A propósito de la novela KAABA.


Son muchas las personas que incapaces de leer mi novela, por lo complejo que resulta asimilar los conceptos que pretendo transmitir, (Evidentemente por lo enrevesado de mi particular narrativa).  Me preguntan  -¿De qué trata la Kaaba? Entonces es cuando en mi cabeza se abre un espacio en blanco en el que espero que se aloje una explicación breve clara y satisfactoria a algo que considero excesivamente complejo para una mente castigada por el abuso de las drogas y  todo el plomo que llevo acumulado por causa de la contaminación.

En la persecuciónPuesto que el argumento de la novela se cimienta sobre el contexto de la iconografía espiritual del mundo árabe. Considero necesario aclarar algunos conceptos y recomendar a quien esté interesado en la novela que la lea directamente.

Ya en tiempos de los romanos, las caravanas de camellos atravesaban la antigua Arabia para conducir los perfumes de Yemen a Egipto, Siria y Mesopotamia. En medio del árido desierto, en un angosto valle ubicado en las cercanías de la costa oriental del Mar Rojo, entre rocas desnudas y escarpadas, se levantó la pequeña ciudad  de Meca a orillas de un legendario pozo en el que se decía jamás faltaba el agua.

Para los musulmanes La Meca es el centro del mundo, el ombligo de la Tierra el omphalos: símbolo del centro cósmico donde se crea la comunicación entre el mundo de los hombres, el mundo de los muertos y el de los dioses),  tal como el templo de Delfos lo fue para los antiguos griegos y el monte Moriá para los hebreos.

Meca es la capital geográfica y mágica del Islam, donde esta ubicado el santuario de la Kaaba.

tumblr_mcjxxeIOoM1rhthrwo1_500Alrededor de este misterioso tabernáculo se ha construido “la Gran Mezquita”. La kaaba es un capilla de estructura cubica, cuyos cuatro lados se encuentran alineados con los  puntos cardinales del planeta. Está construida con grandes bloques de piedra unidos con argamasa. Una única entrada conduce a un interior sombrío en el que tres columnas sostienen una techumbre de la que penden numerosas lámparas labradas en oro y plata. En el exterior  en el ángulo oriental del recinto y a metro y medio sobre el nivel del suelo se encuentra encastrada la genuina “Piedra Negra” que los pueblos nómadas del desierto arábigos adoraban, desde tiempos inmemoriales, como a un dios caído del cielo. La misteriosa reliquia constituye para los musulmanes de hoy el referente que señala la ubicación exacta del centro espiritual de la Tierra.

La Kaaba se encuentra cubierta con un enorme  brocado negro, bordado con inscripciones coránicas que es renovado cada año. Esto favorece la creencia cuando la Kaaba es mostrada en fotografías que en lugar de una construcción se trata mas bien de un colosal monolito negro.
Mucho antes de la llegada del islamismo, la Meca era un punto donde las caravanas llegaban y partían hacia lugares lejanos cada uno de los clanes familiares  realizaban en el antiguo templo el culto de sus propios ídolos, Para dar gracias por llegar a casa sin incidentes o rogar protección para aquellos que partían. La veneración que los habitantes del desierto profesaban  a sus ídolos hizo que el lugar llegara a transformarse en un importantísimo centro de peregrinaciones

El Profeta de Alá

El fundador del Islam nació en La Meca en el año 571 D.C. inspirado en las tradiciones judaicas y cristianas, en torno al 610 comenzó a predicar, los fundamentos de lo que llegaría a ser la fe islámica. Las castas dominantes de la ciudad, rechazaron el nuevo impulso religioso temiendo que éste llegara a socavar las bases de su preeminencia social y económica. Por esta razón, el Profeta y el puñado de discípulos, tuvo que huir a la vecina localidad de Yathreb, llamada desde entonces Medinet-el-Nabi (la Ciudad del Profeta o Medina) en el año 622  esa fecha ha quedado grabada a fuego en la memoria de los musulmanes con el nombre de la “Hégira”, o la “huida”, que es el comienzo de la era mahometana. A los pocos años la cruzada de Mahoma tuvo éxito y logró convertir, uno tras otro, a los distintos clanes que se encontraban fragmentados los pueblos árabes.

