Barcelona. Viernes  4 de mayo.


Nuestro problema no es la ignorancia; es sólo que sabemos demasiadas cosas que no son verdad.

El grupo estaba reunido en casa de Pípi. Intentaban poner en orden los datos que tenían.

–—La caja que contenía las dos piedras la encontramos en la puerta de casa sin remitente ni franqueo. Es evidente que alguien vino de propio a dejarla–—. Dijo Cesar.

—Alguna persona dejó la caja personalmente prescindiendo del servicio de correos. Cómo vivís en el último piso era difícil que ningún vecino viera el paquete —. Dijo Sergi dirigiéndose a Francisco y Pilar Cesar también intentaba aportar alguna información útil.

—He estado buscando información sobre minerales y estas piedras se parecen en todo y en nada, quiero decir que en mi opinión son dos piedras comunes sin nada de particular.

—Podemos acercarnos a un museo o tienda de minerales. Seguro que obtendríamos más información

—No, no podemos estropear las piedras estoy segura que eso nos traería problemas. Dijo Pilar, Cesar encendió su pipa y dejo escapar una densa nube de humo en la habitación. Nadie se dio cuenta que la bruma no provenía de sus pulmones si no de su activo cerebro que convertía en humo las ideas y recuerdos obsoletos. Ahora podía pensar con claridad. —La pregunta es ¿Que tienen estas piedras Para que sean tan importantes?

—Tienen que serlo para que nos ofrezcan tanto dinero por devolverlas

—Ese Ángel también debe querer las piedras.

—Si el recorte de prensa que recibieron Pípi y Sergi tiene alguna relación, es posible que las personas que enviaron las piedras pertenecieran a la secta que se reunía en la fábrica de Calella.

—Debían ser una secta de esas que pretenden enriquecer tu alma y empobrecer tu bolsillo—. Cesar no estaba de acuerdo con la opinión de Francisco.

—No todas las sectas son malas existen grupos que lo único que pretenden es reflexionar sobre los problemas del mundo y como está organizado—. Pilar también tenía su propia sentencia y no espero más tiempo para emitirla.

—Pues yo lo veo de forma diferente mucha gente es captada por ese mundo porque tienen poca fuerza de voluntad y se dejan llevar por la corriente de una espiritualidad que les justifique para dejar de luchar en el día a día de está sociedad. En la que; en lo único que está de acuerdo, cada miembro de la que todos formamos parte, es que es injusta con uno mismo.

—Si, estoy de acuerdo, pero una persona sola no tiene ninguna fuerza para alcanzar sus objetivos, en cambio, cuando las personas se agrupan en un objetivo común obtienen más poder para conseguir lo que quieren—.dijo Cesar

—Entonces porque la gente no se une para mejorar la sociedad.

—Porque cuando los grupos crecen, a la voluntad común le crecen leves matices sobre el concepto de lo que es bueno para esa sociedad y como debe conseguirse. La cara de Sergi desde hacia unos días evidenciaba que su paz interior estaba atrapada dentro de su estomago y pataleaba en vano intentando salir.

—¿De que estamos ablando? Un tío me tiene acojonado con sus llamadas si lo hubieseis escuchado sabríais que habla en serio cuando asegura que todos estamos en peligro.

Cesar asintió dando a Sergi la razón. Debía ayudar a sus amigos en lo que pudiera como había dicho un grupo cuanto más numeroso es, de mayor poder dispone. Pípi reemprendió el debate. —Si quisieran las piedras los que las han enviado solo tendrían que venir a buscarlas.

—¿Olvidas que la policía los está buscando? Deben estar escondidos, en estos momentos deben tener otras preocupaciones más importantes que recuperar dos piedras.

—¿Y Ángel? Que quiere de nosotros—. Pregunto Sergi.

—Yo voto por entregarle las piedras y si viene alguien a reclamarlas le decimos a quien se las hemos entregado y que se apañen—. La opinión de Pili no admitía replica. La  de Pípi era absolutamente opuesta.

— ¡No! las piedras son nuestras. No podemos entregarlas sin más —. Por más horas que durara la reunión no iban a conseguir unificar criterios.  Cada uno de los allí reunidos permanecía anclado en sus ideas.

Dos horas después Francisco estaba de pie rascándose la cabeza síntoma inequívoco de que estaba pensando.

