48- Costa del Maresme. viernes 28 de septiembre.


Ángel estaba malhumorado y hambriento. El fuerte viento le había hecho volver a puerto de madrugada, todo parecía indicar que habría tormenta; por buena o mala suerte, al amarrar el yate en unos minutos desaparecieron las nubes para descubrir un cielo repleto de estrellas.

Después de desayunar se sentiría más optimista. No pudo continuar. Tobías estaba en el muelle llamándole a gritos.

—¿Es que tú no duermes? — Preguntó Ángel.

—Si me invitas a subir te contaré unos cuantos chismes que seguro que te van a interesar.

Ángel bajo la escalerilla del barco. Tobías abordó el yate. Tras un arqueo de cejas a modo de saludo indicó a Ángel que le siguiera al interior.

—¿No te importa que primero desayune? Esta noche ha sido movida y necesito recuperar la energía habitual que me caracteriza.

Diez minutos más tarde Tobías tenía en la mesa un abundante desayuno del que se disponía a disfrutar.

—Pues, como te comentaba mientras tú estabas paseando en tu barco recibí el aviso de un contacto que me hizo salir de madrugada a ver con mis propios ojos lo que estaba sucediendo. Te cuento: a eso de la una y media de esta madrugada, una unidad de la policía local avisó al servicio de urgencias del Hospital Sant Jaume de Calella, para atender a una mujer en la calle que presentaba una grave crisis de ansiedad con síntomas de padecer una grave psicosis. Cuando llegó la ambulancia procedieron a estabilizarla pero el cuadro de patologías que presentaba le hizo caer en un estado catatónico. Siguiendo el protocolo habitual de identificación la policía se personó en el domicilio de la mujer. Al no obtener respuesta procedieron a entrar en la vivienda. La aparente normalidad, quedo rota cuando mi contacto del hospital y los agentes accedieron al salón principal. Según me describió, había una gran estantería de cristal hecha añicos junto a carpetas y docenas de carpetas y libros alfombrando el suelo. En el centro del salón un televisor de plasma destilaba hilos de vapor por la pantalla, la cual tenía incrustada una enorme llave fija. Todo indicaba que podía tratarse de un robo. La situación se agravó cuando en el registro del resto de la casa la policía accedió al sótano. Descubrieron el cadáver de un hombre con el cuello roto con dos tenedores clavados en los ojos, que fue identificado como Isaac Sinlay. Como ves no he perdido el tiempo y he venido a informarte.

—Deberíamos volver y entrar al interior de la casa, seguro que para ti no será un problema.— Volvió a comentar Tobías.

Ángel quedó contrariado; no esperada ese desenlace pero no le sorprendió en exceso, desde que había conocido a Tobías se estaba acostumbrado todo tipo de situaciones insólitas.

—Supongo que lo que pretendes es aprovechar la oportunidad para entrar en esa casa para registrarla.

—Siempre contigo por supuesto. ¡Somos un equipo!

—¡Por supuesto!— Dijo Ángel con ironía. – Necesitaré hacer algunas llamadas—.  Ángel marcó un número de teléfono en su móvil; apenas tuvo que esperar contestación.

——Señor Corpus, tiene el don de la oportunidad estaba a punto de llamarle. Si no me equivoco en estos momentos debe estar en la zona del Maresme disfrutando de su yate.

—Es uno de los pocos caprichos que me permito—. Ángel conectó el manos libres ya que Tobías estaba pegando el oído al móvil descaradamente.

—Tendrá que ir a tierra firme; ha ocurrido un suceso inesperado. Una “personalidad” ha sido asesinada. Necesito que visite el lugar de crimen. El CNI necesitara su informe. No hace falta que le diga que recopile toda la documentación que considere relevante. En un par de horas llegará nuestro personal de Madrid, mientras tanto hágase usted responsable. Le envío un informe y los permisos correspondientes; no pierda tiempo sabe muy bien que si llega tarde solo encontrara basura.

… Olvidaba, señor Corpus es usted el que me ha llamado a mi, ¿quería decirme algo?

—¡Oh! nada de particular. Me dijo que le llamara para hablarle de mis progresos pero será mejor que lea el informe  después de recoger esos documentos. Lo tengo todo preparado, solo tengo que añadir detalles sin importancia.

