28- Haj 4


Continuación…

Hisham bajó a la fuente de Zam Zam y se acercó a uno de los puntos de agua. Sintió en su cuerpo el frescor inusitado de un Agua Bendita que, en este caso, no está contenida y quieta en una pila, sino fluyente y viva, emergiendo de las más remotas profundidades, elevada mediante la energía de la creación. Cogió una de las cazoletas de metal y gustó su sabor incomparable, diferente a cualquier agua que hubiese bebido en sitio alguno, sin olor ni sabor, místicamente pura. Bebió un cazo tras otro y acabó rociándose la cabeza. Empapado, Hisham abandonó el espacio sagrado sabiendo que no es una metáfora el dicho de que quien hace lo prescrito sale de allí como naciendo de las entrañas de su madre.

Cuando llegó al lugar de cita con sus compañeros encontró a algunos de ellos charlando con el guía. Al poco tiempo estaban todos juntos en un vehículo que les llevaba a Mina. Las calles de Meca parecían intransitables. Autobuses de la más diversa procedencia con versículos del Corán caligrafiados en la carrocería, invocaciones que llegaban a la Ciudad Bendecida procedentes de todo el mundo. Algunos ejemplares curiosos, como esos viejos autobuses iraníes a los que les han quitado el techo y llevan a los peregrinos a su meta cruzando los desiertos a pleno sol, en un ansia por reproducir las dificultades de los tiempos antiguos. O aquellos otros, procedentes de su tierra natal Afghanistán, con la baca atestada de estoicos y recios hombres, mientras en los asientos se distribuyen las mujeres, los niños y los ancianos. Detrás de alguna ventanilla, Hisham descubría a veces la mirada perdida de algún peregrino que iba buscando el mejor de los rincones para esperar la muerte.

A medida que pasaban las horas el flujo se iba incrementando hasta los momentos de colapso total. Cuando por fin llegaron a Mina, el cuarto creciente de Dul-Hiyya se recortaba claramente en un cielo anaranjado de intensa luz artificial. Enormes reflectores iluminaban todo el valle, ofreciendo la imagen de una reunión escatológica. El autobús no pudo avanzar más y los guías decidieron que era el momento de apearse. A duras penas podían llegar los peregrinos a las jaimas donde debían alojarse. Hisham  no pensaba dormir en una de ellas pero quería sentir todas las experiencias posibles se alegro de no haber renunciado a la habitación de hotel que tenia incluida en su viaje.  Esa noche dormiría  en un  hotel  de lujo. Busco un vehículo que por un precio razonable le llevase a Meca. La posibilidad de negocio era bien aprovechada por todo aquel que ofreciese algún servicio y los precios duplicaban o triplicaban lo que ya seria por si  un precio escandaloso.

Una voz que le hablaba en francés a su espalda le hizo girarse.

—¿Chercher une voiture? (¿Buscas coche?)

—Eso depende de lo que me pidas—. Dijo Hisham en español, pensando que con el bullicio del lugar, aquel hombre no alcanzaría a escuchar el comentario..

—Creí que eras francés… Yo te llevare a Mecca por 50 euros. Soy amazigh (bereber). Así que soy de confianza, me llamo Mahmoud—. El hombre le dio la mano a Hisham, este la estrecho con una sonrisa, Mahmoud no era demasiado alto alrededor del metro sesenta y cinco tenía pelo rizado de un color ligeramente cobrizo, su cuerpo no mostraba ni un gramo de grasa y mostraba unos brazos fibrados y blancos. Sorprendentemente no hablaba en árabe si no en francés y entendía algo de español por lo que llegaban a entenderse sin la necesidad de intérprete.

—¿Me llevaras al hotel Tichka Salam?

—Si te llevare a Mecca y te acercare al hotel pero deberás marchar un poco el hotel esta a pocos metros de la gran mezquita. Difícilmente llegaríamos en coche con los milliers de pèlerins que hay en la calle.

—No me importa caminar.

