias que has llegado a digerir. Las teorías filosóficas pueden marcar un camino en la búsqueda. También puedes recurrir a parchear por medio de la religión aquellas incógnitas que van más allá de lo comprensible. Pero el conocimiento interior solo se consigue cuando la información que se recibe es digerida por uno mismo. Retener conocimientos que no comprendes es como comer cartón; te llena la tripa pero no nutre tu organismo.
Los humanos no somos nada más que animales socialmente evolucionados. No es que pretender ser el macho alfa sea menospreciable pero es un privilegio de uno a costa de muchos.
Soy orgulloso prepotente egoísta pero ya no me rio de los demás, respeto la mayoría de opiniones, no siento envidia ni de aquellos que tienen una categoría social superior a la mía ni de los que me superan en capacidad para entender el funcionamiento del mundo o de “la esencia de un todo”.
Mientras escribo llego a la conclusión de que correr más, saltar más, ser el más ágil solo te permite llegar a los sitios un poco antes que el resto.

Siendo consciente de mí mediocridad necesito encontrar un sentido a mi existencia que impida que un momento de lucidez me impida caer en una depresión y cortarme las venas cuando me enfrento a enigmas como:

¿A dónde vamos hoy?

¿Qué hora es?

¿Cómo estás?

¿Quién es?

¿Qué hay de comida?

Muchos de los aspirantes a macho alfa, líder, triunfador. Dedicaran su vida a cumplir las reglas del sofisticado juego de ajedrez que es la vida. estudiando técnicas, desarrollando otras nuevas y haciendo trampas si es necesario, para someter y no ser sometido.

Todo está pensado y por ello el cometido de algunas de las mentes más brillantes se dedican crear preguntas y suministrar las respuestas para que así la masa no pierda el tiempo pensando y pueda dedicarse a producir.

Los fractales, las teorías políticas, la genética, el psicoanálisis… Cuando solo conocemos la apariencia superficial de las cosas ocurre que al mirar las estrellas y ver una área vacía aceptamos sin dudar la palabra de alguien que nos certifique la ubicación de un agujero negro.
Creemos y seguimos a aquel que grita más fuerte que puede solucionar nuestros problemas sin planteamos que posiblemente, nadie como uno mismo, sabe cómo solucionarlos de la manera más eficaz.

Si tus convicciones se apoyan en conocimientos que no dominas, acabas aceptando como cierta cualquier información.

Vivir en la sociedad occidental implica estar sometido a una influencia permanente a las fuentes de información. en cierto modo nos asemejamos a bibliotecarios; conocemos cada uno de los títulos y los autores de los miles de volúmenes de nuestra biblioteca, pero en el mejor de los casos jamás hemos pasado de ojear el interior de algunos libros. Sin embargo, nos creemos con criterio suficiente para opinar de cualquier cosa. Aunque en los contados momentos de lucidez que se nos presentan seamos conscientes de que  nos limitamos a intercambiar recipientes vacíos de contenido.

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