—¿Sabemos desde dónde llama—? Sergi consultó en la agenda de su teléfono móvil. —Las ultimas llamadas las hizo desde este número 972 60 02 44 La primera no se me ocurrió localizarla.

—Que más te dijo—. Pregunto Pilar. —fue bastante breve me dejo bien claro que no debíamos hablar con nadie y que no ampliáramos nuestro círculo de amistades.

Pípi tomó la palabra.

—Cuando le habló de nuestras piedras mostró mucho interés y le hizo explicarle todo lo que sabía. Le explico que teníamos las piedras y que habíamos recibido las dos cartas del Instituto Egregor. Primero el panfleto publicitario y la segunda en la que pedían que devolviéramos su regalo a cambio de 4000 euros.

Cesar encendió su pipa añadiendo un nuevo matiz al aroma a sándalo que impregnaba la casa de Pípi y Sergi.

—El desalojo de una secta en Calella de presuntos terroristas, la Meca que está llena de “musulmanes” y el instituto Egregor que En su carta nos hace referencia a la piedra negra. ¡Aquí huele a moro

Pípi se levantó para abrir la ventana empezaba a hacer calor. El teléfono fijo empezó a sonar y Pípi descolgó.

—¿Diga?

—Soy Ángel, ¿eres Pípi?

—Si—. El grupo enseguida comprendió quien estaba al otro lado del auricular.

—Espero que hayáis decidido lo que vais a hacer. ¿Alguna conclusión?

—Pues no. No entendemos que quiere de nosotros.

—En un principio es fácil de entender tengo informes de la fabrica de Calella en los que Pilar y tú, sois los protagonistas. En esos papeles se habla de unos elegidos y de una piedra madre. Podría tratarse de unos chiflados o de timadores si no fuera porque el trabajo que esa gente realizaba es del interés de personas muy poderosas. Sergi me dijo que habíais recibido unas misteriosas piedras y que sus antiguos dueños querían recuperarlas a cambio de una compensación económica…

Pípi cortó a Ángel de forma brusca.

—Escuche no pienso darle mi piedra a nadie y menos a usted.

La reacción de Pípi puso en tensión al resto del grupo que no esperaban que Pípi contestara así a alguien que el sentido común aconsejaba tratar con prudencia. Pilar se levantó estaba de espaldas a Pípi y de un tirón le arranco el teléfono de la mano.

—Escuche soy Pilar, le regalo mi piedra no quiero nada a cambio y si quiere la de mi amiga también se la regalamos…

—!Y una mierda!—. Se oyó en el auricular mientras Francisco Sergi y cesar intentaban meter a Pípi en la cocina intentando atenuar sus gritos. Pilar intentaba continuar la conversación como si no pasara nada. Le daremos las piedras pero déjenos tranquilos.

—No quiero vuestras piedras ni tengo ningún interés en amargaros la existencia solo quiero que sepáis que estáis en peligro.

—Pero en peligro ¿Por que? Si hemos recibido las piedras por error las devolvemos a sus dueños y solucionado.

—Tienes razón debería haber soluciones sencillas, pero si existen yo nunca las he encontrado. Os propongo reunirme con vosotros cinco. Este sábado por la mañana, esperarme en vuestro apartamento de Calella. Una persona de mi confianza os hará de guarda espaldas, se unirá a vosotros para garantizar vuestra seguridad se llama Joan. Es casi seguro que cuando estéis allí alguien se pondrá en contacto con vosotros puede que tarde un día o dos pero es seguro que os esperan. Llevar las piedras probablemente servirá para negociar.

bnn

Pilar colgó el teléfono. Cesar le estaba prometiendo que si entregaba su piedra le regalarían una lámpara de sal que era “lo más” en moda espiritual. Pero no había nada que hacer Pípi se acababa de pelear con el mundo. Pilar comento la conversación que había tenido con Ángel estaba de acuerdo en ir a Calella a pasar unos días para contactar con los dueños de las piedras. Y así poder solucionar el problema. Pípi comprobó que nadie la apoyaría así que les dio cuerda. Aprovecharía el tiempo extra para encontrar el modo de no entregar su regalo.

—Vale iremos, pero no pienso darles mi piedra —. Dijo Pípi poniendo los morros como dos bananas.

***

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