—Eres listo no es seguro dormir en las jaimas además huele muy mal y no hubieses podido reposar. El hotel es mejor, sus habitaciones son celebres por tener las mejores vistas a la gran mezquita. Puede que sepa lo que estas buscando tu eres un mayyed (Musulmán que cumple los ritos de su religión sin tener una verdadera fe) no te ofendas pero el Ajj (Peregrinación a la meca) no es para ti. ¿Quieres un poco de té? Lo estaba preparando cuando te vi —. Hisham reparo en la guantera del coche y en una especie de fogón de alcohol que tenía instalado.

No se si será correcto pensó Hisham pero decidió aceptar y asintió.

–Me apetece gracias. Esperaba reencontrarme a mi mismo con este viaje… admito que por el momento las experiencias que he sentido son muy intensas  pero me cuesta creer  sin reservas—. El taxista redujo la velocidad del coche para dejar pasar un grupo rezagado de unas trescientas personas que ocupaban todo el ancho de la carretera en dirección a Mina. Una pregunta que no se atrevía a formular a ninguno de los peregrinos que había conocido estaba torturando la mente de Hisham, tras armarse de valor interrumpió los insultos que salían de la boca de Mahmoud para que los peregrinos abriesen un pasillo por el que poder circular. —Querría que me hablases sobre la Piedra Negra de la Kaaba. He podido tocarla y… me cuesta explicar lo que he sentido…

Tras mostrar una leve sonrisa Mahmoud exclamo esforzándose en hablar en español. (Cosa que Hisham agradeció)

—¡Ah! “Le Soleil Noir”, que si cela…, eso si que es increíble—. Sorbió un poco de su té y añadió.

—¿Qué vous sabes de la Piedra Negra—?  Preguntando a Hisham.

—Se alguna cosa, pero quería saber que es lo que sabes tú.

—Seguro que tú sabes más que mi—. Dijo dibujando en su rostro una expresión divertida que pretendía aparentar a un ser ignorante

—Yo he preguntado primero—. Le contesto Hisham siguiendo el carácter distendido que estaba tomando el diálogo. Por lo tanto eres tu quien deberás responder, después yo te diré lo que sé—. Sin embargo, viendo que no soltaba prenda y se limitaba a sorber su té como si fuese una experiencia extasiante, decidió hacer una pequeña concesión.

—Sé que es un meteorito que cayo a la tierra y fue llevado a la Kaaba. Una piedra que es santa.

Mahmoud enseguida le preguntó con aire de conocer la hipótesis y la respuesta a la misma—.

—Y… ¿dónde cayó ese meteoro?, ¿dónde está el cráter?

—Supongo que en el mismo lugar donde se levanta hoy la mezquita de Meca – Le contesto Hisham.

—Debes saber que no existen signos de ese cráter en Meca ni en las environs (cercanías), ni siquiera en otros lugares más alejados. La Piedra Negra ha venido del Cielo pero no es un meteorito.

Mahmoud interrumpió la conversación para recoger los vasos y la tetera al tiempo que empezaba a acelerar el vehículo.

Hisham no interrumpió el silencio espero pacientemente; en las últimas horas de la tarde el calor cesaba y el silencio creaba un clima de ilusión en el que el tiempo estaba parado una situación ideal para hablar y entenderse. Mas allá de las palabras Mahmoud no habla a la perfección el castellano. Eso dificultaba el intentó de expresar en términos precisos lo que Mahmoud sabía de la Piedra Negra. Mahmoud rompió su silencio ablando en un francés .que a Hisham llegaba a entender.

—En el año 930 occidental, la piedra, sufrido un triste accidente. Cuando los guerreros Qarmatianos ocuparon la Meca. Se la llevaron consigo, al manipularla se desquebrajó en varios trozos, quince según dice la tradición. Fue recuperada veintidós años después. Se verifico su autenticidad introduciéndola en agua comprobando que tenía la propiedad de flotar, y fue colocada en su lugar, aunque se la tuvo que vendar con un herraje dentado de plata para que siguiera estando adherida.

Los guardianes de la reliquia niegan que la piedra haya sufrido roturas aunque admiten que, en su manipulación a través de los siglos se han desprendido varios fragmentos, todo ellos muy pequeños. Estos guardianes, incluso ponen en duda la versión de que la piedra fuese robada en ningún momento. Existe la posibilidad de que en realidad la piedra original nunca mas haya sido expuesta a los fieles.

