(ROJO 35) Día 8


Encontrándome solo en medio de la alta cordillera, emprendí rumbo con la esperanza de localizar a alguien que pudiera asistirme. Con tan sólo 8 años de edad tendría que sobrevivir, vencer a la montaña.

Un cambio súbito en la dirección del viento alejo las nubes de tormenta  permitiendo el paso a los calidos rayos del Sol. Rojo conmocionado por la pena y el sentimiento de culpa por haber abandonado a su padre no es consciente de ello. La extremada sequedad del ambiente ocasionada por la altitud, las pérdidas de agua por la respiración y la transpiración son muy elevadas. Si a ello se agrega el desgaste que impone el esfuerzo físico, se comprenderá por que las posibilidades de deshidratación aumentan de forma importante. –

Alucinaciones………………..

Gracias a que el tiempo se apacigua consigue llegar al refugio avanzada la noche pero vivo

Un buen refugio, además de proteger de los elementos, proporciona comodidad, seguridad y firmeza psicológica.

Rojo continúa el viaje.

Me resultaba imposible no sentir miedo. Estaba aislado y perdido lejos de todo lo que conocía. Era una reacción natural frente a elementos hostiles, un miedo que agudiza los sentidos y prepara el cuerpo para luchar o huir

Recordar los consejos de Padre, sus palabras, me inspiraban confianza evitando que sucumbiese al pánico.

Concentre mi pensamiento en el análisis de la situación y las tareas que debía realizar para aumentar mis probabilidades de supervivencia, y eliminar de inmediato cualquier pensamiento autocompasivo, o de desesperación.

Con la soledad llego el tedio de forma gradual. Una vez realizadas las tareas inmediatas, mi mente comenzaba a divagar y a jugarme malas pasadas. No pude evitar caer en la depresión y en restar importancia a la voluntad de sobrevivir.

Sin embargo el espíritu de Padre era muy superior al mío y me obligaba a mantener la mente ocupada. Siempre existen tareas que realizar para aumentar las probabilidades de encontrar ayuda, o simplemente para estar más cómodo. Analicé los peligros o emergencias que me pudiesen sobrevenir y preparé planes para afrontarlos. Empecé a elaborar un programa de actividades sabia que debía hacer ahora debía convencer a mi cuerpo y a los dioses de mi interior para que lo hiciesen así que empecé a luchar contra la voz que me decía que no podía que no con seguiría sobrevivir. Cualquier cosa vale cuando ya no se te ocurre nada que hacer y tu mente comienza a desobedecerte hundiéndose en la desesperación.

La sal

Sal marina, sal gema. Alita, importación y exportación

Mali tombuctu.

http://culturademontania.com.ar/Libros/libromon3.htm#sthash.q9CF9MkC.dpuf

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