—De acuerdo, espero su informe completo y no escatime en detalles; yo valoraré lo que es importante y lo que no. Cuando acabe envíemelos inmediatamente; ahora váyase no pierda mas tiempo.

La impresora de Ángel trabajaba frenética en la última página del informe preliminar del caso. Tobías sonreía, el día no podía empezar mejor.

De la impresora salieron varios folios que Ángel recogió de inmediato.

—Ya lo has oído— Dijo Tobías. — Debemos partir inmediatamente.

—Tenemos un problema. No tengo el coche cerca de aquí.

—Eso no importa. ¿Ves esa belleza? — Tobías señalo en dirección a una moto de gran cilindrada, mientras con la otra mano sacaba unas llaves de su bolsillo.

—Vamos… toma, ponte el casco.

Ángel subió a la moto y se alejaron rápidamente en dirección al pueblo; pensaba en sus cosas. No entendía que un hecho tan macabro pusiese de buen humor a Tobías, pero prefería no preguntar o le soltaría uno de sus discursos y necesitaba invertir los cinco minutos de viaje para pensar en lo ocurrido y especular sobre su significado.

—Después podemos ir a comer— dijo Tobías.— Conozco un sitio, es caro, pero tendremos que celebrarlo.

No tardaron más de quince minutos en llegar. La carretera nacional estaba poco concurrida a esas horas de la mañana. Tobías aparcó a pocos metros de la entrada daba acceso a la finca. Mientras tanto Ángel se acercó caminando a la verja. A simple vista la finca parecía desierta, lo mismo sucedía con los alrededores. Tobías se a reunió con Ángel.

—Está cerrada.

A simple vista el lugar parecía desierto, lo mismo sucedía con los alrededores.

—Deberíamos probar por la puerta de servicio.

Decidieron probar por una puerta que se veía al lado opuesto de la finca. Para ello debían rodear la propiedad

—¿Te has fijado en el despliegue de furgones?

—Sí, ¿pero dónde están todos?

Ángel y Tobías se referían a diez furgones de la policía perfectamente alineados que estaban aparcados en la esquina que quedaba al este de la finca. Un solo agente hacía guardia en el área de los vehículos; el rumor leve pero perfectamente audible indicaba que algunos de los furgones no estaban vacíos y había material electrónico funcionando. Sin duda todos los alrededores estaban abonados de cámaras de vigilancia. Cuando los dos hombres llegaron a la puerta Ángel inspeccionó la puerta; no tenía timbre volvió a asomarse. El cambio de ángulo de visión no presentaba nada nuevo. Empujó la puerta de entrada sabiendo que era un gesto inútil.

—Está cerrado; no hay nadie en la casa—.Ángel sintió una presencia detrás de él, una mujer de no más de treinta años vestida con pantalón tejano y una sudadera lo observaba fijamente sin apartar la mirada.

—¿Puedo ayudarle? — añadió la mujer mostrando una placa de policía.

—Necesitaríamos acceder al interior, pertenezco al CNI.

La mujer observó las credenciales que le mostraba Ángel y  a su vez procedió a identificarse nuevamente mostrando la documentación que la acreditaba como inspectora.

—Espere aquí un momento. — Hizo una llamada de teléfono mientras se alejaba con discreción.

Al cabo de un par de minutos un agente de paisano salió de la casa y permitió el acceso a Ángel y Tobías.

—Necesito ver sus  permisos. — Ángel entrego al policía uno de los documentos que unos minutos antes había impreso. Sin demasiado interés el agente observó los permisos.

—Correcto pueden pasar.

—Necesito saber quién ha entrado a la casa. — Dijo Ángel al policía.

—A las tres la ambulancia se han llevado el cuerpo y la policía local ha sido relevada. Los equipos técnicos han acabado de instalar los equipos de vigilancia hace veinte minutos.

—¿Y dentro de la casa quién ha entrado—? El policía miró una carpeta.

—Aparte de los sanitarios, la guardia urbana, el juez, el forense, nuestros técnicos y yo mismo; nadie más.

¿Ha salido alguien con documentos o material informático?

—De aquí no ha salido nada.