Hace unos años aprovechando que se hacían algunos arreglos en la estructura que la soporta, un museo de Inglaterra consiguió un pedazo minúsculo de Al-Hajar al-Aswad que es el nombre en árabe de la Piedra Negra. Decidieron analizarlo para comprobar si era parte de un meteorito, tal y como se ha afirmado en numerosas ocasiones. El resultado de los análisis fue sorprendente. No es… pas une comète ordinaire. El material de Al-Hajar no es ninguno de los conocidos en esta Tierra.

—¿Existen otros fragmentos similares a los de la piedra de La Meca?

—Estoy seguro. pero penser que tout es différent y todo es uno Nunca nada es como parece—.

Mahmoud hizo una pausa a su exposición esperando alguna reacción.

Hisham volvió expresarse en español ya que le resultaba más cómodo.

—Aunque me cuesta seguirte creo que entiendo lo que dices. Hasta donde yo sabia —. Dijo Hisham — la Piedra Negra de la Meca no ha podido ser analizada por el momento, porque sus guardianes no lo permiten. De hecho el simple acceso no solo la Kaaba si no a toda la ciudad de la Meca esta prohibido a todo aquel que no sea musulmán. La hipótesis de que forma parte de los restos de un meteorito no son más que una mera especulación mientras no puedan hacerse análisis del material. Sin embargo, sugieres que dichos análisis si se han hecho.

—¿Que sabes de los resultados de las pruebas?

—Los resultados de los análisis indicaban que el material dejaba pasar super puissance ¿como se dice—?

—¿Era un material superconductor—? Dijo Hisham. A lo que Mahmoud movió la cabeza afirmativamente y prosiguió con su explicación intentando encontrar los términos adecuados para explicarse.

—Este material no existe en la Tierra ni en nuestro univers. Procede de un lugar donde el frió es tan intenso que detendría la luz del sol convirtiéndola en materia. La misma de la que esta compuesta la Piedra Negra, algo contra natura “anormal”—.  Dijo intentando expresar la posibilidad de que su manufactura fuese artificial.

—Los investigadores que estudiaron este minúsculo fragmento de Al-Hajar descubrieron que además de ser superconductor tiene perfectamente ordenadas las partículas que lo componen. Decidieron experimentar con su extraordinaria propiedad de ordenación moleculair, introduciendo números en ellas…—. La expresión dejo a Hisham perplejo. Al preguntar por la piedra esperaba un relato personal de primera mano de esos que pasan de padres a hijos una leyenda de la que el narrador pone en prenda su propia alma eterna como prueba de autenticidad, de su relato.

¿Qué era eso de meter números en las partículas de la piedra? El problema de hablar idiomas distintos estaba resultando frustrante para la curiosidad de Hisham

—Lo lamento pero no acabo de entender. Tú eres seguro, un estudioso. Un hombre de conocimiento. Yo en cambio no he sido educado ni he conocido nunca ningún hombre sabio.

—Estoy desolado por mi torpeza arrogante e intentar hacer complejo lo que es sencillo. Los científicos que analizaban Al-Hajar “Le Solei Noir”, descubrieron algo en la compositión moleculaire de aquel fragmento que les hizo sospechar que se trataba de un material de almacenamiento y transmisión de datos. y, por supuesto, no dudaron en testar sus capacidades “técnicas”.

Treinta minutos más tarde y con algunas aclaraciones la conversación seguía con una cierta fluidez.

—Entonces afirmas que esos “números” son en realidad series de cargas eléctricas que simbolizan ceros y unos, como el lenguaje de los ordenadores.

Mahmoud asintió. — Lo hicieron a través de “rayons” de luz, (láser). Introdujeron de esta forma mil números, y luego otros mil y después cientos de miles y prosiguieron así por miles de millones hasta darse cuenta que aquel material parecía tener capacidad para absorberlos a todos. El mismo proceso fue utilizado con un material desarrollado en un laboratorio artificialmente por científicos  a partir de un sofisticado proceso de cristalizado y enfriado a temperaturas imposibles con la intención de almacenar “bits” en su interior. En este material de prueba concluyeron que con una tecnología que por el momento era tan solo teórica se podría almacenar cien mil bytes de información. Pero necesitaron grandes cantidades de energía para conseguir lo que el “Soleil Noir” hace de forma natural—.

