Barcelona domingo, 27 de mayo.


Las mentes son como los paracaídas: Funcionan mejor cuando están abiertas.

El volumen de las voces que se oían cuando las puertas del ascensor se abrieron dejaba bien claro que las dos internas que se alojaban al final del pasillo volvían a la carga contra todo el equipo de enfermeras. La directora del centro aligero el paso y sin llamar a la puerta entró en la habitación.
Tres enfermeras y dos fornidos auxiliares hacían lo que podían para calmar a Pilar y a Pipi. —Les aseguro que en un par de días recibirán la alta médica—. Dijo una de las enfermeras.

Al entrar la directora se hizo un momento de silencio que esta aprovecho para hablar.

—Una persona esta interesada en entrevistarse con ustedes si acceden serán dadas de alta hoy mismo. La directora invito a la totalidad de su equipo a que salieran de la habitación lo cual hicieron de buena gana y de forma sorprendentemente rápida.

—¿Es un periodista? Por que le puedo explicar como retienen sin necesidad a los pacientes en esta ¡clínica del terror!—. Dijo Pipi con ironía.

No sé a que se dedica.  Representa los intereses de la organización que ha pagado su asistencia.

—Sois unos falsos, estoy harta de vuestras promesas. Pipi estaba fuera de si—. Pilar decidió escuchar lo que parecía una buena noticia.

—¿Quiere decir que nos van a soltar? Nos han tenido demasiados días retenidas sin necesidad. Pipi se calló y asintió a lo que decía su amiga—. La directora hizo un gesto como si las palabras que había pronunciado Pilar le hicieran daño.

—No es justo les recuerdo que han estado varios días en coma. Su periodo de observación ha durado el tiempo justo ni un día más.

Pipi volvió a la carga. — ¿Y por que no han permitido que vinieran nuestros familiares?

—Lo siento pero cuando se reúnan con esa persona, seguramente podrá explicárselo. Nosotros solo podemos tomar decisiones respecto a su salud en el resto solo somos intermediarios—. Parecía que por fin podrían salir de su encierro así que accedieron a colaborar.

—De acuerdo que venga. Tengo ganas de salir de esta clínica.

—De hecho saldrán ustedes para hablar con él es una persona muy ocupada y ha dispuesto un coche para que las venga a buscar.

—De acuerdo a todo, haremos lo que sea con tal de salir de aquí-. La directora mostró una sonrisa de alivio cuando vio que en un breve plazo de tiempo podía verse libre de dos de las pacientes mas conflictivas que nunca había tenido.

—Excelente recojan sus cosas, el coche les conducirá a su destino en cuanto estén preparadas. Si lo desean pueden desayunar en la cafetería mientras esperan—. Sin más protocolo la directora abandono la habitación. A los pocos minutos una auxiliar entró con dos bolsas. Les habían entregado la misma ropa que llevaban el día del accidente la habían lavado pero algunas prendas tenían desperfectos notables. Las dos piedras permanecían en el interior del cofre original tal como ellas las habían guardado. —Les hemos añadido una bolsa con zapatillas de deporte calcetines ropa interior y camisetas para que sustituyan las prendadas mas estropeadas. Pilar y Pipi que no esperaban que tuvieran ese detalle con ellas se sintieron un poco avergonzadas por su comportamiento, las dos se encontraron con la mirada sabían que sus sentimientos en ese momento eran los mismos.

—!Que se jodan!—. Dijo Pipi—. Por fin iban a poder salir de su encierro.

Pipi y Pilar se vistieron y dejaron algunas prendas en la basura recogieron la bolsa que les habían entregado y añadieron algunos objetos personales. No olvidaron las piedras que estuvieron dentro de los bolsos ignoradas desde el accidente en Israel. Cuando salieron de la habitación recorrieron el pasillo que conducía a los ascensores y a la sala de enfermeras. Una auxiliar las estaba esperando.

