Calella sábado 05 de mayo.


Sólo hay un medio para saber hasta dónde se puede llegar: ponerse en camino y avanzar.

Tobías permanecía oculto entre unos arbustos junto al cadáver de Schneider, miraba un diminuto ordenador poco más grande que un teléfono móvil. En la pantalla el posicionador GPS hacia una representación esquemática de la zona. Casi una docena de puntos rojos y dos verdes parpadeaban, el era uno de los puntos verdes el otro pertenecía a un vigilante de la propiedad privada que comprendía toda la ladera de la montaña y que estaba atento para cortar el paso a cualquier persona que se aproximara al escondite de Tobías. Permaneció unos diez minutos sin moverse, conforme la gente perdió el interés por lo ocurrido se fue retirando de la calle y los balcones.

Solo tres puntos rojos parpadeaban. Dos, uno.

El ordenador emitió un sonido débil pero grave como un quejido.

tacirupeca (1)Tobías se levantó y tiro de los brazos de Abba arrastrándola al interior de la cabaña, era una suerte que la chica se hubiese dirigido precisamente en aquella dirección. El interior era angosto apenas tenía cuatro metros cuadrados. Rebosaba de polvo ácaros y diminutos insectos voladores que no indicaban que fuera recomendable la entrada.

En una estantería colgaban precariamente sacos de tela vacíos y rollos de plástico obsoletos, que un día sirvieron para cubrir cultivos de fresas. En el suelo no había nada que no fueran pequeñas piedras algún trapo o restos de comida que algún animal había traído.

Tobías cerró la puerta se pegó a una de las paredes, pulso una tecla del mini ordenador este a su vez emitió una serie de agudos pitidos. Un ronroneo casi imperceptible rodeo aquel espacio. Una cabina cilíndrica de aluminio de un metro cuadrado de diámetro por dos veinte de alto emergió del suelo. Tobías introdujo la bolsa que llevaba y a continuación el cadáver, acomodándolo lo mejor que pudo. Una secuencia de sonidos similar a la anterior hizo que la cabina descendiera con el mismo rumor con el que había aparecido.

Tobías se aseguró de que no había nadie por los alrededores. Salio de la cabaña marcando un número en su móvil.

—Estoy fuera.

En el interior de la cabaña centenares de diminutos conductos de 3mm de grosor situados estratégicamente, se activaron soltando aire comprimido. La gran nube de polvo que se formó cubrió cualquier indicio que hiciese sospechar que el lugar hubiese sido visitado desde hacia meses.

***

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