(ROJO 22) Refugio:


Viendo como Padre se alejaba, mi curiosidad fue superior a la obligación de obedecer las normas; me arme de valor y decidí seguirle.

Isic se desplazo dos manos hasta que llego a un promontorio rocoso. No sé el momento exacto en el que Padre percibió mi presencia pero se dirigió a mí como si hubiese estado a su lado durante todo el camino.

-Parece que mañana no vendrá ningún grupo de forasteros.

-¿Cómo lo sabes-? pregunte desde detrás del árbol en el que erróneamente creía permanecer oculto.

-Ven, descúbrelo tú mismo.

En un instante estaba junto a Padre. En ese breve espacio de tiempo sentí miedo por el posible castigo, vergüenza por haber sido descubierto con tanta facilidad y gratitud por que parecía que estaba dispuesto a compartir sus pensamientos conmigo. El promontorio resulto ser un barranco desde el que se divisaban los cuatro senderos que desde el sur conducían a las tierras del lago.

time lapse-Desde hace varios meses que me preguntaba cuando tardarías a empezar a tomar tus primeras decisiones como adulto.

No sé si padre esperaba que dijese algo que afirmara mi dignidad de hombre. La verdad es que al no saber que decir, preferí permanecer callado.

Padre y yo acabamos sentados contemplando el mundo, mientras Isik descendía pausadamente en el horizonte, momento en que a todos los hombres nos estaba permitido mirarle sin ofenderle.
Como marcaba la tradición de los hombres del bosque me postre frente a él para rendirle culto en reconocimiento a su poder y rogarle que volviese al día siguiente. Un sonido seco e intenso sonó a mi espalda.gire extrañado y vi que Padre sostenía en su mano derecha un  cilindro hueco de madera en la izquierda sostenía una baqueta con la que percutía el cilindro. El sonido era tan intenso y seco que podía oírse claramente a una gran distancia. Lo que en un principio fue un sonido de cadencia similar al canto del cuco se convirtió en una cadencia de sonidos que contraían y expandían siguiendo un complejo patrón. Cuando Padre acabo de golpear el extraño instrumento no necesite preguntar ya que él tenía preparada su explicación.

220px-TublarWoodBlock–Es un llamador sirve para saludar a los espíritus que viajan por las montañas y los llanos cumpliendo los deseos de los dioses se llama “arayan”

–Nunca te he visto a ti ni a nadie de los clanes usándolo.

–Solo los viajeros que proceden del pueblo de la gran colina lo conocen. El sonido del arayan es agradable a los dioses siempre y cuando suene su canto en el momento y el lugar adecuados.

–No lo entiendo.

–La llamada se debe realizar al ocaso y al amanecer en un sitio elevado orientado hacia el punto del horizonte al que te dirijas. Hacerlo dentro de una cueva un valle o ante una fuente de sonido intenso no será del agrado de los dioses.

–¿Llamas a Zirvedam?

–No. El pueblo de la colina no rinde culto al espíritu de la montaña, no es una fuerza que ellos conozcan.

A Padre no le gustaban las preguntas. Del pueblo de la colina yo solo sabía que era un lejano lugar del que procedía Padre.  , siempre era él quien decidía cuando debía aprender algo nuevo, algo que cuando me era revelado solo sabíamos él y yo.

La transmisión y el progreso del conocimiento  sólo pueden entenderse con una tradición que sea asimilada por su utilidad práctica más que por ritos que escapan a la comprensión de aquel a quien se pretende guiar.

No resulta eficaz recurrir a conceptos cuyos pilares se asientan  en la fe o el dogma, cuando lo que se pretende  es que la siguiente generación no tenga que empezar siempre de cero y tener que seguir e imitar a aquel que se otorga el papel de guia.

–Ven te enseñare algo–. Me dijo Padre mientras se levantaba y empezaba a caminar alejándose del barranco.

vogelherdsh100509Le seguí un centenar de metros en dirección a unos matorrales que ocultaban la entrada a una cavidad natural. Padre había escavado hasta convertir la cavidad en un refugio. Padre abrió una tosca pero efectiva puerta hecha de ramas gruesas trenzadas y cogió unos objetos del interior. De inmediato repare en las  piedras amarillas y brillantes que padre llevaba en la mano. Cogió unas hojas secas de un arbusto y las redujo a polvo, busco un lugar resguardado del viento. Era evidente que pretendía hacer fuego. Deposito las hojas pulverizadas en el suelo y acerco las piedras hasta casi tocar el montoncito de hojas. Hizo chocar una piedra contra la otra con un golpe seco y se produjo una chispa tan intensa que el polvo empezó a arder de forma espontánea. Para mí fue una impresión tan intensa que no pude evitar salir huyendo gritando aterrorizado ante una demostración de magia tan poderosa. Sin duda Padre tenía dos pedazos del mismísimo cuerpo de Isik, y, el poder de la tormenta, con el que producir rayos a voluntad.

–Rojo ¡vuelve!, aún no hemos acabado–. Me grito Padre mientas alimentaba el fuego con algunos arbustos.

Por mucho miedo que tuviese en ese momento, la confianza y el respeto a su voluntad, eran fuerzas mucho mas intensas, así que me acerque a él intentando recuperar una parte de  mi dignidad mientas el resto, aún seguía corriendo.

–¿Eres un dios?  Pregunte, puesto que independientemente del clan al que se perteneciese se consideraba algo habitual que los espíritus se introdujesen el cuerpo de los hombres,  por necesidad o capricho.

-Creo que no.

–Haces cosas que nadie sabe hacer.

–Se cosas que otros no saben.

–¿Me enseñaras todo lo sabes?

–Muchas cosas de las que sé nunca te servirían de nada.

–Me da igual ¿me enseñaras?

–No te imaginas todo lo que vas a aprender.

Padre cogió una rama de la pequeña hoguera y se dirigió al refugio en la entrada prendió fuego a un recipiente que contenía una mecha con aceite y accedimos al interior ascendiendo por una rampa de escalones de barro compactado. El interior era a un espacio escavado en la tierra de quince metros cuadrados el espacio se repartía en cuatro secciones al fondo se encontraba un espacio dedicado como dormitorio, almacén de ropa y equipo de invierno un tabique separaba la segunda sección del hogar donde Padre encendía el fuego para cocinar y calentar la estancia. La otra mitad estaba destinada a espacio de trabajo menos un cuarto espacio más reducido que ocupaba el lado derecho del refugio destinado a almacenamiento de leña, herramientas, alimentos y bolsas de hierbas. Me sorprendió que la mayoría de hierbas que vi me fuesen desconocidas. Conocer la morfología de las plantas era  tan elemental y crucial como distinguir entre lo que era agua potable y agua estancada. Estar frente a un montón de hierbas desconocidas era un ejemplo proporcional de todo lo que desconocía. Cualquier adulto sabía como tratar dolencias simples. El escozor de ojos mediante la aplicación de compresas de cariofilada y melimoto. El dolor en dedos y articulaciones con raíz de alcaparra, aristoloquia, saponaria y hojas de ortiga mayor. El ahogo, la tos dolorosa, la diarrea, los dolores, problemas de piel, calenturas, parásitos, picaduras, quemaduras etc… Cada afección tenía una o muchas hierbas que servían de remedio. Flores frutos, raíces tallos, eran utilizadas como infusiones mezclas tinturas tisanas, ungüentos, vahos y zumos. Cualquiera que se alejase del poblado podía optar por prescindir de llevar un recipiente con agua  o su lanza, pero nadie emprendía camino sin su bolsa de hierbas.

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