—¿Podría solicitar a sus superiores los informes previos de la Investigación?

—Informaré de su solicitud. Cuando estén preparados se los harán llegar. Puedo proporcionarle fotocopia de algunos de los documentos que hemos encontrado.

—Se lo agradezco.

Ángel se apresuró para seguir a Tobías que ya se perdía de vista por el interior de la casa.

Todo estaba en orden, excepto el salón. Tobías se agachó para observar de cerca los DVD que estaban por el suelo.

—Están sin grabar.

—Dudo que encontremos nada aquí.— Dijo Ángel.

—Busquemos en el despacho.

—Está en el sótano.

—¿Que se supone que deberíamos buscar?— Preguntó Ángel.

—¿No eres tú el espía?

—Yo ya se lo que debo buscar; me refiero a ¿qué es lo que esperas encontrar tú?

—Isaac Sinlay es el responsable del asalto a la fábrica en el que murieron  muchos de mis compañeros. Pero él solo recibía órdenes. En la fábrica se controlaba entre otras cosas los movimientos de los Sidonitas, dónde iban, con quién se reunían, cosas que luego eran analizadas para especular con el propósito de cada acción. El asalto nos pilló por sorpresa y mi investigación quedo paralizada.

—Por eso te has pegado a mí como una lapa.

—No te quejes; en nuestra relación has salido ganando. Si no fuese por mi estarías más perdido que un topo.

—¿Te has dado cuenta que últimamente estas engordando? Según mis cálculos en proporción inversa a mis fondos para “gastos extraordinarios”. Cómo “cuenta cuentos” me sales muy caro.

—Puedes ser todo lo irónico que quieras pero en estos momentos puedo recuperar el tiempo perdido durante meses en solo unas horas.

En interior de la casa no había nadie.

—Hemos llegado tarde; aquí ya no queda nada que buscar—. Dijo Ángel.

—No te apresures. Podemos estar aquí todo el tiempo que queramos ¿no?

—Pues si…, pero no queda nadie ¿Entiendes que eso significa, que los que han venido antes ya han arrasado con todo?

No con todo, Sinlay no era un tipo común—. El policía de la entrada le dio a ángel una carpeta con documentos fotocopiados y sin decir nada se marcho a seguir con sus asuntos.

—Si me lo permites leeremos juntos estos datos y después actuaremos.

—¿Qué sabes más? Deberías contármelo.

—Todo a su tiempo.

—¿Leemos los documentos?

—Empieza tú; yo quiero chafardear.

—Vale pero no te alejes si viene alguien y te ve husmeando no sabría cómo justificar tu presencia.

El informe policial no aportaba datos de interés, los documentos eran otra cosa. Ángel empezó a leer lo que parecían los restos de un diario.

Notó su respiración entrecortada, su sudor frío recorriéndole el cuerpo. Los temblores de sus manos mientras busca a tientas por la pared me dicen lo que pasa por su mente. Dentro de su pánico interior algo le dice que a través del tacto encontrará algo, una puerta quizás. Me parece divertido mirarla hacerlo, sabiendo que está encerrada en una habitación sin puertas. La única salida está en el techo. Pero ella no puede verlo, me he encargado de ello.

“Una vez la cogí, en aquel oscuro aparcamiento, lo más complicado fue arrastrarla. El cloroformo funcionó a la perfección, a pesar que nunca antes lo había usado. Pero es más elegante que dejarlas sin sentido de un golpe. No había nadie en todo el aparcamiento, como yo esperaba. Pero cada ruido hacía erizarme el pelo, pensando que me habían descubierto. Me gusta esa sensación. La arrastré y la metí en el maletero. Pensé en amordazarla por si despertaba, pero era improbable. Dormiría bastante rato.

Durante todo el trayecto saboreé el miedo que ella iba a pasar. El miedo y el sufrimiento no tiene porque esta ligados al dolor físico. No me gusta el dolor. Infligirlo es sencillo y el placer que provoca es efímero. Prefiero saborear el terror.

