Aquel hombre que un día creyó en nosotros.


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Hubo una vez un hombre que creyó en nosotros. Y nosotros lo matamos.

Lo matamos porque le teníamos miedo.

Miedo a que él descubriera en nosotros. Algo que nosotros desconocíamos.

Desconocíamos y desconocemos. Desconocemos que de un sueño hacemos unas alas.

Alas de un futuro que anida hoy.

Hoy en las acciones, en el movimiento,

Sangre, sudor y esperanzas. Que nos empujan al final del horizonte.

Horizonte donde resplandecen sonidos de agua.

Agua que sobre negro limpia.

Limpia puñales y tinieblas.  

Tinieblas que nos entremezclan con laberintos.

Laberintos que nos hunden y nos hacen pensar.

En aquel hombre que un día creyó en nosotros.

Nosotros, que lo matamos.

Abrazamos hoy  Religiones absurdas que ensalzan su cara.

Su cara, olvidando la esencia de su credo.

Norkin Gilbert.

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