—Buenos días, el doctor acaba de firmarles el alta, estas carpetas (les entrego una a cada una) contienen el informe del accidente y el historial de su estancia en la clínica Hebrón si me acompañan a administración arreglaremos los papeles y podrán irse. La auxiliar pulso el botón de llamada del ascensor tras una breve espera las puertas se abrieron y las tres entraron en el ascensor la azafata introdujo una llave en el panel de botones y pulso el sótano. Cuando se abrieron las puertas lo primero que vieron fue un cartel que indicaba claramente por medio de flechas la ubicación de el parking la cafetería y las oficias de administración. Pilar y Pipi siguieron a la auxiliar que las condujo a un pequeño despacho el tramite fue rápido tras firmar sendos documentos cada una en los que se hacia mención al trato correcto que habían recibido por parte de médicos enfermeras y auxiliares. Al hecho de que abandonaban la clínica por su propio pie y en perfectas condiciones y que se comprometían a realizar un seguimiento con su medico de cabecera y un extenso listado de artículos legales. Con los cuales la clínica se desentendía de cualquier problema que pudiera aparecer. A partir de la firma del documento, eran libres de abandonar la clínica.

Cuando salieron del despacho otra auxiliar las estaba esperando —En el interior de la carpeta encontraran un vale de cafetería con el que podrán desayunar lo que quieran hasta las doce del medio día—. Tras darles las gracias las Pilis se dispusieron a desayunar. Poco a poco el día mejoraba. La cafetería aunque pequeña estaba bien equipada y surtida de una amplia selección de productos. En respuesta a los mas curiosos; Pilar pidió un café con leche y unas pastas, Pipi solamente un zumo.

Apenas habían terminado su desayuno cuando apareció de nuevo la auxiliar que se acerco a ellas.

—Su coche ya ha llegado les espera en el parking.

Pilar y Pipi se levantaron dejaron unas monedas de propina junto a los vales y se dirigieron al parking. Enseguida identificaron al coche que les estaba esperando. Un hombre trajeado de unos cincuenta años  las aguardaba junto a un Jaguar verde metalizado,

—Buenos días señoras—. El chofer abrió la puerta trasera y las dos entraron en el interior del coche, era más que cómodo, sobrio tapizado de cuero color marfil prescindía de elementos horteras como pantallas de televisión o mueble bar. El conductor cerró la puerta trasera, ocupo su asiento y arranco el motor. Al salir a la calle Pilar reconoció la plaza Cerdá, inmediatamente el conductor cogió las rondas en dirección a la plaza España.

—¿Trabaja para la clínica?—. Pegunto Pipi. El conductor respondió mientras mostraba el pin de su chaqueta en el que se podía leer sin dificultad las siglas TCS, sobre un mapamundi.

El mismo logo se encontraba en el salpicadero del vehículo en el que las siglas habían sido sustituido por una faja que orbitaba con la leyenda: Trans-Continental Servicie.

—No señora, trabajo para una empresa de servicios.

—¿Pero viene habitualmente a la clínica a buscar pacientes?

—La verdad es no, que es la primera vez que vengo señora.

—¿Donde nos dirigimos?

—A Calella de la costa llegaremos en cincuenta minutos Señora. Concretamente a la playa de las rocas. Es un rincón de Calella muy bonito, el faro esta justo encima.

—Conocemos el lugar, un poco fresco teniendo en cuenta que todavía no estamos en verano.

—¿Sabe con quien debemos reunirnos? —. Pregunto Pipi.

—Con el señor Sinlay, ¿Lo conocen?

—Pues no.  ¿Trabaja en la embajada de Israel?

—No que yo sepa, tampoco lo conozco mucho… No se ofendan pero no sÉ si debo darles detalles del señor Sinlay, es un buen cliente y no desearía ser indiscreto.

—Perdone que insista pero últimamente hemos tenido muy malas experiencias con las personas que hemos conocido y nos vendría bien tener un poco de información.

Estoy seguro que cuando hablen con él descubrirán que es una persona en la que es fácil confiar. Les puedo decir es que es el hombre mas honesto que he conocido.

—A lo mejor es joven y esta bueno, abra que conocer a ese hombre. Dijo Pilar. Las dos rieron parecía que hora que recuperaban libertad de acción ya no echaban de menos, a sus esposos afectuosos.

Durante todo el recorrido apenas comentaron nada mas cada una pensaba en sus cosas y se limitaban a mirarse con complicidad.jaguar-360-v

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