Podrán matar a las mejores flores del jardín,pero no acabar con la primavera.


cenefa.jpg

jardin-del-cieloUna mano alzó suavemente la muñeca de Pilar. Le tomaba el pulso. ¿O quizás inyectaba en ella èl pulso? La energía, la actividad y la vida misma pasaban de aquellos dedos a través de la muñeca, a todo su cuerpo.
Pilar Abrió los ojos. Un hombre cubierto con una túnicade color rosa se inclinaba sobre ella. Iba descalzo. La túnica era de lino, sujeta debajo del cuello por un broche de oro. Lucia unos rizos dorados hasta el hombro, una barba castaña rojiza más oscura y un delgado bigote lacio. Tenía la nariz larga, la frente despejada y los ojos algo saltones.
Después de hacer lo que pareció un signo de la paz o de bendición, El le hizo incorporarse hasta quedar arrodillada y luego soltándola, se alejó hacia un lindero del prado dónde ella había vuelto en sí, para dirigirse hacia un grupo de naranjos. Ella descubrió que estaba arrodillada sobre una pequeña elevación. Mas allá de la arboleda se divisaba la orilla opuesta de un lago de aguas azul pálido, lisas como la seda, de las que se alzaba una especie de obelisco rosado. Una orejuda liebre pasó dando brincos, pero se acurrucó y se quedó quieta al paso de El. Sentía su cuerpo limpio y lleno de vigor. Su cabello boticelliano le caía sobre los hombros, sobre los pechos en suaves y dorados bucles.
—¡Espera—! Quiso retener al desconocido que se alejaba. Éste se volvió y la miro con cierta severidad. ¿O tal vez con admiración? ¿La contemplaba…, como a una posible esposa? Si Dios desciende a la carne, ¿hasta dónde quería profundizar? Quizás se había desposado ya con ella mediante el simple contacto de su mano en la muñeca de ella…
 —Tú—. Dijo ella, castamente, un poco avergonzada.
Se preguntaba ¿por que?, en presencia de quien había moldeado sus pechos y sus muslos.
—Yo soy Él—. Replico El con tranquilidad, y continúo su camino, hasta desaparecer en la espesura. Así pues, yo soy Eva, pensó ella. ¿Pero dónde está Adán?
Miro a su alrededor y encontró a Francisco También estaba desnudo, sentado a la sombra de un drago. (Árbol mitad cactus mitad palmera originario de las Islas Canarias)
—Pilar estoy aquí. Debemos coger la guagua para volver a casa…
***
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