51- Sant Andreu de Llavaneres. Sábado 29 de septiembre.


Ángel atracó su barco en Port Balis. Conocía bien el club. En más de alguna ocasión había utilizado sus instalaciones por lo que se desenvolvía con naturalidad sin que nadie se fijara en su presencia. ÁngeL se preguntaba los motivos que tendría Sinlay para interesarse por el helipuerto del club mientras se dirigía a la zona de duchas en busca de la taquilla de Sinlay.

Durante el recorrido por la zona deportiva no se cruzó con nadie salvo un empleado del personal de mantenimiento atareado en cambiar un tubo fluorescente  que no le prestó ninguna atención. Había una cámara de vigilancia pero tenía claro que nadie estaba atento a ella y que tampoco estaría grabando.

No pudo evitar mirar a un lado y a otro para confirmar que efectivamente no había nadie que le pudiera ver mientras abría la taquilla

En el interior encontró un neceser. Ángel lo abrió. Había un recipiente cilíndrico de unos 500 CC de volumen con una tapa de rosca. En la superficie había una etiqueta con tres lunas crecientes sobre un círculo y la cifra “6” en la esquina inferior. Era el código identificativo de peligro biológico; el interior debía contener material que Tobías le había descrito.

Aparentemente Sinlay no había accedido al contenido del cilindro. Una bolsa pegada a modo de bolsillo con cierre hermético contenía la documentación que permitía que el laboratorio receptor pudiese identificar la muestra además de información específica.

No había ningún dato visible que hiciese referencia a las condiciones de conservación por lo que dedujo que no necesitaba refrigeración. Recordó algunos datos de un curso formativo que había realizado sobre protocolos de manipulación de sustancias peligrosas. Como norma general, los embalajes destinados a sustancias infecciosas y muestras de diagnóstico constan de tres capas. Una envoltura exterior para proteger el producto de las influencias exteriores durante el transporte, un recipiente secundario estanco con material absorbente en cantidad suficiente para absorber todo el líquido de la muestra en caso de fuga y finalmente un recipiente primario estanco en el que se coloca la muestra.

Ángel lo había encontrado. Ahora debía proceder al traslado del agente a un lugar seguro. Su yate.

Llamó al móvil de Tobías. Una simple llamada perdida le avisaría de que todo había salido como esperaban.

Ángel no perdió el tiempo y se dirigió al amarre en el que estaba su barco Tobías le estaría esperando. En su mente sopesaba la posibilidad de hacer públicas las intenciones de Los Sidonitas o por lo menos la falta de escrúpulos de la corporación Umbrella.

Según se acercaba al barco su sentido del olfato fue estimulado. ¿Alguien está haciendo una limpieza a fondo?— pensó. Según se acercaba a su barco el olor se hacía más intenso. Lo que había percibido como un agradable olor a limpio se estaba convirtiendo en una señal de peligro. Sin pensarlo subió de un salto a su embarcación. Tobías estaba en peligro.

—¡Tobías!— Grito Ángel desesperado mientras corría por la cubierta, sentía que el pulso se le estaba acelerando. El estrés de llevar con él algo tan peligroso. Los vapores de cloro que salían de su barco y que ya estaba respirando mas la sensación de que sus ojos se estaban licuando por culpa del ácido fueron el preludio al pánico que sintió al percibir la figura de Tobías aparecer con una máscara anti-gas que le cubría toda la cara.

—No te emociones solo es un poco de lejía.— Dijo Tobías.

—¿Pero que estás haciendo?— Preguntó Ángel con voz acusadora.

—Lo siento, es que con esto apenas huelo nada. Toma tengo una para ti.

Ángel cogió la máscara y salió lo más rápido que pudo buscando una zona del barco donde la concentración del gas fuese menor. En cuanto pudo renovar el aire de sus pulmones bramó el nombre de Tobías, que dada la intensidad del reclamo reapareció de entre la bruma en un instante.

—Desde dentro no parecía lo mismo.— Dijo Tobías a modo de desagravio.

—Está bien ¿se puede saber que estás haciendo?

—En princípio estaba pensando que cuando aparecieses tendríamos que manipular el producto y eso requiere ciertas precauciones.

—¿Y?

—En el caso de una fuga accidental el cloro es una opción adecuada para descontaminar la zona así que decidí poner a hervir una olla con lejía. Unas cuantas horas con las ventanas bien cerradas y todo queda esterilizado.

—¿Y no se te ha ocurrido que las telas, la piel de los sofás, los barnices de la madera por no hablar del material informático que tengo instalado iban a corroerse y convertirse en polvo gracias a tu brillante idea?

—Bueno es una olla pequeña de prueba. Sólo pensaba encender la grande en caso de accidente.

—Será mejor que nos larguemos de aquí cuanto antes—. Dijo Ángel mientras cerraba todas las ventanas para que la nube de cloro no saliese hasta que estuvieran fuera del puerto.

Una hora después a una distancia prudencial de la costa y con el barco casi ventilado Ángel y Tobías procedieron a abrir el contenedor para verificar que dentro estaba el agente biológico. En el interior podían verse cinco ampollas de aluminio alineadas formando un pentágono.

—Parece que todo esta correcto.

—De acuerdo, dame uno de los virales. Con el resto puedes hacer lo que quieras. Te recomiendo que lo entregues al CNI. Seguro que te van a dar una medalla.

—Seguro. Y un carné del Barsa. En serio, me preocupa que acabe en manos de los Sidonitas.

—Para cuando lo quieran utilizar, nosotros ya tendremos un antídoto.

—Harán otro es solo cuestión de tiempo.

—El intento de exterminar a los Kaabolos fue un acto reflejo; se sintieron en peligro ante algo que desconocían y actuaron por impulso. El descubrimiento de los virales pondrá al descubierto sus intentos de hacer trampas. Ellos son los jefes pero se deben a un código de conducta que han de cumplir frente a sus subordinados. El grupo al que represento esta preparado para hacer de intermediario entre Sidonitas y Kaabolos. Tendrán que hablar con nosotros.

GB KAABA—¿Crees que os escucharan?

—Puedes estar seguro. El don de la palabra no es exclusividad del Sidonita.

—¿Qué va a ser de Pilar?

—Lo que ella quiera, no deberías sentirte culpable de nada. Cada uno a elegido su camino, César, Sergi, Pípi así lo han hecho.

—¿Y Francisco?

—No se sabe nada de él. Andará por ahí… Seguro que esta bien.

***

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