El espíritu que nos guía.


el guiaLa ciencia (o la pseudociencia) ha acuñado el término biorritmos para describir el modo en que la relación de la Tierra con la luna y el sol, marcada por la secuencia de las estaciones y por la sucesión de ciclo diurno y nocturno, influye, desde el punto de vista bioquímico, en la fisiología de todo ser vivo, como por ejemplo en los patrones del sueño. Esta sensación de interconexión entre el cosmos y él hombre en la antigüedad no se limitaba al ámbito corporal, sino que abarcaba también la conciencia. Cuando él hombre del pasado daba un paseo y veía una bandada de pájaros que volaban tan juntos que parecían uno solo, la bandada le parecía una sola ave impulsada al unisonó por un mismo pensamiento. (De hecho, pensaba que así era).
Hoy tendemos a experimentar un fuerte sentido de propiedad respeto a nuestras ideas. Queremos que se nos reconozca mérito por haberlas tenido, y nos gusta pensar que nuestro espacio mental privado esta preservado, que ninguna otra conciencia puede inmiscuirse en él.
Puede suceder que, de vez en cuando, te venga a la mente una ocurrencia innovadora perfectamente formulada. Lo que nos dice la experiencia cotidiana es que las ideas se introducen de un modo bastante rutinario en lo que nos gusta pensar que es nuestro espacio mental privado, procedentes de otro lugar. En la antigüedad se creía que ese “otro lugar” era “otro individuo”, ya fuera éste un dios, un ángel o un espíritu. Mientras que en la actualidad nos gusta pensar que cada uno de nosotros tiene un centro de conciencia propio dentro del cerebro, en la antigüedad se creía que cada persona tenía varios centros de conciencia distintos que se originaban fuera del cerebro. Dioses, ángeles y espíritus eran emanaciones de la gran mente cósmica (pensamiento puro).
Si en la actualidad creemos con toda naturalidad que la gente piensa, los antiguos consideraban que eran los pensamientos los que habitaban dentro de la gente. Ejemplo sería el caso de de artistas/pensadores que se convierten en vehículos de la expresión de un dios o de un espíritu durante un determinado periodo de sus vidas. En ese momento, parecen “encontrar su voz” y crean una obra maestra (o varias) con mano firme, transformando a veces la conciencia de toda una generación, modificando incluso totalmente el rumbo de una cultura dentro de la historia. Pero cuando el espíritu se marcha, el artista nunca vuelve a crear con el mismo grado de genialidad.
Definitivamente desde que el homo sapiens pasea por el mundo el envase no ha cambiado pero el contenido sin duda no siempre ha sido el mismo.

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