Barcelona. Jueves 19 de abril.


No decidas hasta haber oído a ambos.

Sergi estaba como cada día en su despacho, era coordinador de servicios en una agencia de transportes. El día estaba flojo de trabajo así que en esos momentos su tiempo estaba dedicado a leer la página Web de una tienda equipamiento de artículos militares y aventura.

Un breve zumbido en su auricular le indico que tenia una llamada. Sin apartar la vista de la pantalla y de forma rutinaria pulso un botón que abrió la línea.

talkin men—Buenos días le atiende Sergi.

Una voz de hombre empezó a hablar sin identificarse.

—Sé que estáis involucrados con lo que pasó en la fábrica. Os están buscando por algún motivo que desconozco. Si os encuentran no se conformaran solo con hablar con vosotros.

Sergi tardo en reaccionar, lo primero que pensó es que era una reclamación de algún paquete perdido, decidió escuchar el sorprendente monologo que salía del auricular.

—Estoy dispuesto a hacerme cargo de vuestra seguridad, a cambio debéis proporcionarme toda la información de la que dispongáis.

El tono de voz era templado y en la modulación de las frases no se adivinaba ningún tipo de cachondeo; no parecía que fuera una broma de alguno de sus amigos; como Francisco. Para hacerse notar intervenía a menudo en las conversaciones, casi siempre para soltar alguna gracia, cualquiera que fuese el tema de conversación. Volvía interrogativas todas sus afirmaciones, y sarcásticas sus interrogaciones. En apariencia podía parecer serio, sin embargo, era capaz de montar un espectáculo sin tener miedo al ridículo, para divertirse con sus amigos.

Estas situaciones eran en las Sergi temía verse implicado ya que a menudo le cogían desprevenido. Pensó si Cesar tendría algo que ver; en ese mismo momento entraba en la oficina.

Sergi levantó la vista: las botas la parca los pantalones y el casco en la cabeza; todo el de negro riguroso era como un muñeco de acción con todos sus accesorios. De un bolsillo interior saco un libro enorme y se lo mostró orgulloso a Sergi mientras se acercaba. Era la última entrega de “Dune” que había salido a la venta pocas horas antes.

El auricular seguía su discurso sin pausa.

—Estos días, Calella parece un congreso de centrales de inteligencia y mi relación con algunas de ellas no es la ideal. Dentro de tres o cuatro días volveré a llamar. Pensar lo que vais a hacer. Vuestra vida está en peligro y deberíais estar de mi parte.

Sergi encontró el espacio de tiempo que necesitaba para indicar al desconocido que se había equivocado de persona, pero fue demasiado tarde. El tono constante que ahora escuchaba en el auricular le hizo comprender que el monólogo había acabado.

Mientras se quitaba el auricular, Cesar llego a la mesa dejando caer el libro pesadamente.

—Primera edición. Mola, ¿he…?

***

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