Barcelona. Miércoles 18 de abril.


Las personas son como la luna, siempre tienen un lado oculto que no enseñan a nadie.

El día se presentaba pesado, hacia varios días que el sol no brillaba y este parecía que iba a ser el peor. Ángel Corpus revisaba la última información que había obtenido. El documento que tenia en sus manos confirmó que como el suponía, la versión oficial que se había ofrecido a la población sobre los acontecimientos ocurridos en Calella de la costa, solo pretendía ocultar la verdad. Sin embargo, el documento aunque respondía a algunas preguntas, le creó mayores incógnitas.

Obtenía información principalmente del Centro Nacional de Inteligencia Español (CNI) en el que trabajaba desde que se licenció como ingeniero informático El intercambio de datos entre agencias y particulares era la base de su trabajo, compraba y vendía información. Los favores y nuevos contactos eran la moneda de cambio. Los documentos secretos siempre acababan por ser desclasificados.

Desde que alguien no autorizado accedía al documento, hasta que la información se hacía de dominio público, siempre existía un lapso de tiempo que permitía maniobrar mientras la información tuviese algún valor. Solo era cuestión de tiempo. Ser de los primeros en obtenerla saber quien la tenia y quien la quería, era en lo que consistía su trabajo. Creaba conexiones entre los datos que obtenía diariamente y especulaba con los acontecimientos diarios.

En otras palabras buscaba un suceso que llamara su atención y tiraba de la cuerda habitualmente un dato llevaba a otro.

Su posición en la agencia le permitía disponer de presupuestos y el acceso a documentos reservados, siempre que sus métodos aportaran  resultados. El teléfono y la red eran sus principales herramientas de trabajo el día pasaba entre las llamadas que recibía y las que enviaba. Desde el incidente de la fábrica en Calella controlaba por medio de colaboradores independientes las actividades de Pilar y Pípi. Su principal fuente de información provenía de una diminuta tarjeta de memoria USB que encontró dentro de una lata de refresco.

Tenía un problema: En su momento no entrego el hallazgo a sus superiores. Tendría serios problemas si se descubría que tenía esa información. Pero era una manera de ahorrarse trabajo. Si hubiese entregado ese chip de memoria USB sus jefes lo abrían entregado sumisamente, a no se sabe quien; y después le pedirían que hiciera lo imposible para acceder a ellos de forma clandestina utilizando todos recursos y contactos para acceder a los datos que el mismo había suministrado. Ángel estaba convencido que la memoria era una copia de archivos seleccionados que alguien pretendía sacar anónimamente. Cuando se produjo el asalto. Contenía informes encriptados o protegidos con claves, en su mayoría. Si conseguía acceder a toda la información tendría los datos clave en pocos días mientras que la agencia que se hizo cargo de todos los documentos de la fabrica estarían un año como mínimo para dar sentido a todo el material requisado. A pesar de la potente tecnología de la que disponía el proceso para conseguir que los textos fueran coherentes era lento y tedioso. Los últimos archivos que se habían añadido al disco delataban que se habían introducido apresuradamente; ya que: aunque estaban protegidos por un código, no estaban encriptados como el resto de los archivos Uno de los documentos que había conseguido abrir hablaba de Pilar Fontanet y Pilar Carreño entre otras personas con las que iban a ponerse en contacto. En el documento figuraban los nombres y direcciones de cientos de personas y una breve ficha personal de cada uno pero las dos mujeres destacaban del resto de fichas porque en su ficha figuraban como las elegidas. ¿Elegidas por que o… para que? Eso fue la base para empezar a investigar con lo que de momento era la única pista física que podía seguir. Mientras pensaba la manera de ponerse en contacto con las Pilis los días pasaban y no ocurría nada fuera de lo común.

—Cualquier día es bueno para hacer nuevos amigos y el método directo puede ser tan efectivo como otros más sofisticados—. Exclamo Ángel.

Fue al levantarse de la mesa de su ordenador cuando descubrió que alguien había pasado un sobre por debajo de la puerta de su apartamento. Tras inspeccionar la apariencia externa y confirmar que el sobre ni siquiera había sido cerrado extrajo la breve nota que contenía.

hajj

Dentro del sobre encontró una etiqueta roja plastificada con la palabra “Haj” impresa. Sin duda le habían descubierto su experiencia urbana como “agente secreto” no había sido tan impecable como creyó en un principio. En cambio, a la hora de relacionar e interpretar información no tenía nada que demostrar ya que pocos eran los compañeros de trabajo que se le podían equiparar. El sentido de la nota no mostraba hostilidad más bien una petición de ayuda y discreción.  “Es más fácil guardar el agua en un saco que mantener un secreto” se dijo a si mismo. Sus investigaciones no podían depender de las intenciones de colaboración de una sola persona desconocida, que administraría la información en su propio beneficio. Necesitaba otra fuente de que le proporcionara elementos que en apariencia los situara en igualdad de condiciones para crear una relación equitativa en el intercambio de datos.

Era hora de pasar a la acción.

***

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