(ROJO 26) DE CIGARRAS Y HORMIGAS)


Desde que me traslade al refugio de Padre nuestra relación empezó a ser cordial.

Una parte del quehacer diario consistía  en acudir a un bosque de pinos en el que padre recolectaba resina con la que una vez mezclada con cera de abeja y carbón obtenía un material con el que confeccionar todo tipo de elaboradas herramientas.
El primer día que visite el pinar antes de partir Padre me entrego una bolsa vacía y me izo responsable de su transporte. Cualquier material vegetal  o mineral que llamaba su atención debía recogerlo e introducirlo en la bolsa. Lo que más me molesto fue que  después de acarrear la carga durante horas  al llegar al hogar la bolsa estaba vacía pues Padre decidió  abandonar los objetos recolectados en el tronco hueco de un árbol.

Al día siguiente el comportamiento de Padre fue el mismo solo que esta vez  todo acabo en el interior de una pequeña cueva.

Llegado el tercer día Padre volvió a entregarme la bolsa  Junto a una sonrisa de oreja a oreja que dejaba muy claro, que el sinsentido de su comportamiento le parecía muy divertido.

-¿Porque no me explicas ya,  porque me haces recoger  todos los días piedras hojas secas, palos, ramas o yerbas y luego  los abandonamos sin haberlos utilizado para nada?

-Es importante que tus piernas se hagan fuertes y llevar un poco de peso no te hará ningún daño.

-Puede, pero mis piernas se hacen cada día más fuertes sin tener que cargar con pesos-. Le dije dándole a entender que sin duda el motivo  de hacerme acarrear con esos objetos seria otro.

-¿Sabrías encontrar sin mi ayuda el árbol donde estaba el panal de abejas del que recogimos la miel que hemos comido esta mañana?

-No. Creo que no sabría…  Había muchos árboles iguales.

-¿Recuerdas los objetos que dejamos en el hueco del árbol?

– Claro que sí, unas piñas, dos estupendas piedras “según dijiste” para tallar cuchillos y dos hongos yesqueros.

-¿Sabrías encontrar el árbol?

-Por supuesto…  Ahora recuerdo que el panal de abejas  estaba en un árbol muerto no muy lejos del árbol hueco donde dejaste todos los objetos.

-Deberías meditar el porque recuerdas perfectamente donde abandonamos tu carga y por que no eras capaz de recordar  donde poder encontrar algo tan delicioso como esa miel.

-Puede que sea por que confió en que tu ya sabes donde encontrarla y que no considere importante memorizarlo.

-Muy bien; demuéstrame que sabes llegar a ese árbol hueco. Hoy tú vas delante y yo llevare la bolsa.

La confianza en mi mismo no fue suficiente después de equivocarme varias veces al elegir el camino correcto llegamos al árbol hueco poco después del medio día. Padre no parecía molesto, aunque su sonrisa se había diluido por completo.

-Hoy hemos perdido el día buscando un árbol simplemente porque hace dos días te limitaste a cumplir aquello que se te había encomendado y menospreciaste la importancia de mi trabajo que entre otras cosas consistía en que los dos llegásemos a este bosque para poder abastecernos con sus recursos.
Teníamos que llegar con el frescor del rocío a recoger cera del panal, aprovechando que el frió adormece a las abejas ahora con este calor las abejas están en plena actividad y si las molestamos puedes estar seguro que nos van a atacar.
Espero que  entiendas  que con ser responsable de tus acciones y limitarte a seguir a quien toma las decisiones no es suficiente. En cualquier momento podrías pasar a ser tú de quien tubiese que asumir la responsabilidad de tomar decisiones correctas de las que puede depender la vida de otros.

-Lo siento estaba convencido de que recordaría el camino.
Entiendo que pensar que basta con querer recordar una cosa, para que esta nunca se olvide, no es suficiente.

-A pesar de las dificultades has acabado encontrando el rastro que dejamos hace dos días.
Eso he de reconocerlo.
No resulta difícil seguir el rastro fresco de un animal o una persona. Otra cosa es cuando ya ha pasado cierto tiempo. El viento la lluvia y la nieve provocan que en unos días, incluso en unas pocas horas, los rastros acaben desapareciendo.
Las señales son mucho más que un recordatorio. Una estaca clavada en la bifurcación de un camino,  la rama de un árbol dispuesta de manera inusual o un montón de piedras apiladas,  indican una dirección a seguir  la existencia de un refugio un lugar donde encontrar agua potable o algún tipo de recurso que puedes necesitar en tu  travesía.
Esas señales y los objetos que las acompañan son una garantía de supervivencia para caminantes y exploradores. la diferencia entre morir congelados por no poder encender un fuego a tiempo o no tener nada que beber.
La obligación de todo caminante es abastecer los refugios, señalizar las fuentes de agua, los buenos caminos y los que según la época del año conducen a una muerte segura.

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