Ciencia y Civilización 5.


masterKaaba más allá de lo literal.
El gnóstico, es aquel en el que todo su ser está sometido al conjunto de un todo que le es superior; no tiene una existencia individual separada de sí mismo. Es como los pájaros y las flores cuando se rinden a la creación; como ellos y como todos los demás elementos del cosmos, refleja el Intelecto divino a su propio nivel. Lo refleja activamente y, sin embargo, él es pasivo; su participación es consciente. De este modo, el “conocimiento” y la “ciencia” se entienden como algo completamente distinto a la simple curiosidad o incluso a la especulación analítica. Desde este punto de vista, el gnóstico es “uno con la naturaleza”; la entiende “desde dentro”, se ha convertido de hecho en el conducto de la gracia divina para el universo. Su universo y el universo de la naturaleza son ahora equivalentes. La función del intelecto así definida puede resultar difícil de comprender en occidente. Si no fuera por el hecho de que la mayoría de los grandes científicos y matemáticos primigenios actuaron dentro de este modelo. Un modelo cercano al tipo de pensamiento contemplativo del Cristianismo medieval, una vez más evocado en parte, durante la época moderna por la escuela alemana de la filosofía de la naturaleza (Naturphilosophie ) y por los románticos, quienes se esforzaron por alcanzar la “comunión” con la naturaleza. Sin embargo, no debemos dejarnos engañar por la palabra.

El poeta británico John Keats definió la “capacidad negativa” como “la de un hombre que es capaz de existir en medio de las incertidumbres, los misterios, las dudas, sin nada sensible que pueda ser captado tras el acto y la razón.

La apertura del alma romántica a la naturaleza, incluso la “capacidad negativa”de Keats, es mucho más una cuestión de sentimiento (o de “sensibilidad”, como entonces les gustaba decir) que de auténtica contemplación, pues la verdadera actitud contemplativa se basa en la “intelección”.

Hay que tener en cuenta el cambio en el uso de las palabras. En la actualidad, “intelecto” e “intelectual” se identifican tanto con las funciones analíticas de la mente que apenas conservan ya ninguna relación con la contemplación. La actitud hacia la naturaleza que implican esas palabras es la que Goethe iba a lamentar aún a comienzos del siglo XIX, esa actitud que decide, conquista y domina por la fuerza de los conceptos. En resumen, es básicamente abstracta, mientras que el conocimiento contemplativo es sobre todo concreto. Por lo tanto, tendremos que decir, con el fin de restablecer la antigua distinción, que la relación del gnóstico con la naturaleza es “intelectiva”, y no abstracta, ni analítica, ni meramente sentimental. Vista como un texto, la naturaleza es una fábrica de símbolos que deben leerse de acuerdo a su significado. La Kaaba es el equivalente a ese texto en forma de palabras humanas; y recurre a los “signos” para expresar lo que no pueden exponer las palabras. Tanto la naturaleza como la Kaaba muestran la presencia y la palabra de los creadores. El texto es también simbólico, al igual que toda la naturaleza. Si el texto quedara reducido a su significado literal, el hombre todavía podría conocer sus responsabilidades, pero perdería el “texto dinámico que invita a la interpretación y su lectura no pasaría de ser un sencillo relato.

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