Instituto Egregor Calella.  Viernes 13 de abril.


Nunca encontraremos las respuestas adecuadas si no somos capaces de formular las preguntas apropiadas.

Ahí estaba toda la información, nombres, direcciones, estudios psicológicos. Durante años habían estado pendientes de todos los aspectos de la vida. De esas personas.

Tobías pensó en que rara vez la gente es lo que aparenta. Ya casi había acabado. No había venido a reprender a nadie  el hecho de que alguien se permitiera la licencia de mandar cartas ofreciendo dinero  creyéndose capaz de interpretar los deseos de sus superiores. Era un fallo de organización inconcebible de los de arriba y desde luego el  se sentía responsable directo, “sabotaje” era una palabra que le venia a su cabeza  de forma cíclica.

—Perdón —. Dos hombres entraron en la sala, interrumpiendo los pensamientos de Tobías, uno se quedo rezagado y el otro se dirigió a Tobías

—Le traigo el resto de los informes.

—Perfecto. ¿Son los únicos que quedan por encriptar?

—Si señor.

—Han hecho un buen trabajo felicite de mi parte a sus compañeros.

—Se lo agradezco, alguno de nosotros no hemos dormido más de cuatro horas en los últimos tres días.

—Les aseguro que pronto acabaremos y podrán marcharse a descansar.

—¿Puedo hacerle una pregunta?

—Por supuesto.

—Bueno… Mis compañeros y yo nos preguntamos que… Bueno nadie nunca se había interesado por nuestro trabajo Nadie viene a consultar el trabajo que realizamos recibimos con regularidad los fondos que necesitamos para mantener el centro.

—¿Pero?

—Pues que no sabemos como interpretar su presencia aquí. Durante esta semana hemos estado traspasando todos nuestros archivos a no sabemos donde. Hemos desempolvado informes que son obsoletos. Hemos interrumpido nuestros trabajos de habituales, nos han obligado a catalogar como validos, trabajos que sabemos son equivocados.

El hombre rezagado decidió intervenir.

—¿Nos van a echar? Si es por el dinero podemos reducir los gastos. En realidad no necesitamos cambiar los ordenadores. Podemos alquilar algunas de las salas que ocupamos y reducir los gastos. Si nos hubiesen dado tiempo podríamos haber hecho un plan económico que permitiese autofinanciarnos.

—Lo que queremos decir es que nos den un poco de tiempo y nos hagan saber lo que esperan de nosotros. Pero no cierren el instituto es nuestra vida–— Añadió el hombre que parecía ser el portavoz del grupo para matizar las palabras de su compañero.

Tobías sintió lastima por aquellos hombres  no por ellos o por sus vidas dedicadas con fervor casi religioso al instituto  sino por la situación de angustia que se siente cuando ves que el mundo que has montado a tu alrededor y que da sentido a tu vida amenaza con ser borrado como si nunca hubiese existido.

—Pueden estar tranquilos el instituto no se cerrara y todo volverá a ser como de costumbre. Confíen en mí. Consideren que estamos haciendo un inventario de todo el esfuerzo que durante años se ha realizado en el instituto.

—¿Pero que sentido tiene poner todos nuestros archivos patas arriba? Tardaremos meses en reclasificar los archivos.

—Les repito que  valoramos su trabajo y que nadie pretende prescindir de el. Ahora por favor debo atender los documentos que han traído. Deberían ir a comunicar a sus compañeros las conclusiones de nuestra charla. Los dos hombres salieron de la sala ablando acaloradamente de lo que habían y debían haber hablado.

Tobías estaba sorprendido la iniciativa de esos dos hombres no era lo habitual en su entorno laboral las iniciativas individuales y l
a conspiración eran una anécdota.

Una hora después Tobías estaba absorto en su trabajo

—Ya casi esta —. Se dijo.  Cogió su lata de coca cola y apuro  el contenido de un trago. Ni siquiera la saboreo, solo pretendía que el refresco le espabilara un poco.

El silencio a esas horas de la madrugada era absoluto así que pudo oír claramente el primer chasquido y el ruido de una silla al caer, a continuación la sala se lleno con un rumor creciente de sillas y mesas que se movían bruscamente.  Por de bajo del chirriar del mobiliario el ruido sordo de cuerpos que caían al suelo y los gritos de personas que quedaban ahogados en cada nuevo chasquido le hizo suponer a Tobías lo evidente. No tubo ninguna duda alguien estaba asesinando a las personas que estaban concentradas en la sala al final del pasillo.

Él seria el siguiente. Precipitadamente guardo algunos documentos en su mochila. Estaba tan asustado que estuvo a punto de olvidarse la información que había venido a buscar.  ¿Cuantos asesinos debía haber hay afuera?

No lo podían ¿capturar? No. sin duda ni siquiera lo intentarían dispararían a matar. En cuanto lo tuvieran a tiro acabarían con él y obtendrían lo que sin duda venían a buscar. No quedaba tiempo  ya podía oír como se aproximaban.escuadra geo copia

 ***

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