totusMahoma se presentó ante los sacerdotes Hebreos y cristianos como enviado para transmitir los deseos del dios único que era común para las tres religiones. Los cristianos no estaban dispuestos a admitir un nuevo socio ya que estaban plenamente asentados y continuaban expandiéndose. Los  sacerdotes hebreos por su parte no se podían permitir que una religión modernizada y adaptada a la época del momento robase más fieles a una religión basada en los privilegios de unos pocos elegidos frente al populacho que representaban los gentiles.

En consecuencia  cristianos y hebreos ignoraron a Mahoma como profeta;  este ofendido ordeno que los musulmanes en lugar de realizar sus oraciones orientadas hacia Jerusalén lo hicieran en dirección a La Meca como centro y capital del nuevo culto, pese a que sus discípulos más cercanos esperaban que el honor recayese en la propia Medina o, en su defecto. Desde aquel entonces, una vez asentado el Islam (palabra que significa “sumisión” a la voluntad de Alá), millones de musulmanes en todo el mundo se arrodillan cinco veces al día en dirección a ese omphalos que es el santuario de la Kaaba. Además, cada creyente adquiere la obligación de peregrinar al santuario al menos una vez en su vida si su salud y sus medios se lo permiten.

Esta peregrinación (Hajj) constituye una de las cinco columnas de la fe islámica junto con la conocida “profesión de fe”, cuya célebre fórmula es “no hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta”; el ayuno, que se celebra en el mes de Ramadán, el noveno del calendario lunar; la limosna (Zakâh) y la oración (Salâh).

La Piedra Negra

¿Pero qué es la “Piedra Negra”? La tradición islámica afirma que esa piedra sagrada fue entregada a Adán después de la expulsión del Paraíso para el perdón de sus pecados. Por otra parte, el Corán (“lectura”, “enseñanza”, “discurso”) cuenta que el mismo Abraham, el antiguo patriarca venerado también por judíos y cristianos, secundado por Ismael, hijo suyo y de la esclava egipcia Agar, levantó los cimientos de la Kaaba como una réplica de la “Casa de Dios” en el cielo. De hecho el nombre Kaaba significa “casa cuadrada” o “cubo”, por lo que el conjunto viene a ser un intento por representar la morada terrestre del Dios celestial.
A nivel simbólico dicho sea de paso, y sin entrar en profundidad con divagaciones sobre la geometría sagrada, el cuadrado ha sido frecuentemente asociado a la cruz y al número cuatro, que es una cifra fundamental de lo femenino, el elemento pasivo del universo. El cuadrado es, básicamente, una representación de lo estático e inmóvil del mundo, un símbolo de la Tierra, de la materia propiamente tal, de lo corporal, de los cuatro puntos cardinales, los cuatro elementos, y también de las cuatro inspiraciones posibles que confluyen en la vida humana, es decir, el bien y el mal, lo angélico, lo propiamente humano.
Por otro lado los pueblos pre-islámicos creían, desde tiempos muy remotos, que la Piedra Sagrada fue entregada a la humanidad para que los seres humanos pudieran elevarse hasta los dioses.
De modo similar al Arca de la Alianza de los hebreos y al Grial cristiano, se creía, y aún se cree, que la Piedra Negra de la Kaaba traía a la Tierra alguna clase de energía cósmica capaz de metamorfosear las condiciones del entorno. Se pensaba que de un modo u otro alguna clase de sabiduría se hacía accesible a través de las energías que de ella emanaban (energías que abrían, tal vez, una especie de “portal”). También expresaban estas tradiciones la idea de que la roca, que habría sido blanca en su origen, se tornó negra por los pecados de los hombres.
Hoy en día los peregrinos deben cumplir una serie de ritos entre los cuales está la obligación de dar siete vueltas al santuario y es posible besar la misteriosa piedra empotrada en sus muros.