Parece que ya se ha cansado de palpar las paredes. Se ha convencido que no hay salida. O puede que esté cansada. Lo que me parece más extraño es lo pronto que se ha conformado con la situación de su cara. La máscara de metal que le he puesto y el esparadrapo en su boca no le permiten ver, ni hablar. Así me ahorro sus gritos desesperados. No quiero que empiece a pedir ayuda, o a suplicar clemencia. Eso no es divertido, es patético. La máscara tiene un cierre de metal, un buen trabajo de artesanía.

Ya es hora de que empiece el juego. Parece que se ha quedado dormida, acurrucada en un rincón. Como en otras ocasiones observo que tienden a ponerse en una esquina. Esto parece darles una sensación de estar más protegidas, aunque sepan que no es cierto. Tengo que pensar en preparar una habitación circular, así comprobaré cómo se colocan. Abro la válvula y empieza a salir el agua. Primero un tímido chorro, que luego va aumentando. Ella parece notarlo y se sobresalta. Sé que el agua está muy fría. Además ella solo lleva un ligero camisón de hilo. Antes de empezar tuve que desnudarla y ponérselo. Tengo que reconocer que verla completamente desnuda me excitó, pero yo no soy un violador. Nunca forzaría a una mujer. Cada uno tiene sus princípios, y este es uno de los míos.

El agua está empezando a llenar la habitación. Ella se ha puesto de pie, totalmente empapada. En apenas unos minutos más le llegará a la altura de la garganta. Pero no se parará ahí, seguirá subiendo. Sé que ella sabe nadar, si no lo supiera el juego no tendría gracia. Cuando toda la sala esté llena ella flotará hasta el techo, allí descubrirá que está la salida, aunque no le sirva a ella. La reja está cerrada con un candado. Con sus manos, temblorosas por el frío y el miedo, alcanza el techo. No tarda más que unos segundos en darse cuenta que la única salida está cerrada. Oigo su gemido ahogado de derrota. Debe estar asustada y confusa, ¿qué hace ella aquí? ¿Por qué? Todas estas preguntas se le pasarán por la cabeza.

Ya ha tenido suficiente agua, así que cierro la válvula. Abro el desagüe y el agua desaparece poco a poco a los depósitos de donde salió. Ella se vuelve a colocar en el rincón, tiritando de frío. El camisón está ahora más empapado que antes. Se le ha pegado al cuerpo, revelando cada uno de las líneas de su figura, perfecta sin duda. Continúo con el plan. Salgo de mi pequeña sala de control y me acercó sigilosamente a la reja, con la cerbatana en la mano. El camisón me proporciona un excelente blanco. Ella parece no haberme oído. Supongo que aun está un poco drogada. El dardo sale disparado de la cerbatana y se le clava en un muslo. Ella se sobresalta e intenta gritar. Pero no puede. El somnífero tardará apenas unos minutos en hacer efecto.

Sacarla de la habitación me supone más problema que haberla metido. Por suerte ella no se da cuenta de nada. Le quito el camisón suavemente y la seco con una toalla. El cabello me da más trabajo y uso un secador de mano. La marca del dardo apenas se nota. Le pongo de nuevo su ropa y la arrastro hasta el coche. Esta vez no la meto en el maletero, la dejo en el asiento del acompañante. La coloco de forma que parezca que se ha dormido.

En menos de veinte minutos llegamos de nuevo al aparcamiento. Sigue tan solitario como antes. Aparco al lado de su coche. Lo abro con la llave que tenía en su bolso. La coloco en el asiento del conductor con cuidado, no quiero que se despierte antes de hora. Dejo su bolso en el asiento de acompañante y las llaves en el contacto. Cierro la puerta con cuidado. Me marcho con mi coche y la dejo allí, la sesión de hoy ha terminado.

Ella se despierta media hora más tarde. No comprende que ha pasado, apenas recuerda nada. Ha sido un mal sueño, al menos intenta convencerse a sí misma. Arranca el coche y se marcha del aparcamiento.

Cuando llega a casa yo la estoy esperando. Adopto una expresión de preocupación y le pregunto donde ha estado. Me dice que se ha quedado dormida en el coche cuando salía del gimnasio. Yo le repito, como en ocasiones anteriores, que tiene que hacer menos deporte, que cualquier día le puede pasar algo estando al volante. Me cuenta la pesadilla que ha tenido.

