Sión. Lunes 16 de abril.


Los humanos somos para los dioses, como las moscas para los niños juguetones, nos matan para su recreo.

El sol ya estaba abatiéndose por detrás de una impresionante cadena de montañas nevadas.

Sentados en la terraza del hotel un hombre adulto y un anciano charlaban pausadamente mientras que un grupo de niños jugaban en un parque infantil cercano.

—¿Cómo es posible que nadie haya oído hablar de esa gente?

—Tenemos informes del grupo Golem en los que se habla de su existencia pero sus solicitudes de subvención para la investigación siempre han sido denegadas por no considerarse pertinentes. Los antiguos protectores siempre han considerado al grupo Golem como un familiar excéntrico al que es mejor dejarlo tranquilo pero controlado.

—Ahora estaríamos dispuestos a escuchar sus teorías.

—Los Golem viven al margen de nuestro mundo, viven incomunicados, enclaustrados dedicados a desarrollar sus sentidos más allá de los límites naturales, viven regidos por oscuros ritos de conocimientos místicos.

— ¿Obstaculizan nuestro trabajo?

—Ni la política, la economía, o la religión, son temas en los que estén interesados. Nunca hemos interferido en sus actividades y ellos a cambio no interfieren en las nuestras. Se financian exclusivamente de los trabajos que realizan para nosotros. No sabemos quiénes son sus componentes. Cuando necesitamos sus servicios contactamos con ellos, cuando acaban el trabajo les pagamos y desaparecen para dedicarse a sus asuntos.

—Bien dejemos de hablar de esos trastornados. ¿Que se sabe de esos Kaabolos?

—No destacan en nada son gente común no constaban como afiliados a ninguna gran asociación ni celebran ningún tipo de reunión publica entre ellos. Los documentos incautados contienen informes del día a día de la población y acontecimientos que ocurren fuera de ella pero que la afectan en mayor o menor medida.

—Pero, deben tener agendas, direcciones de las instalaciones de otros municipios o regiones, números de teléfono que se puedan asociar a personas concretas.

—Nada. Únicamente tenemos miles y miles de fichas de acontecimientos ordenados de manera arbitraria.

—Es absurdo.

—Eso pensó nuestro grupo de analistas. hasta que descubrieron que la información no podía ser analizada de manera secuencial, utilizaron un método estadístico de causa efecto. Los primeros documentos de una carpeta contenían información sin relación unos con otros, como una nota de un corte de luz en un barrio junto a otra que anunciaba mejoras en el tratamiento de la diabetes. A los acontecimientos se les asignaba un valor numérico con el que especulaban las probabilidades de que ocurriesen distintas reacciones que desembocasen en otros acontecimientos.  El informe final era la causa de múltiples sucesos que provocaban la contratación de un abogado en un bufete. la reforestación de un bosque o la reparación de un pinchazo en la carretera. Especulamos que el resultado final de cada acontecimiento no fuera casual sino que los acontecimientos eran  provocados o aprovechados para conseguir unos objetivos concretos.

El problema es que trabajar con los datos que disponemos es como intentar estudiar las perturbaciones que producen las mariposas en la atmósfera con el batir de sus alas, disponiendo de un centenar de ejemplares en un jardín.

—Déjate de ejemplos idiotas. Debemos neutralizar todas sus instalaciones.

—Será difícil después que descubriéramos su centro de información en España parece que su actividad se ha paralizado y no hemos podido localizar a ninguno más de sus componentes.

—Una organización que en la “sucursal” de un pueblo de costa produce documentos para llenar un almacén no puede parar sin más.

—No están paralizados simplemente han dejado de utilizar cualquier tipo de tecnología que controlemos—.

El anciano Exaltado dio un golpe en el suelo con su bastón.

—¿A que tecnología te refieres? ¿Criaremos halcones que cacen palomas mensajeras… batiremos el mar en busca de mensajes dentro de botellas?

El hombre más joven debía acabar de exponer la información de la que disponía  al anciano. Para calmar la situación intentaba medir sus palabras.

—Nos han estado vigilando durante siglos y nunca han interferido en nuestras decisiones. Han estado viviendo a nuestra sombra y nunca han merecido nuestra atención puede que  sospecháramos de su actividad clandestina pero siempre consideramos la posibilidad crear perturbaciones de consideración como un hecho improbable. Es evidente que disponen de recursos… que les han permitido desarrollar una estructura social cerrada al margen de nuestra cultura.

—No podemos permitir que nuestros proyectos más inmediatos puedan ser obstaculizados, por que de repente, decidan despertar de su letargo. Las ideas otorgan un poder no menos contundente que los recursos y los ejércitos.

—Nuestros protectores hace años que han muerto es nuestra responsabilidad. Avalar la estabilidad del futuro, conlleva tomar decisiones no nos arriesgaremos a sufrir  un conflicto inesperado.

—Ese grupo es un poder potencial en la sombra. Aunque no gobierne ningún país en algún momento ha podido impedir que otros lo hagan.

Ossaba—Esa gente puede aportar tecnologías desconocidas a nuestra sociedad. ¿Te imaginas el problema que tendrán nuestros administradores si se modifican los patrones establecidos?

—Se hundirían los mercados.

—Exacto y moriría gente.

—Siempre muere gente.

—Por eso estamos aquí.

—Al final siempre nos toca a nosotros decidir quien debe morir.

***

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