02- Experiencia es el nombre que damos a nuestras equivocaciones.


Experiencia es el nombre que damos a nuestras equivocaciones.

(Castillo Golem Heiderberg. Lunes 01 de octubre).

Aquel hombre ostentaba el máximo nivel en la jerarquía del grupo Golem. Había llegado el momento de dar explicaciones y estaba preparado para asumir la responsabilidad de los cientos de hombres que a lo largo del tiempo, le habían precedido. Sentía  la culpa del fracaso sobre sus espaldas, una carga que día a día había ido creciendo a lo largo de miles de años.

Francisco había anunciado su llegada, no pretendía juzgar a aquel hombre por sus acciones. Quería escuchar y marcharse.

—Se acerca el día. La humanidad ha tenido diez milenios para decidir. El hombre no regresara al Éter. Es inminente la llegada de la batalla final.— Comentó Francisco.

—Mil millones ya forman una sola voz.— Dijo el dignatario Golem.

—No es suficiente. Pronto serán seis mil los que alcen su voz.— Afirmó Francisco.

—Cada día que pasa despertamos mas recelo. De forma espontánea y continua, nos surgen detractores.

—No podéis culpar al hombre por vuestro fracaso, le habéis mantenido ignorante para que dependiese de vuestro criterio. La humanidad vaga sin control, inconsciente de que sus acciones están provocando su extinción definitiva.

—Estamos muy cerca; encontraremos la “esencia” y podremos revelar nuestro mensaje sin ninguna limitación. Accederemos a la mente de los hombres, sin las barreras del lenguaje.

—Aún así es posible que ya sea tarde. La bola de nieve ha empezado a rodar y crece con su avance.

—Si tú quisieras podríamos pedir ayuda a los grandes maestros como han hecho ellos.

—Los grandes maestros no vendrán en vuestra ayuda.

—Les hemos servido, hemos ejecutado sus instrucciones de forma minuciosa. No nos pueden abandonar.

—Sabes muy bien que eso es incierto. ¿No te has parado a pensar que los maestros no son los que os han abandonado? Sois vosotros los que habéis fallado. Os habéis apartado de ellos. Sólo debíais pronunciar sus palabras. Utilizar los nombres. Utilizasteis su escritura en vuestro beneficio. Os concedisteis el derecho de interpretar las enseñanzas. En su ausencia dejaron instrucciones precisas de vuestra misión. Sólo debíais cumplirlas.

—Pero… eran tan simples. Sólo queríamos agradarles, nos sentimos humillados ante la sencillez de esas normas.

—Recibisteis el conocimiento de la materia  y el uso de su energía, cómo procesarla y transformarla en luz, para liberarla de su masa y poder ofrendarla a los maestros. Algo tan sencillo que permitiría el agrado de los dioses. Fue vuestra arrogancia la que os impulsó a querer demostrar a los maestros, los elevados conceptos que podíais manejar. La sofisticación de vuestras mentes os hizo creer que podíais no sólo aprender un alfabeto sino mejorarlo y  crear palabras nuevas.

—Nos dieron “su Luz”. Creímos que aumentar su brillo demostraría que éramos dignos de ella. Quisimos agradar a los dioses y sólo hemos conseguido crear el caos. A pesar de todo, la hermandad ha preservado las palabras, los símbolos y su uso. Siempre pensamos que el futuro traería mejores condiciones. Teníamos tiempo nunca dudamos que cuando llegara en día, el hombre estaría preparado.Quisimos rectificar, cumplir el contrato, los maestros no nos escucharon. Nos han ignorado.

—Habéis fallado como guías. No debéis creer que sólo vosotros cargabais con la responsabilidad de mediar en la revelación del conocimiento. Los maestros fueron  advertidos y crearon distintas misiones con un mismo propósito.

la-parbola-de-los-ciegos.jpg***

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