Instituto Egregor. Calella.  Lunes 09 de abril.


Una comunidad, ya se trate de una familia, una aldea o una gran ciudad, es una especie de organismo, como un animal o un ser humano. Sus miembros son como órganos que realizan diferentes funciones para mantener vivo al organismo.

SANEDRINEl consejo estaba reunido, las cinco personas que lo componían, estaban sentadas en una mesa de comedor redonda. Ocupaban una de las esquinas de una nave industrial vacía. Para ese día seria suficiente el acomodo del que disponían. Todos eran analistas. El estudio de la historia era su vida y en este lugar podían dedicarse a realizar sus investigaciones sin interferencias y disfrutando de una holgada nomina a final de mes. Su única obligación para con sus mecenas era que: por turnos uno de ellos dedicase su atención a un terminal de ordenador. De manera sistemática cinco veces al día recibían informes históricos junto a información de actualidad. La información llegaba clasificada y resumida en formularios que contenían las referencias que permitían el acceso a formularios más extensos.  Ellos a su vez incluían nuevas referencias que  permitirían crear relaciones entre los datos que recibían. La información clasificada era remitida un departamento superior dónde volvía a ser clasificada junto a informes de otras áreas. Los datos resultantes ascendían al siguiente escalafón.

Almacenar información presupone la búsqueda de respuestas. El número de veces que se repetía el proceso no se sabía. Nadie tenia problemas con el sentido tenía su trabajo. Cada individuo lo desarrollaba eficientemente asumiendo su papel como en una colmena. A nivel individual todos los analistas habían acabado centrado sus estudios en los datos que ese terminal de ordenador les proporcionaba así que rara vez havia una sola persona pendiente de los datos que se recibían. Pertenecían a un club privado. Un mundo alternativo al que solo ellos tenían acceso.

El consejo ocupaba un nivel intermedio en la pirámide podían realizar comentarios o consultas a los niveles superiores de la organización, con la seguridad de que llegaban a su destino. Pero las decisiones rara vez eran contestadas de forma directa, ya que todo estaba organizado para que la información viajara de las jerarquías más bajas hacia las más altas nunca al revés.

Todo el instituto Egregor trabajaba en un objetivo común, las necesidades individuales no estaban contempladas. Solo eran un pequeño engranaje de un complejo mecanismo.

El hombre que se puso de pie, vestía con traje y corbata aunque por la delgadez de su cuerpo el traje más que elegante le hacia parecer insignificante. Una calva incipiente con un pelo corto pero ya crecido, que pedía desde hacia dos días que lo lavaran, y unas gafas de pasta que delataban por el grosor de los vidrios una miopía suficiente para hacerlas sus compañeras habituales.

—Señores los acontecimientos no están ocurriendo como se esperaba. Nuestro distrito ha sido elegido para recibir a los nuevos elegidos. Cómo ustedes saben debían haber empezado su iniciación hace meses—. Otro hombre aun más gris con diez años más que el primero, tomo la palabra.

—No nos corresponde a nosotros tomar decisiones, los elegidos llegaran cuando sea deseo de quien está muy por encima de nosotros. ¡Solo en ese momento—! Dijo con rotundidad.

Los componentes de la mesa empezaron a hablar entre ellos.

— La responsabilidad de que lleguen nos corresponde a nosotros. Deberíamos arriesgarnos y ponernos en contacto con los elegidos.

Uno de los hombres más jóvenes que no quería destacar excesivamente se dirigió a su compañero más cercano.

—Probablemente la orden ha sido revocada y no  hemos recibido ningún aviso.

—Sabemos que los elegidos han recibido las piedras, deberíamos tomar una decisión

—¿Está seguro? el método de entrega no fue del todo ortodoxo.

—Las piedras han sido entregadas.

—Pero, nadie se ha presentado.

—¿Como sabemos que debían venir?

—Esta anunciado que vendrían.

—Sabemos que en dos semanas no hemos recibido instrucciones de de ningún tipo con respecto a los elegidos— Dijo el hombre gris.

—Es posible que nos apresuráramos al enviar los estuches.

—Sí. Ha habido un error. Estas personas no son los elegidos; por eso las piedras no les han hablado—. Comento otro de los reunidos que aparentaba ser el de más edad. El hombre gris permanecía de pie y continúo su discurso. Para él no había nada que discutir.

—Nos corresponda o no tomar decisiones, les comunico que está mañana he enviado una carta a las personas que recibieron las piedras para que las devuelvan—. El resto del grupo dejo de murmurar entre ellos, en su cara se adivinaba la sorpresa.

—¿Entonces ha recibido instrucciones directas?

—Así lo he interpretado; La decisión está tomada. Si me he equivoco asumire las consecuencias.

 ***

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