Barcelona. Viernes 4 de mayo.


El mundo es una escena; la vida una transición. Venimos, vemos y partimos.

MUASergi estaba preocupado por las llamadas de Ángel sabia que tenía que haber hablado con Pípi de lo ocurrido, pero lo último que quería era preocuparla pensaba contárselo todo en cuanto tuviera ocasión.

Cuando Sergi llegó a casa Pípi le estaba esperando.

—Hola cari, ha venido un mensajero y ha dejado este sobre para ti

—. Sergi miró el albarán de entrega el remitente constaba solamente como Ángel.

Pípi vio como la cara de Sergi se torcía en un gesto de preocupación.

—Joder este tío está decidido a amargarme la vida.

— ¿Es de tu jefe?

Lo que le tienes que decirle es que actualice tus nominas y te pague las horas ese…

—No, no tiene nada que ver con el trabajo. ¿O si?

—Te lo quería explicar… El jueves me llamo un desconocido, me dijo que estábamos en peligro. Que necesitaba una información que estaba en nuestro poder; a cambio de que se la entregáramos, el nos protegería. Dijo que se pondría en contacto conmigo en tres días y hoy me ha llamado.

— ¿Pero quien es ese tío, de que te conoce?

—Debe ser un detective o policía o un gángster no lo sé, pero va en serio no es ninguna broma.

— ¿Que más te ha dicho?

—Le dije que se equivocaba de persona pero, ignoro el comentario y siguió ablando. Dejo bien claro que para el no había ninguna duda. Tenía interés por saber si alguien nos había dejado algún objeto para guardar—. Sergi se sentía mal por no haber comentado en su momento su conversación con Ángel.

—Lo siento debí comentártelo antes, no quería que te preocuparas.

—Seguro que quiere la piedra—. Mientras acababa la frase Pípi se fue directamente a la estantería dónde la tenía guardada. Sergi siguió a Pípi con la mirada mientras abría el sobre sacando del interior unos recortes de prensa.

Ángel había decidido enviar un documento a Sergi. Descodificar la información de la memoria USB, estaba resultando lento pero había abierto algunos documentos. Decidió facilitar a Sergi parte de la información que tenia. Era información pública y no desvelaba nada que no pudieran saber…

—Quizás deberíamos hablarle de las piedras que recibimos en la fiesta.

— ¡No! la piedra es un regalo. Si le decimos que la tenemos puede venir a robárnosla para revenderla—. Pípi omitió comentar que desde que sostenía de manera habitual la piedra entre sus manos sus intensos dolores musculares habían remitido y dormía toda la noche de un tirón. No quería que Sergi descubriese que su abatimiento matinal era debido a la nula actividad que desarrollaba a lo largo del día.

la-voz— Pero que dices  esa piedra no tiene ningún valor y menos para nosotros deberíamos devolverla. Aunque no te guste. Estoy seguro de que tenerla con nosotros, nos pone en peligro.

Pípi se dio cuenta que con su comentario había conseguido poner más tenso a Sergi decidió aparentar que estaba dispuesta a ceder un poco.

—Podíamos pedir más dinero.

— ¿A quién? han pasado casi veinte días y no hemos tenido más noticias.

—En la nota decía que se pondrían en contacto para indicaros dónde las debíamos entregar—. El teléfono les interrumpió. Pípi descolgó.

— ¿Diga?

—Hola soy Ángel…

***

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