De príncipes y mendigos.


Rajoy Pedro-SánchezA Maquiavelo, autor de El príncipe en el siglo XVI, se le reconoce como el padre del moderno arte de gobernar, porque aconsejó a los príncipes renacentistas, que ignoraran los estándares aceptados de lo que era la virtud e incurrieran en el mal cuando fuera necesario. No reconocía ninguna autoridad más elevada que el Estado, así que los consejos que les daba a los príncipes eran… en fin, maquiavélicos. Admitió sin empacho que consideraba una virtud todo aquello que permitiera que el príncipe sobreviviera políticamente. Aunque para el príncipe es mejor que le teman a que le amen, debe evitar que le odien, pues eso puede poner en peligro su poder. Lo mejor de todo es perseguir despiadadamente el poder aparentando ser honrado.

¿Un poco corto?

Pues le añado un dicharachero texto sobre el poder judicial:

Una mujer denuncia a un hombre por haberla difamado, y los cargos consisten en que la ha llamado “cerda”. Se declara que el hombre es culpable y le obligan a pagar los daños y perjuicios. Tras el juicio, el hombre le pregunta al juez
– Significa esto que ya no podré llamar “cerda” a la señora Harding?
El juez dice:
– Exactamente.
– ¿Y tampoco puedo llamar señora Harding a una cerda?
– Si quiere, puede llamar señora Harding a una cerda. Eso no constituye delito alguno.
El hombre mira a la señora Harding a los ojos y le dice:
– Buenas tardes, señora Harding…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s