¿Que intentaba explicar?. Desde luego sabía más de lo que le había dicho con respecto a la Piedra Negra. ¿Quien era Mahmoud? ¿Un simple taxista? Hisham había prejuzgado a los habitantes de Mecca y a sus peregrinos como a necios y fanáticos había llegado con la arrogancia de ser una antorcha ante un mar de leves candelas.

—¿Como sabes estas cosas?

—Esta información no la encontrarás en ningún sitio –. Afirmó con cierta rotundidad, – La información proviene de las escuelas de sabios—. Dijo Mahmoud.

—¿De la universidad  donde estudiaste? – le interrogo Mahmoud.

—No, no… En la universidad no nos enseñan esto.

—¿En las madrasas? – le siguió preguntando intentando desvelar su procedencia.

Mahmoud le explicó que al igual que occidente existen los “sabios” que se dedican a investigar y custodiar los restos del pasado y las tradiciones, existen centros no occidentales analogos que también los tienen.

—Pertenezco una secta chií, los Gulât, nosotros creemos que los que pertenecemos a esta  sociedad somos luces aprisionadas en formas humanas y condenadas a ciclos de reencarnación, de los cuales solo pueden escapar los que son elegidos. En cada época hay una pareja de seres divinos que permanecen ocultos ignorantes de su divinidad. Es nuestro deber como creyente reconocer esos seres y escapar del ciclo de la reencarnación. Nosotros como otros muchos somos conservadores de conocimientos y dedicamos la vida a preservarlos, de la influencia de todo aquello que pudiese corromperlos.

Cuando acabó de explicar con cierta dificultad todo esto Hisham le escudriño los ojos directamente intentando adivinar, quien era en realidad Mahmud. ¿Un inmigrante que: había venido como tantos otros a buscarse la vida en este país o a algo más?

La conversación continuó, hasta que entraron en Mecca, conforme avanzaban la densidad de los peregrinos por las calles dificultaba el avance más y más.

—Hasta aquí puedo acercarte el hotel no esta lejos—. Hisham pago lo convenido a Mahmoud este le obsequio con un pequeño guijarro de un color gris metalizado.

—Toma, llevaló contigo, te ayudara a llegar allá a donde te diriges—. Los dos hombres se dieron la mano a modo de despedida.

—Nos volveremos a ver si Ala así lo decide—.

Hisham emprendió el camino al hotel absorto en sus pensamientos por lo que no vio como Mahmoud a distancia le despedía con el saludo angélico.

—¿Qué piensan esos sabios? ¿Que crees tu que es realmente la Piedra Negra—? Le había preguntado a Mahmoud.

Tuvo que hacerle las preguntas de múltiples maneras para que entendiese que le quería expresar. contestó que la hipótesis que barajan es que la piedra negra almacena datos de todo lo que sucede alrededor de la misma. Pensaba que en el pasado había una tecnología superior a la actual y aunque no consiguieron entenderse Hisham comprendió que existía un mensaje científico que se oculta en el Corán. La Piedra Negra es un ingenio tecnológico que no pertenece a la Tierra.
¿Y los sabios a los que se refería? ¿son posiblemente los guardianes custodios de la Meca?

Ya veía despuntar la gran mezquita, su Hotel estaba a pocos pasos. Intentaba imaginar como seria su habitación, estaba realmente agotado. Hasta el momento su viaje había sido un sinfín de nuevas sensaciones oyó un frac kaaestruendo y gritos alejados que le rodearon, un anillo de centenares de ojos miraban al cielo. Inmediatamente todo fue un silencio que reverberaba en su cabeza. Instintivamente intento proteger su cabeza con las manos de la lluvia de escombros que se le venia encima. Hisham Sintió el contacto con la piedra en su mano, como su mente se despejaba y obtenía la respuestauniversal que contestaba a cada una de sus preguntas un instante antes de morir….

***

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