En algún momento de las ceremonias éstos, venidos desde todas partes del mundo, deben apedrear unos pilares que representan al Diablo, costumbre pre-islámica que fue observada también por Mahoma en su tiempo y conservada entre sus seguidores. Este dato es importante para lo que viene.
¿Qué clase de fuerza es, pues, la que se supone buscan quienes realizan el hajj? (Peregrinación a la Meca)
Evidentemente, las multitudes ignoran por completo el misterio que está encerrado en la Piedra Negra. Pero es posible imaginar que los antiguos iniciados habitantes de esas tierras (incluido Mahoma) sí lo sabían, o por lo menos lo intuían, las antiguas catástrofes que modelaron la superficie actual del planeta.
Pues bien, efectivamente la Piedra Negra vino del cielo ya que es un aerolito. La geografía de la Tierra está llena de cicatrices producidas por la caída de meteoritos, algunos de ellos gigantescos. Muchos de los eventos que generaron estos cuerpos celestes al caer al planeta liberaron una energía decenas de veces más grande que la producida por las bombas nucleares. No es difícil imaginar las consecuencias que esta clase de sucesos cósmicos tuvieron para el desarrollo de la vida en la Tierra. Continentes enteros han desaparecido por su causa: tenemos hipotético caso de la Atlántida en el océano que conmemora su nombre. También el de las míticas tierras de la Lemuria antigua. Está asimismo el recuerdo de un “gran diluvio universal” cuyo eco resuena en la memoria de todos los pueblos de la Tierra, y las leyendas de civilizaciones desaparecidas, entre otros. En estos casos se trata de eventos originados en causas internas: glaciaciones, actividad volcánica, etc.
vacioLa historia oficial del hombre pertenece a un tiempo específico que no es más que un fragmento de toda la historia de la Tierra. Ésta, a su vez, se inserta en la historia mayor del sistema solar, la cual se inscribe en el gran registro de la inconmensurable historia del universo, y así sucesivamente. Desde el punto de vista humano las interacciones de la historia particular del hombre con el cosmos responden más o menos al mismo patrón que la que las que se dan entre la vida de una hormiga y la Vía Láctea. La realidad material del universo permite que la mente humana se proyecte, buscando las elusivas respuestas respecto al sentido de la vida, hasta el infinito.
Sin embargo, esas respuestas no descansan en los espacios infinitos, sino en el interior del alma humana. Es allí donde hay que buscarlas. Es el espíritu humano, no el cerebro físico –el cual es sólo un instrumento limitado, meramente un puente, El que posee la clave para interpretar correctamente la realidad del universo.
Efectivamente hubo en el pasado del hombre colosales cataclismos que modificaron sustancialmente las condiciones de la vida en el planeta. Es posible que otras humanidades, ya no sólo civilizaciones, sino otros hombres del todo diferentes a nosotros, hayan desaparecido por causa de tales catástrofes. Y es razonable suponer también que a nuestra humanidad le espera, en un futuro que en el presente no nos es posible dimensionar, un destino similar. Eso explicaría, entre otras cosas, la presencia universal de las tradiciones apocalípticas que nos advierten del peligro que supuestamente acecha a la vida humana en todo momento y lugar.

La “Caída”

El recuerdo universal de tales hecatombes trae a nuestra mente también la catástrofe que las mitologías más antiguas recuerdan como “la caída”, que coincide con la expulsión de Adán del Paraíso o el término de la “Edad Dorada” el cierre de una “abertura” que supuestamente comunicaba al hombre con el mundo divino, una secesión de la clarividencia ancestral humana que da  inicio a un nuevo ciclo.

Este acontecimiento, dicen las tradiciones basadas en la Biblia, abre las puertas a la Edad de Satán, el cual es, en la tradición islámica, Shaitân o Iblïs, el jefe de los espíritus malignos, de los djinns (genios -o ángeles-) rebeldes, que descarrían a los hombres y se oponen a los profetas.

Respecto de estas entidades perturbadoras cuenta el Corán que cuando intentan inmiscuirse en los asuntos celestes son rechazadas por las estrellas fugaces (o meteoritos).