—No es la primera vez que te pasa. Tendremos que visitar a un médico. No puede ser normal que te quedes dormida de repente y luego siempre tengas pesadillas.

—Quizás tengas razón — dice ella.— Mañana pediré hora.

 

— Así me gusta.— Le digo.

— No sé que haría sin ti.— Dice mientras me abraza.— Te quiero cariño.

— Yo también a ti.— le digo mientras la beso.

ESCALOFRIANTEPD: Disfruto del momento, sin duda. Puede que muchos no comprendan el placer derivado del sufrimiento ajeno, pero no me importa. Cada uno busca su propio placer y éste es el mío. Estoy seguro que ella no lo ha disfrutado, aunque no es algo que me preocupe.

Sin duda era un relato escalofriante. Al parecer la tenía tomada con su mujer. ¿Quién lo diría?. Ángel quiso comentar el diario de Sinlay con Tobías pero había desaparecido.

—¿Por dónde andas?— Tobías apareció bajando las escaleras.

—Buscaba en el piso superior sin resultado.— Tobías estaba serio; parecía preocupado. Ángel decidió dejarle un poco más a su aire. Por algún motivo, no sabía cuál, confiaba en el. El siguiente documento correspondía a la última anotación de su diario. Parecía una declaración de las últimas voluntades de Sinlay.

He sido repudiado por mis discretos hermanos. Mi percepción ha degenerado revelándome algo de lo que erróneamente creía conocer. He tenido que enfermar sufrir la angustia de la duda despertar a un mundo en el que la emoción tiene un valor inherente a la razón.

Las acciones llevadas a cabo por nuestras  agencias gentiles, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, están causado más devastación en los últimos años que todos los desastres de la Segunda Guerra Mundial juntos.

Sus esfuerzos de coordinación no son para tratar esas cosas que son importantes para los gentiles justicia social, interés común y calidad de vida sino para reforzar la austeridad económica. Esto no parece preocupar a los míos o por lo menos no parece que llamar al orden a los administradores sea una prioridad para ellos.

Desmoralizados y confusos, con poca autoestima, con un futuro incierto, la población gentil es mucho más proclive a aceptar la aparición repentina de un “Mesías”, un Nuevo Orden que prometa la eliminación de las drogas, la pornografía, la prostitución infantil, el crimen, las guerras, el hambre y el sufrimiento, y que garantice una sociedad bien ordenada en la que la gente viva en armonía.

La “nueva armonía” va a devorar las libertades, los derechos humanos, el pensamiento independiente y su mera existencia. “Armonía” significará una sociedad del bienestar que convertirá personas en números dentro del enorme sistema burocrático del nuevo Orden Mundial. Los no conformistas, como yo mismo, seremos barridos con la simple pulsación de una tecla de ordenador. Todo aquel identificado como insurgente será internado en uno de los más de 600 campos de concentración que financiamos desde hace años.

A no ser que la gente del mundo libre (o lo que queda de él), la resistencia leal, emerja desplegando todos sus recursos, para defender sus ideales, en vez de dejarlos en manos de los gobiernos.

Los representantes de la Comisión Europea, las Naciones Unidas y la realeza,  ya les han traicionado, han vendido a sus pueblos por nada, tal vez por unas palmaditas en la espalda en señal de aprobación.

Esos elegantes y siempre correctos miembros de las familias reales europeas, sus educadas damas y gallardos caballeros son, en realidad, completamente despiadados. Usan el sufrimiento de las naciones y su riqueza para proteger su privilegiada forma de vida. Estas fortunas de la aristocracia están  relacionadas y entretejidas con el tráfico de drogas, oro, diamantes y armas, con los bancos, el comercio y la industria, con el petróleo, los medios de comunicación y la industria del entretenimiento.

Es virtualmente imposible romper la reserva de la hermandad. Las pruebas no están al alcance dela población porque la información sale directamente de los archivos de inteligencia y sólo una minoría privilegiada puede verlos. Nunca  los medios de comunicación harán la menor referencia a la verdadera conspiración en los telediarios de la noche. La prensa está totalmente bajo el control de las hermosas damas y caballeros que dedican la mayor parte de su tiempo a empresas filantrópicas. La mayoría de la gente cree que: como todo esto no aparece en las noticias, debe de tratarse de una más de las muchas teorías de la conspiración a la que despreciar, ridiculizar y finalmente rechazar. La gente quiere pruebas definitivas eso no es lo más difícil de conseguir. La mente de los ciudadanos esta sedada es incapaz de pensar por si misma su mermada capacidad critica se nutre de ideas procesadas y pre-digeridas.  Eso es lo que el Sidonita ha hecho con la raza humana. El Nuevo Orden Mundial ha neutralizado la única amenaza real que las “sucias masas”, es decir, vosotros, habéis podido oponer a sus planes. Esta nota puede ser una excepción. Su objetivo es advertir de que los planes para la instauración del Nuevo Orden Mundial están en la fase final.

He detenido el cronometro todo lo que he podido. Si el plan se lleva a cabo ya no habrá esperanza. “Detrás de las cosas siempre hay más de lo que se ve a simple vista.”

Teoría de la conspiración. Ángel sabía que existían los secretos. Él vivía a costa de ellos pero de aquellos de los que él tenía referencias, ninguno se acercaba ni remotamente a tramas reales de  control mundial. Conocía a cientos de personas que eran más poderosas que Sinlay y todas ellas tenían unas cualidades comunes, como credibilidad, respeto, lealtad hacia los suyos. Si fallaba la reputación no tenías a quien recurrir. Todo lo que decía Sinlay en sus notas no valía para nada si nadie estaba dispuesto ni tan siquiera tomar en serio sus palabras. Los documentos de Sinlay nunca serían de dominio público.

De eso Sinlay era consciente así que semejante discurso debía estar destinado a alguien en particular alguien que tuviera pruebas y el poder suficiente para actuar en consecuencia.

Tobías seguía rondando alrededor de la sala. Miraba uno por uno los CD y DVD, que se suponían vacíos con la esperanza de encontrar algún segmento grabado.

—Si no me dices que es lo que buscamos no creo que pueda ayudarte a buscarlo.— Tobías acabo por aceptar que Ángel tenía razón.

—Un contenedor, un frasco algo que pueda contener un líquido, más o menos 500cc de volumen.

—¿Buscamos drogas?

—No.

—¿Entonces?

—Un agente  biológico.

—Creo que al entrar he visto una mierda de perro en el césped.

—¿Te parece que es el momento de hacerse el  gracioso?

—Eres un cabrón. ¿Cuándo pensabas decírmelo? Peor aún. No pensabas decirme nada. ¿Verdad?

De repente Ángel recordó un fragmento de la conversación que había tenido con Sinlay.

—Bajemos al sótano ¡rápido!— Tobías desconcertado se limitó a seguir a toda prisa a Ángel.

—Falta uno.

—¿Que falta qué?


—Falta un pato, el más grande. Cuando me reuní con Sinlay había tres—. Tobías miró la foto del informe de la muerte de Sinlay; en la foto se veían sólo dos, la lámpara no dejaba ver al tercero.

—¿Qué lámpara? ¿Ves alguna lámpara?

—Está en la foto—. Dijo Tobías mientras se la mostraba. Ángel no salía de su asombro y exclamó.

—Joder es una máscara. ¿No te das cuenta? Eso no es una lámpara, es un pegote que han puesto para ocultar algo que no querían que se viera en la foto—. Ángel volvió a sorprender a Tobías cogiendo el pato de porcelana más pequeño y estampándolo contra el suelo.

—¿Pero te has vuelto loco?

—Cállate y busca—. Era evidente que Ángel esperaba que el interior de la figura contuviese algo.

—No veo nada.

—Busca. Sinlay lo dijo…  me dio a entender que los tres patos contenían algo.

—¿Cuándo te dijo eso?

—No sé. Puede que no me lo dijera, pero el pato ya está roto, así que calla y busca.

La luz cálida de la bombilla que apenas iluminaba el escritorio y la moqueta oscura del suelo no facilitaban la búsqueda precisa de algo que era posible que ni siquiera existiese.

—¡Aquí esta, lo tengo!

La mayoría de las personas tienen miedo a la muerte porque no han hecho nada de su vida.
La mayoría de las personas tienen miedo a la muerte porque no han hecho nada de su vida.
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