Pues bien, cabe hacerse la pregunta: ¿era la Piedra Negra una de estas estrellas fugaces lanzadas a la Tierra por el Dios supremo, Alá, con el objeto de ahuyentar a Shaitân? ¿Es posible concebir la mineralidad de nuestro astro como una estrategia del “cielo” para exorcizar a los ángeles insurrectos? Y en relación a las sucesivas catástrofes planetarias, a las que es posible “culpar” de un supuesto desvío del eje de la Tierra, de una alteración del campo magnético terrestre que puso en marcha los procesos tectónicos de la deriva continental y la alternancia de las estaciones, etc., ¿tenían que “olvidarse” los habitantes de la Tierra del mundo divino del que descendieron para explorar y dominar el planeta en el que debían “crecer y multiplicarse” a objeto de cumplir con la misión cósmica que se les ha confiado?
El caso es que esas hecatombes dejaron hondas huellas en la conciencia arquetípica de la humanidad. A partir de entonces, todas las cosmogonías hablan de un “desastre cósmico”. Todo esto, de un modo u otro, calza con el hecho de que todos los pueblos de la Tierra, incluyendo las tres grandes tradiciones monoteístas que vieron la luz entre los pueblos semitas, hayan intuido que existe una íntima relación entre una “realidad superior” y una fuerza que, de un modo u otro, se plasma en la sustancia mineral del planeta. Basta recordar Stonehenge y otros lugares semejantes.
Curiosamente, una de las interpretaciones que se hacen respecto al Grial dice que se trata de una “piedra” (lapis exilis), presuntamente una esmeralda, que cayó a la Tierra luego de un combate en los cielos. La piedra habría pertenecido a la corona de Lucifer. Esta piedra podría relacionarse también con la “piedra filosofal” de los alquimistas que representa la unión del hombre con Dios. El Arca de la Alianza, por otro lado, que era un símbolo vivo de la presencia de Dios entre el pueblo hebreo, guardaba las llamadas Tablas de la Ley -escritas en “piedra”-, entregadas a Moisés en el monte Sinaí.
De modo que una y otra vez nos encontramos con que “algo”, una bendición, un conocimiento, una ley, una manifestación de fuerzas concentradas, se trasmite al hombre por medio de “piedras”, es decir, por medio de la sustancia mineral de la Tierra.
Las piedras, debido a su firmeza, a su inalterabilidad, representan la potencia de lo eterno, de lo imperecedero, capaz de transmitir vida. En la mitología griega, después del diluvio, los hombres nacieron a partir de las piedras que sembró el hijo de Prometeo, Deucalión, personaje que se relaciona con el Noé bíblico. También el culto mistérico a la diosa Cibeles poseía una piedra negra sagrada.
Las piedras, especialmente las “caídas del cielo”, representaban protección, fecundidad, vida y unidad o alianza entre el mundo divino y el humano. Claramente esto último guarda relación con las ya citadas inspiraciones no humanas que confluyen en la vida del hombre -esto es, la divina, la angélica y la demoníaca-, que en conjunto determinan el destino del hombre en la Tierra.
Teniendo esto en cuenta resulta más sencillo explicarse la inveterada costumbre de los árabes de adorar la Piedra Negra de la Kaaba.
Al fin y al cabo el Grial, las Tablas de la Ley, las construcciones megalíticas, la Kaaba misma, representan esa parte de la naturaleza humana que es capaz de ponerse en sintonía con lo divino.
Pero el espíritu que se queda en la piedra se petrifica, mientras que el que recibe lo que la “piedra” le entrega, lo que ésta le transmite, acepta la invitación que desde lo alto se le hace: espiritualizarse, divinizarse, transformarse en dios para ser capaz de mirar a Dios de frente, cara a cara, noircomo corresponde a aquel ser que ha sido hecho a su imagen y semejanza.
Así, de adorador de “piedras” el hombre puede llegar a convertirse él mismo en un “creador” que participa de las cualidades propias de la divinidad. Puede decirse que el hombre que ha llegado a comulgar de ese modo con lo divino ha encontrado el Grial, convirtiéndose él mismo en la “Casa de Dios”.

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